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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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Los reyes del fallo

El Sporting cae con justicia ante el Zaragoza, en el peor partido desde la llegada de José Alberto López y demostrando una vez más la inoperancia de sus delanteros

Tendrán que ser muy generosos los Reyes Magos para que los sportinguistas olviden el disgusto que les deparó su equipo para empezar 2019. El problema principal no fue la derrota, que algún día tenía que producirse después de la reacción que supuso la llegada de José Alberto López al banquillo. Fue el pésimo partido que hizo el Sporting ante el Zaragoza; sin duda el peor con el nuevo entrenador, sin que sirva de excusa parapetarse en los primeros veinte o veinticinco minutos, en los que el equipo gijonés sí fue superior a su rival. Los otros 70 minutos fueron un desastre considerable: blandos en defensa, bandas inoperantes, total pérdida de control del mediocampo y lo de la delantera, el agujero negro de la delantera, que merece un capítulo aparte.

Mientras unos cuantos kilómetros al sur Enric Gallego marcaba su decimoquinto gol (¡decimoquinto!) con el Extremadura, El Molinón asistía atónito al recital de fallos de los delanteros del Sporting. El problema no es que Djurdjevic y Blackman no estén dando puntos al equipo; lo grave es que se los restan. El serbio anotó un gol en un barullo, pero falló una ocasión tremenda, con toda la portería para él, después de quitarse de en medio a su propio compañero Nacho Méndez, que había recuperado el balón en la frontal y se preparaba para chutar. Blackman fue, directamente, el mejor defensa del Extremadura. Hasta en dos oportunidades despejó en lugar de rematar; una en un centro-chut de Djurdjevic en el que el remate en escorzo le salió al revés, otra con un ridículo intento de remate de cabeza junto al palo que se fue completamente ladeado.

Para su justificar el paupérrimo rendimiento de ambos (tres goles entre los dos) ya no sirve aquello de que el equipo no llega, porque ahora sí lo hace. Ni vale, en la jornada 20, seguir observando detalles en ellos, lo bien que protegen la pelota o juegan de espaldas a portería. El rendimiento de las dos apuestas de Torrecilla para el ataque está siendo desastroso y, sin gol, un equipo jamás puede aspirar a estar arriba. Cuando en la previa del partido José Alberto López pedía más gol, no solo expresaba una obviedad sino casi lanzaba un mensaje de socorro. O, acorde con las fechas, dictaba una carta velada al 'rey mago Torrecilla'. Y cuando el técnico muestra su confianza en que los actuales delanteros los van a marcar, no registra sus momentos de mayor credibilidad.

Superioridad maña

La cuestión es que el Sporting perdonó, y perdonó, y perdonó, salvo en el gol de Djurdjevic. Pero el Zaragoza, pese a la desventaja, empezó a ir ganando peso en el partido. Ganó por completo la batalla del mediocampo, donde Nacho Méndez no estuvo nada fino y acabó mermado por un fuerte golpe en la rodilla. Las bandas no funcionaban tampoco y Djurdjevic y Blackman seguían a lo suyo. La defensa flojeaba sin Babin y ni el siempre seguro Mariño tuvo su mejor tarde, aunque acabó haciendo alguna parada importante.

En trece minutos, entre el 27 y el 40, el Zaragoza le dio la vuelta al partido, primero con un gol de cabeza de Álex Muñoz y después con un buen remate de Guti. Antes del descanso el árbitro pudo pitar penalti en un contacto de Mariño con Marc Gual, aunque amonestó al delantero.

Sin reacción efectiva

El equipo gijonés no mostró capacidad de reacción tras el paso por vestuarios. Puso ganas, pero muy poco criterio y solo una llegada concreta: un remate de cabeza de Djurdjevic que, aunque centrado, buscó portería. Respondió bien Cristian Álvarez. Habían tardado los rojiblancos otros 35 minutos en chutar entre los tres palos.

El Zaragoza, a la contra, tuvo varias oportunidades para machacar al Sporting: perdonó primero Marc Gual y luego Mariño detuvo un disparo peligroso de Pombo y un remate de cabeza con muy mala intención.

Es tanto el lastre que arrastra el Sporting, que cada tropiezo le penaliza horrores. El playoff está a seis puntos pero tienen que jugar casi todos los que van por delante y algunos que le pueden adelantar. La travesía va a ser larga. Y sin gol, puede resultar agónica

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