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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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El convento del Carmen y las guerras

"Así dicen los documentos" con la historia del convento del Carmen de Cuenca, edificio que lleva años destinado a ser colegio público, pero que siglos atrás fue la casa convento de los Carmelitas descalzos de Cuenca.

Esta semana en "Así dicen los documentos", con Almudena Serrano, vamos a hablar del convento del Carmen de Cuenca, edificio que lleva años destinado a ser Colegio público pero que desde siglos atrás fue la casa convento de los Carmelitas descalzos de Cuenca.

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¿En qué época nos vamos a centrar para conocer algo más de este importante edificio, que tanta historia ha visto pasar…?

Efectivamente, todos nuestros oyentes conocen el actual Colegio del Carmen, que es donde estuvo el convento de Carmelitas de Cuenca. Pero lo que quizá no conozcan es lo que vamos a contar hoy.

En el Archivo Histórico de Cuenca conservamos documentos desde el año 1614 hasta 1885, que es un marco cronológico muy amplio y suficiente como para conocer muchas cosas de las que sucedieron entre sus muros, sobre todo, porque el convento no se fundó antes de 1614, que es la primera noticia que tenemos.

Según este documento notarial, la fundación, en un primer momento, se hizo no en el edificio que todos conocemos, sino en otro lugar, como nos dice este documento otorgado por quien era entonces obispo de Cuenca, Andrés Pacheco:

‘Por quanto nuestro deseo y voluntad a sido y es de fundar y dejar en esta ciudad un monesterio de religiosos descalzos de la horden de Nuestra Señora del Carmen, y que se haga en el sitio y casas que tenemos en la ysla, que llaman de Monpesler, ribera del río Júcar, extramuros de la dicha ciudad’.

Y por otro documento sabemos que en el año 1727, los frailes ya estaban instalados en el convento que todos conocemos, porque se hizo una escritura ante notario de un préstamo con garantía sobre un casa junto al combento nuebo de Carmelitas Descalzos de Cuenca’.

Allí estuvieron los frailes carmelitas hasta que en los años de la Guerra de Independencia, tras la llegada de las tropas francesas a Cuenca, sufrieron el saqueo del convento. En concreto, el año 1812 se inició un expediente sobre el secuestro de bienes a los carmelitas, tras la invasión de las tropas enemigas por el gobierno intruso.

En este expediente se trata del restablecimiento de su comunidad, que solicitó fray Antonio de la Encarnación.

Ya vimos en programas anteriores cómo los franceses saquearon lo que pudieron e imaginamos que este edificio no correría mejor suerte…

Por supuesto…

Lo que hicieron las tropas francesas fue ocupar su convento, robar muebles, utensilios y alhajas, que algunas se depositaron en san Felipe Neri. Además, sabemos que el reloj que tenían fue trasladado a la casa del conde de Cervera. Y los frailes solicitaron recuperar sus pertenencias.

¿Y qué fue de los frailes que tuvieron que dejar el convento…?

Por un lado, se dio el caso de los frailes que se unieron a los franceses y lo que se hacía con sus rentas y bienes era confiscarlos, que era lo que ocurría con los bienes de todos los que estuvieron a favor de los enemigos franceses.

Casi paralelamente, el Estado se incautó de bienes de instituciones eclesiásticas, durante las célebres desamortizaciones y, a partir de ahí, sus bienes fueron subastados.

La situación en la que quedaron los frailes fue de gran pobreza, tanto fue así que tuvieron que solicitar que se les señalase alguna consignación para poder atender su subsistencia. Normalmente, se les concedían 4 reales diarios.

¿Y consta en el Archivo Histórico información acerca de lo que hubo en el convento, cómo era, qué salas tenía…?

Sabemos qué bienes tuvieron en el convento porque se hicieron Inventarios de todo, sala por sala, y sabemos con precisión dónde estaba cada cosa.

Por ejemplo, en la cocina tenían lo siguiente:

Una caldera grande y un jarro de cobre, sartenes, cacillos pequeños, perolos y ollas de hierro, cazos para sacar aceite y nada más.

¿Y tras la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas, qué fue de este lugar…?

El edificio, que quedó bastante deteriorado, fue subastado en arrendamiento en el año 1842 y terminó siendo ocupado por distintas oficinas de la Administración pública: Gobierno Civil, Hacienda, Diputación provincial, Correos y Telégrafos entre otras. Esto fue así porque desde el Gobierno central se ordenó que todas las oficinas ocupasen un mismo edificio para evitar costes de alquileres, y, en Cuenca, el más grande era el del Carmen. Pero había que hacer reformas por el estado en que se encontraba el inmueble.

Veamos cómo sucedió esto, según los documentos conservados en el Archivo Histórico de Cuenca y que datan del año 1886:

Adjunto expediente relativo a la reedificación del ex convento del Carmen, sito en esta capital, para que se instalen en él todas las oficinas de la provincia, o en su equivalencia, se proceda, sin la menor demora, a su inmediata enagenación, teniendo en cuenta su estado ruinoso y los perjuicios que con tal motivo se pueden irrogar a los intereses de la Hacienda.

Lo que Hacienda vio como más apropiado fue que se ejecutase la reedificación del ex convento del Carmen o que se procediera a su enajenación.

Había que optar por una solución porque, por los documentos que se han conservado, sabemos los elevados alquileres que todas las oficinas de la Administración pagaban y había que economizar aquellos costes, reuniendo en un mismo edificio aquellas oficinas.

¿Y qué precio tenían los alquileres en aquellos años…?

A fecha de 24 de septiembre de 1886, se pagaban las siguientes cantidades anuales:

Oficinas de Hacienda: 14.000 reales.

Gobierno civil: 8.000 reales.

Guarda almacén de efectos estancados: 4.000 reales

Telégrafos: 5.000 reales.

Correos: 4.000 reales.

Fomento: 3.000 reales.

Gobierno Civil: 6.000 reales.

Total: 44.000 reales.

Además, sabemos que ya había sido ocupado por oficinas de la Administración con anterioridad pero ocurrió lo siguiente:

En su consecuencia, no puedo menos de llamar la atención de vuestra ilustrísima por si lo juzga oportuno lo haga saber al señor ministro acerca del expresado edificio, donde estuvo instalado el Gobierno de provincia y demás oficinas del Estado, que fue pasto de las llamas, en julio de 1874, a la entrada de los carlistas en esta ciudad.

Ya sabemos el motivo por el que el ex convento debía ser reedificado. Ahora veamos qué más motivos se dan para solicitar esto y lo que costarían aquellas obras:

El cual pudiera reedificarse con el fin de que tuvieran cabida en aquel todas las dependencias que aparecen en adjunta nota, en cuya obra, en sentir del que suscribe se gastarían de 8 a 10.000 duros, teniendo en cuenta lo que se tiene satisfecho por alquileres en el espacio de doce años, a razón de 44.000 reales, que anualmente importan los expresados alquileres de referidas oficinas, arrojan un total aproximado de 52.500.

Las ventajas que ofrecía la reedificación también quedaron escritas:

Y caso de proceder a ejecutar las obras por cuenta del Estado pudiera reintegrarse en cinco años todos los gastos que se invirtieran en la reparación de que se trata, pudiendo también utilizarse en ella las maderas, piedras y demás efectos, que existen en el antiguo edificio, obtendría un gran beneficio el erario, y de otra manera sale gravado lo que a juicio de esta administración convendría tenerse en consideración.

Además, se considera el hecho que por estar situado en esa zona de la ciudad, sólo ofrecía ventajas para instalar oficinas y que, si se vendía, se pagaría poco por él:

Al propio tiempo creo de mi deber significar a vuestra ilustrísima que el precitado ex convento del Carmen, atendida la posición topográfica que ocupa, no aprovecha únicamente más que para establecer oficinas, y en caso de enajenarse como de Bienes Nacionales probablemente no darían arriba de más de 5000 pesetas, puesto que no es capaz para hermosear y mejorar la población construyendo casas para alquilar.

De este modo, se manifestó la conveniencia de que se reedificase, pero, además de las necesidades de la Administración para ocupar un único edificio, hubo quejas de algunos vecinos por el estado de ruina en que se encontraba y el peligro para sus viviendas.

Así, el 8 de marzo de 1888, se presentó una instancia por parte de Joaquín Sánchez, en la que exponía lo siguiente:

Que es dueño de una casa en esta ciudad, calle de don Andrés de Cabrera, número 25, que linda por la derecha con el edificio propio del Estado, donde estuvieron hasta el año 1874 las oficinas de Hacienda, y en donde tiene una servidumbre también el que suscribe, cuyo edificio fue incendiado por los Carlistas cuando entraron en esta ciudad en dicho año, quedando en estado tan ruinoso una de las paredes que cae a dicha casa, y que en el día está próxima a desplomarse.

Con el fin de evitar desgracias personales y perjuicios materiales, el vecino se apresuró a ponerlo en el conocimiento de vuestra señoría, para que prevea elevar esta instancia a la superioridad, para si tiene a bien acordar se derribe por cuenta del Estado la pared de que se ha hecho mérito, evitando con ello los perjuicios que pudieran causarse al exponente.

El 20 de marzo de ese año 1888, se tomó la decisión de que el perito de fincas urbanas, Braulio Varela, se personase en el edificio del Carmen y calificase la ruina a la que aludía el vecino, con el fin de que se acordase lo más procedente, para lo cual se le envió el siguiente documento:

De conformidad con lo acordado por la Delegación de Hacienda, he de merecer de usted se sirva constituirse en la casa sita en la calle de don Andrés Cabrera, nº 25, de la propiedad de don Joaquín Sánchez, que linda por la derecha con el edificio perteneciente al Estado, ex Convento del Carmen, incendiado por los Carlistas en el año 1874, toda vez que una de las paredes que caen a su referida casa se halla en inminente peligro de ruina, según significa el interesado, y después de cerciorado detenidamente de su situación, certifique desde luego, de lo que resulte del reconocimiento que practicare.

Y vamos a ver ahora qué decidió el perito de fincas urbanas…

Tenemos la respuesta en el documento emitido por este perito agrimensor de Hacienda y vecino de Cuenca, el 21 de abril, en el que propuso la enajenación de las ruinas del ex convento:

Ya tiene conocimiento vuestra ilustrísima que el ex convento del Carmen, donde estuvieron establecidas las oficinas de Hacienda de esta capital, fue quemado por los carlistas en 1874.

Con tal motivo hubo de proponerse a esa superioridad, en 30 de enero de 1886, bien la reedificación del mismo o en venta, en razón al menoscabo que de día en día se iba observando en sus ruinas.

Estas han llegado hoy a un estado por demás deplorable, tanto que don Joaquín Sánchez Romero, de este propio domicilio, tiene solicitado el derribo de un paredón próximo a su casa para evitar los perjuicios que pudieran ocasionarle el hundimiento que amenaza.

La Delegación de Hacienda no tenía fondos para proceder al derribo, sin crédito que autorizase tal operación, además de que se debía tener en cuenta la responsabilidad que sobrevendría por ser notorio el inminente riesgo que amenaza el paso por aquellas inmediaciones.

Con lo que el perito propuso lo siguiente:

He creído conveniente, en méritos de la necesidad, proponer a Vuestra Ilustrísima se lleve a efecto la venta del citado ex convento como medida urgente, y en todo caso, autorizar los gastos que ocasione el derribo de las paredes más ruinosas, puesto que la reedificación no cabe ya dentro de los buenos principios económicos, atendiendo al estado de destrucción en que todo ello se encuentra.

Pero había otro vecino afectado por el riesgo de ruina, José Martínez Otonel,

Es público y notorio el inminente peligro de ruina que amenaza el ex convento del Carmen, como igualmente lo son los daños y desgracias personales que en su hundimiento pudieran sobrevenir a los dueños de las casas contiguas a dicho edificio.

Este vecino, Otonel, también envió instancia, según queda de manifiesto en otro documento de 5 de octubre de 1888:

Y, en tal concepto, tengo el honor de remitir adjunta instancia promovida por don José Martínez Otonel, de esta vecindad, esperando que con la mayor urgencia se digne acordar lo que creyere más conveniente, a fin de evitar los males que se indican en dicha instancia.

Y qué se resolvió sobre el peligro que había sobre la casa de este ¿vecino…?

El día 10 de noviembre de 1888, desde Madrid se acordó que en vista del estado de ruina de la cornisa de ladrillo a sardinel y tejas del ex convento del Carmen, que se halla a punto de caer sobre la casa de Don José Martínez Otonel, número 9 de la calle de don Andrés de Cabrera, que se proceda, desde luego, a su demolición.

Todo esto se comunicó al Delegado de Hacienda de la provincia de Cuenca y con fecha de 8 de mayo de 1889, se aprobó por la Dirección General de Propiedades la cuenta de los gastos ocasionados en la demolición de la cornisa de ladrillo a sardinel y tejas del ex convento del Carmen de esta ciudad, importante la cantidad de sesenta pesetas.

Finalmente, y una vez que el edificio se pudo subastar, en el año 1893 se inició un Expediente promovido a instancia de Tomás Rodríguez, vecino de Cuenca, solicitando que por el Estado se instalen las oficinas del mismo en la casa de su propiedad, en la Plazuela del Carmen, obligándose a cederla el Gobierno una vez transcurran 50 años.

En la instancia, Tomás Rodríguez propone la cesión del antiguo convento del Carmen para la instalación de las oficinas públicas, que el Estado venía satisfaciendo anualmente 14.892'36 pesetas por alquileres de las casas.

Además, y es un dato relevante, se indicó que había sitio suficiente no sólo para las oficinas sino también para viviendas de los Jefes de las dependencias.

Y así, a través de los documentos, hemos descubierto hoy algo más de la Historia del antiguo convento de Carmelitas descalzos de Cuenca.

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