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Termina la pesadilla

Tras once días de infarto el pesquero Nuestra Madre del Loreto sigue su rumbo ya sin los migrantes que salvó de morir ahogados

Las familias de los 13 tripulantes del pesquero Nuestra Madre del Loreto respiran ya aliviadas. El barco ha dejado esta mañana a los migrantes que recogieron en alta mar a punto de morir ahogados, en manos de una patrullera de Malta, país que ahora se hará cargo de ellos.

La aventura ha sido agónica y nunca podían imaginar que rescatar del mar a 12 personas cuya vida peligraba, podía convertirse en el calvario que han vivido estos días. Han tenido  que hacer frente a la indefinición de las autoridades de varios países, a un temporal, a la falta de higiene y víveres y a la enfermedad.

Han contado con el apoyo de los activistas de Open Arms y de sus familias y toda Santa Pola que han estado pendientes de ellos cada minuto. Precisamente anoche, sin tener noticias del gobierno y tras una concentración de apoyo, optaron por regresar a Santa Pola con los migrantes y asumir las consecuencias.

No ha sido necesario. Esta mañana han recibido "in extremis" la autorización de Malta de entrar a su puerto y ha sido finalmente una patrullera de este país la que se ha aproximado al pesquero y ha recogido a los náufragos para desembarcarlos en tierra. Para ellos aun no ha terminado el periplo que ahora, ya en tierra y lejos de Libia, donde no querían ir por nada del mundo, tendrán que continuar.

El patrón del pesquero, Pascual Durá y la tripulación se ha despedido de sus compañeros de aventura y de los voluntarios de Open Arms y han puesto rumbo al puerto de Licata en Sicilia.

Allí, desde Santa Pola, Pepi Irles, la armadora del barco y madre del patrón ha enviado un camión de víveres y carnada para que puedan seguir faenando hasta su vuelta que tal y como estaba previsto será hacia el 22 de diciembre.

La madre reconoce que le hubiera gustado con su marido ir en coche a Sicilia y verlo aunque fuera un momento pero han preferido quedarse en la localidad. Tampoco ha teido tiempo de enviar en el camión algún alimento especial. "Mucho pan y carne es lo que he podido mandar", nos cuenta.

Pepi afirma que han pasado unos dias muy malos, sin dormir y casi sin comer. "Somos gente de mar estamos preparados para casi todo pero ha sido muy duro", confiesa esta mujer que se queda con la conciencia muy tranquila de saber que  los triulantes de su barco han hecho lo que manda la ley del mar.

 

 

 

 

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