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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Pepito, el popular quiosquero de la plaza de Santo Domingo

Eduardo Díaz recuerda a José Montes Ortiz, que durante casi 50 años regentó un quiosco en el centro de la ciudad

Si escuchan el nombre de José Montes Ortiz quizá no conozcan al protagonista de la última entrega de Historietas de Guadalajara con Eduardo Díaz. Si usamos su apodo, 'Pepito', seguro que la imagen del antiguo quiosquero de la plaza de Santo Domingo viene a la mente de más de media ciudad y provincia.

"A Pepito lo conocía todo el mundo", destaca Díaz. "Cualquiera en Guadalajara había pasado por su quiosco verde y para los que venían de los pueblos era una parada obligatoria para comprar golosinas o alguno de los productos que vendía, como tebeos, postales o cigarrillos sueltos, que en aquel momento mucha gente no tenía para comprar una cajetilla".

La historia de ese quiosco se remonta a 1952, con Pedro Sanz Vázquez como alcalde. "Fue él el que le puso ese quiosco viendo la minusvalía que tenía. Era bajito de estatura, pero grande de corazón y en su amor por Guadalajara. Cuando no estaba vendiendo coleccionaba álbumes con postales de la ciudad y, después de su muerte, su hermana los donó como recuerdo al Archivo".

En ese cariño a la ciudad destacaba su devoción por la Virgen de la Antigua. "Era algo exagerado", recuerda Díaz. "En las procesiones se ponía siempre delante de la imagen y siempre llevaba retratos, postales, insignias,... era algo muy peculiar. No había procesión en la que no fuera delante de la carroza".

Otro aspecto curioso de su biografía estaba relacionado con la Casa Real, a la que enviaba numerosos telegramas. "No había cumpleaños del rey, de la reina, del príncipe o de las infantas que no le enviara un telegrama de felicitación. Allí le conocían y le devolvían los telegramas. Los tenía guardados y están en esa donación al Archivo".

Además, tenía una pasión: escuchar por la radio el Consultorio de la doctora Francis. "Era una obsesión la que tenía con ese programa. Si estaba dentro lo escuchaba y si estaba fuera del quiosco lo ponía a todo volumen y lo podía escuchar todo el mundo desde la calle".

En 1999, casi 50 años después de su apertura, su hermana le convenció para dejar el quisco, que un par de años después desapareció de la plaza tras unas obras de reforma. En 2001 falleció sin ver cumplido su sueño, que le pusieran su nombre a una calle de la ciudad. "No lo consiguió, pero casi. Tiene un parque en la zona de Aguas Vivas y ojalá alguien se acuerde dentro de un tiempo y le dediquen esa calle".

Lo que sí tendrá pronto es un cabezudo dentro de la comparsa de la ciudad, una donación que hará el grupo de Facebook Amigos del Ayuntamiento de Guadalajara. "Está ya en construcción y el día de la Antigua de 2019 se va a presentar para que todo el mundo lo pueda recordar. Ya hemos hablado con la comparsa y están muy ilusionados con esta incorporación".

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