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Isauro Gabaldón, un filipino de Cuenca en el Congreso de EE UU

Fue un personaje importante que se crió en la localidad conquense de Tébar, pueblo manchego al que siempre volvió y que le recuerda con una calle

Isauro en Cuenca, en 1924, dedicada a su primo Miguel. /

El mes de diciembre marca las dos fechas más relevantes de Isauro Gabaldón González, el personaje de origen en el pueblo conquense de Tébar que esta semana nos presenta José Vicente Ávila en Páginas de mi Desván en Hoy por Hoy Cuenca. Nació el 8 de diciembre de 1875 en la ciudad de San Isidro, cuando las Islas Filipinas eran una colonia española, y falleció con 67 años recién cumplidos el 21 de diciembre de 1942 en Manila.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

¿Quién fue Isauro Gabaldón? Tiene dedicada una calle Tébar y, entre otros importantes cargos, llegó a ser Comisionado en el Congreso de los Estados Unidos, cuando Filipinas pasó a depender de Norteamérica, tras el Tratado de París firmado el 10 de diciembre de 1898, con el que España cedía la soberanía filipina a Norteamérica, alargando en más de 300 días el fin de la guerra hispano-norteamericana con la resistencia, frente a los ataques de los nativos, de los “últimos de Filipinas”, entre los cuales estuvo el conquense de Osa de la Vega, Gregorio Catalán Valero. Curiosamente, hay un año de diferencia entre el nacimiento de Isauro Gabaldón González y Gregorio Catalán Valero, y mucha distancia entre Filipinas y Osa de la Vega, lugares de nacimiento de ambos, respectivamente. Eso sí, coincidieron los dos en ir a la escuela en la provincia de Cuenca, en cursos similares.

Isauro Gabaldón, hijo del guardia civil José Gabaldón y de María González, oriunda filipina, nació el 8 de diciembre de 1875 en la ciudad de San Isidro, en el centro de Luzón, al norte de Filipinas. Dado que la provincia de Nueva Écija ofrecía pocas oportunidades educativas y el cargo del padre tenía sus exigencias, la familia de Gabaldón envió al niño a España, con cuatro años, para su educación primaria en la localidad conquense de Tébar, donde residió junto a sus abuelos paternos Lorenzo Gabaldón y Luisa Pérez.

Isauro Gabaldón, considerado como el padre de la educación pública filipina. / Archivo José Vicente Ávila

Podemos decir por tanto que Isauro niño debió sentirse español, y sobre todo tebereño, con sus primeros años en Tébar. Dice el refrán que uno no es de donde nace, sino de donde pace, aunque los mejores recuerdos son los de la infancia y la juventud. Con cuatro años, aquel niño filipino, creció y se hizo mozo en Tébar, al calor de los abuelos, y allí tuvo sus primeros amigos de juegos y de escuela. Con 16 años, Isauro prosiguió sus estudios en los colegios de Quintanar del Rey y Villanueva de la Jara, para pasar posteriormente al Instituto de Cuenca, donde obtuvo el Bachillerato en 1893. La ciudad de Cuenca dejó prendido a este peculiar estudiante, que “contaba con posibles”, como se decía entonces, de ahí que marchase a Madrid, a la Universidad Central, para realizar los estudios de Derecho. En una de sus entrevistas, ya como político, Gabaldón confesaba: "Mi sueño era ser militar, pero mi padre estaba en contra. En la escuela saqué buenas notas en Filosofía y Letras, y cuando llegó la hora de decidir una carrera lo “hice por Derecho, para defender la ley”.

En Madrid realizaba esos estudios, pero antes de la licenciatura parece que regresó a Filipinas. El joven e inquieto, Gabaldón, que se había encariñado de Tébar y de Cuenca, estudió la carrera en la Universidad Central, teniendo que volver a Filipinas, tras la repentina muerte de su padre José. Se licenció en Derecho en la Universidad de Manila en el comienzo del siglo XX y ese mismo año de 1900 se casó con Bernarda Tinio, cuya familia tenía una riqueza considerable, y tuvo dos hijos. Gabaldón trabajó durante unos años como abogado y empresario, pero enseguida sintió la llamada de la política con el deseo general de los filipinos, que era el de conseguir la independencia, pues tras la soberanía española, las islas dependían de los Estados Unidos. Ganó las elecciones a gobernador de Nueva Écija y entre sus proyectos destacó el de la construcción de escuelas públicas en todas las islas y barrios, que se denominaron “Escuelas Gabaldón”, siendo considerado como el padre de la educación pública filipina.

La política y sus deseos de lograr la independencia llevaron este filipino de origen conquense al Congreso de los Estados Unidos. Isauro repitió como gobernador en Nueva Écija y con la creación de un Senado popularmente elegido, ganó un escaño en la cámara legislativa. En febrero de 1920, la asamblea filipina designó a Gabaldón como su candidato para el puesto de Comisionado Residente en el Congreso de los Estados Unidos donde dio la batalla ante los congresistas norteamericanos sobre el deseo de independencia de Filipinas, encontrándose siempre con multitud de trabas.

Cama de Isauro Gabaldón subastada en 2017. / Archivo José Vicente Ávila

En ese tiempo, el ya comisionado Isauro realizó algunos viajes a España, y naturalmente a Tébar, para recordar su infancia y saludar a sus amigos. Según los datos que he podido recoger, la primera vez que volvió a tierras conquenses fue en 1924. Así, el 6 de octubre, en el periódico “La Voz de Cuenca” y con el título de “Amor con amor se paga”, Isauro Gabaldón atendía la invitación de la prensa conquense para que contase sus impresiones “durante la breve estancia en la tierra que fue testigo de mis primeros pasos en la vida”, rememorando en su escrito “los años de la plácida niñez y de la agitada juventud que hube de pasar en esta comarca de la inmortal Castilla; la austera y gloriosa tierra siempre noble, siempre generosa de su sangre y de su fecundidad inagotable a través de los siglos”. Añade el propio Isauro: Hijo de padre español y educado en España, natural era que acariciase, desde hace muchos años, el deseo, mejor diría, la ilusión de esta visita; pero jamás pude imaginar que mi modesta persona fuese objeto de un recibimiento tan entusiasta, tan cordial, tan cariñoso.

Y quiero hacer constar, por la autorizada voz de la prensa de la capital de la provincia, del que yo llamé “mi pueblo” en mi juventud, que la causa primordial de las atenciones, de los obsequios y hasta de los homenajes continuos y fervorosos que estoy recibiendo, no es, como acaso pudiera creerse, por virtud de mis cargos oficiales, ni por mi modesta representación política filipina, no.

Es pura y simplemente el pariente, el amigo, el condiscípulo de los colegios de Quintanar y la Jara y del Instituto de Cuenca; es el compañero de mi vida de estudiante en Madrid; es el pariente y amigo que compartía mis juegos infantiles en Tébar.

En una palabra y esto es lo que verdaderamente habla a mi corazón, lo que yo he visto aquí, tanto por parte de la tierra acogedora y hospitalaria de la inmortal Castilla, como por parte de sus hidalgos habitantes, ha sido pura y simplemente cariño, amor.

Terminaba Isauro su escrito que con ese amor y cariño a la tierra conquense y a España en general, pedía que “cuando un español y un filipino se encuentren en cualquier lugar del Globo, se abracen, como yo, con sus antiguos amigos. Esto es lo que desea Isauro Gabaldón”.

Curiosamente, dos meses antes de la publicación de ese escrito, nacía en Manila Fernando Zóbel, el filipino que se hizo conquense y aquí se quedó para siempre, dejando parte de su legado.

Gente de Tébar

Aprovechando su presencia en Cuenca, el comisionado, Isauro Gabaldón fue entrevistado por Rodolfo Llopis, que años después sería secretario general del PSOE en el exilio, amén de otros importante cargos en el Gobierno republicano. Llopis ejercía la enseñanza en Cuenca y era el corresponsal del importante diario “El Sol”. Había veinte años de diferencia entre ambos. Isauro iba a cumplir 49 y Rodolfo contaba con 29. El político filipino se desplazaba desde Cuenca a Madrid y seguir viaje posteriormente a Estados Unidos, para defender la independencia de Filipinas. Así comenzaba su trabajo periodístico Rodolfo Llopis en el diario nacional madrileño:

“Cuando entramos en el domicilio de D. Isauro Gabaldón nos lo encontramos despidiendo a un grupo de campesinos, vecinos casi todos de Tébar, pueblecito de esta provincia, enclavado en el corazón de la Mancha. Son amigos de la infancia que vienen a saludarle, pues el señor Gabaldón, aunque nacido en Filipinas, como su padre era español –de Tébar— apenas nacido, a los cuatro años, lo envió a España, con los abuelos.

Y en Tébar se crió, y en el Instituto de Cuenca cursó el Bachillerato, y en la Universidad Central empezó a estudiar Derecho, estudios que hubo de interrumpir ante la crítica situación que la muerte de su padre le creó. Este hombre, una de las primeras figuras de su país, lleva unos meses en la Península; ha recorrido casi toda España, pero la mayor parte del tiempo lo ha consagrado a la provincia de Cuenca, a recorrer todos los sitios donde pasó su niñez, a convivir con sus parientes y amigos, a recordar y revivir los años de su vida que pasó por entre estos cerros y estas llanuras manchegas.

Gente de Tébar

Cuando D. Isauro despide a sus amigos, viene hacia nosotros, y refiriéndose a los que se acaban de marcharse, nos dice:

-¡Cuánto tiempo que no los veía! ¡Hace más de un cuarto de siglo que falto de España!

-“Dicen que cada día se habla menos en Filipinas el español”, le insinúa Rodolfo Llopis.

-Hoy en Filipinas se habla el español mucho más que en tiempo de la dominación española; el español se habla en los hogares, en las escuelas secundarias, aunque el inglés se empieza a enseñar desde la escuela elemental. El español está tan arraigado en Filipinas, que la mayor parte de los diarios se publican en castellano”. Y añadía: “No he traído a España misión especial alguna, sino un mensaje de buena voluntad, de afecto entrañable, de parte de Filipinas hacia esta noble nación a la que nos sentimos unidos por lazos de tradición, afecto, cariño y agradecimiento”.

Le sorprende al cronista y profesor Llopis la palabra “de agradecimiento”.

-Sí señor; no en vano hemos convivido cerca de cuatrocientos años, y durante ese tiempo, España legó a Filipinas su civilización y su cultura que pervivirán indefinidamente, cualquiera que sea la suerte que el destino nos depara.

Han pasado cuatro años, y de nuevo Isauro Gabaldón regresa a España, pero antes en el mes de marzo de 1928, el diario “La Prensa”, que se editaba en castellano en Nueva York, le publica unas declaraciones que no tenían desperdicio ante los problemas que encontraba para lograr la independencia filipina:

Tebar, antes y ahora. / Facebook Tébar

Cada dólar norteamericano que se invierte en las Filipinas es un nuevo clavo en la urna de nuestra independencia”. Y remataba la información el periódico neoyorquino: “El señor Isauro Gabaldón, uno de los dos comisionados de las islas ante el Congreso norteamericano, declaró en las actas del Congreso que renunciaba al sillón en dicho Congreso para regresar a Filipinas a dedicarse a luchar por la libertad de su patria. Gabaldón, quien ya había sido elegido a la legislatura filipina, dijo que nunca se convencería de que “el alma del pueblo filipino no esté por la independencia”, y que no creía que los filipinos pudieran esperar “gozar del máximum de felicidad bajo la soberanía norteamericana”.

Decíamos que Isauro volvía a Cuenca y a su Tébar natal, como tal la consideraba. En “La Voz de Cuenca” del 26 de noviembre de 1928, Luis de Villava escribe un artículo titulado “Esbozo” del que recogemos algunas líneas para conocer mejor a este personaje tebereño:

Frente a mí tengo la figura simpática y atrayente de don Isauro Gabaldón. Oyendo su dulce voz, amable, escuchando su charla correcta y galante con las damas que dialogan con él, íntimamente me he hecho esta pregunta: ¿Y es este hombre afable, el político intransigente y férreo en cuanto se refiere a la independencia de su país?

Sin embargo, bien recientemente he tenido a mano sus últimos discursos… Y nada habrá acaso tan comprensible y tan fácilmente justificable, que este hombre tan pacífico y soñador en el hogar, sea el político energético de las tribunas y tal vez, tal vez, de darse el caso, el guerrillero heroico de las barricadas.

Cuando se publica ese artículo, el asunto de la independencia de Filipinas está en suspensión indefinida por la “ley Jones” y Luis de Villaba apunta que Isauro Gabaldón, desengañado, después de haber roto públicamente con sus antiguos colaboradores, renunciados todos sus cargos políticos, incluido el de Comisionado residente en Washington, sigue en Filipinas con la expresa adhesión de la opinión independiente del país. Añade Luis de Villalba:

Isauro Gabaldón vuelve a España. En cuatro años es esta la tercera visita que hace a la vieja patria. La esencia y las virtudes de la primitiva raza creadora de pueblos es imposible que se haya exterminado. Por eso cuando Isauro Gabaldón viene a España, no le retiene Madrid con su rumor cosmopolita, sino que vuelve a la provincia donde se hizo hombre.

Y asimismo la nostalgia de los afectos juveniles no le detiene en la capital, sino que le conducen a un pueblecito de la Mancha conquense… Así era explicable, como era elocuente en su brevedad, su respuesta a la pregunta formulada por una señora:

-¿Cómo usted, don Isauro, tan hecho a la vida de las grandes poblaciones, de Washington, de Manila, de Madrid, de París, de Londres, se puede acordar de Tébar…?

A lo que Gabaldón hubo de responder lleno de emoción:

-¡Ah, señora! Es que Tébar… ¡para mí es sagrado!

Estamos en 1930 y de nuevo Isauro Gabaldón vuelve a pasar unos días entre Cuenca y Tébar, esperando que en “alguna fecha no lejana” Filipinas dependa de sí mismo. En agosto de ese año la prensa nacional se hace eco de su presencia en nuestra provincia, como se puede cotejar en las noticias fechadas desde Cuenca por el corresponsal Vall: Se encuentra en esta capital, pasando una temporada en casa de los señores de Leal, el prestigioso político, ex presidente general de Filipinas en los Estados Unidos, don Isauro Gabaldón. Ha sido jubilado del cargo de secretario de esta Diputación provincial, después de haberlo desempeñado largos años, el ex alcalde de esta ciudad don Cayo Conversa. Ha tomado posesión de la alcaldía de esta capital el acaudalado propietario don Juan Ramón de Luz. Después de pasar en ésta una temporada, salió para su residencia oficial Su Eminencia el cardenal primado, doctor don Pedro Segura.

Para el Norte salió también de viaje el obispo de esta diócesis doctor don Cruz Laplana.

El 21 de diciembre de 1942, Isauro Gabaldón, el filipino tebereño, fallecía en Manila sin ver cumplido su deseo de independencia con el que soñaba. Finalizada la II Guerra Mundial, Filipinas conseguía su independencia el 4 de julio de 1946, curiosamente el día de fiesta de los Estados Unidos.

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