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Martes, 21 de Enero de 2020

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'Pasar la noche al raso por unos pocos euros'

Sobre las mujeres porteadoras que cruzan la frontera con Marruecos.

Estábamos ya muy cerca del Tarajal y acabábamos, prácticamente, de dejar la autovía que enlaza Tánger con el puerto de Tánger Med. Eran casi las nueve de la noche y pronto íbamos a cruzar la frontera y coger el barco en Ceuta. Entonces comencé a ver unas sombras quietas que se iban alargando por los bordes de la carretera. Enseguida me di cuenta de que eran personas apiñadas, la mayoría de ellas sentadas y que apenas se movían. Eran cientos de mujeres marroquíes porteadoras que iban a esperar allí en la intemperie a que con la luz del día se les abriera la verja para poder pasar a España.

Me comentó un compañero periodista marroquí que incluso las mujeres que estaban en los primeros puestos de la cola podían haber llegado a primera hora de la tarde e iban a permanecer allí durante toda la noche. Se trata de llegar lo antes posible para poder conseguir la mejor mercancía en los polígonos ceutíes del Tarajal. Se abre la frontera y empiezan las carreras, los empujones.

Llegan desde Fnideq (Castillejos), M´Diq (Rincón), Martíl o Tetuán. Les espera aún muchas horas hasta que sobre sus cuerpos, si tienen suerte, puedan atarse pesados fardos de 60, 70, 80 kilos de mercancías, la mayoría textiles. Entonces, también deberán hacer largas colas para poder traspasar de nuevo la frontera, esta vez, con destino a su país. Cada fardo tiene su propietario. Para Marruecos, que no reconoce la frontera con Ceuta, todo lo que una persona lleva encima, sin limitación de peso, se considera equipaje de mano.

Es un comercio al que se le califica de “atípico” pero sin ningún tipo de regulación se permite desde ambos lados de la frontera. Son mujeres que conviven con el desprestigio social, que pueden ser timadas, golpeadas, violadas e incluso morir en avalanchas. Siempre que he cruzado esta frontera, en sentido contrario, he visto cantidad de mujeres cargadas y, más de una vez, no bien tratadas. En esta ocasión era una noche fría de Poniente.

Es inmoral que hoy ocurran estas cosas. Que tengan que llegar embarcaciones repletas de personas buscando otro horizonte. Que miles de personas se tengan que desplazar huyendo de la pobreza, de las guerras, declaradas o no, como ocurre ahora con tantos centroamericanos que han preferido abandonar sus países y arriesgarse a encontrar o no un nuevo futuro. Ahora, que acaban de cumplirse 30 años de aquel día en que apareció el primer cadáver de un inmigrante marroquí en la costa de Tarifa. Es la suerte del que ha nacido pobre o en un lugar equivocado.

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