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La 'Nevadona' del año de los tres ochos

Cristina García Hernández publica su investigación sobre la mayor nevada registrada en Asturias, en 1888

Los espesores de nieve llegaron a superar los 6 metros en zonas de la cordillera /

 Alejandro Casona, en La Dama del Alba, pone en boca de la Peregrina y Telva este diálogo:

-Recuerdo otra vez, un día de invierno. Caía una nevada tan grande que todos los caminos se borraron. Parecía una aldea de enanos, con sus caperuzas blancas en las chimeneas y sus barbas de hielo colgando en los tejados – dice la Peregrina.

-La nevadona. Nunca hubo otra igual – contesta Telva.

Casona, seguro que en su infancia, en su Besullo natal, pudo escuchar los relatos de primera mano de lo ocurrido en el año de los tres ochos.

El 14 de febrero de 1888 comenzó a nevar en Asturias y no dejó de hacerlo hasta el día 20. Después vinieron jornadas de fuertes heladas y el día 24 volvió a nevar de manera mucho más intensa hasta principios de marzo. A mediados de ese mes se produjo otra nevada que no cesó hasta el 22 de marzo. En cotas bajas se llegó a acumular medio metro de nieve y en las alturas hubo lugares en los que el manto blanco llegó a tener los seis metros de espesor. De hecho, según las crónicas, en cotas de solo 500 metros se llegaron a acumular más de tres metros de nieve.

Este episodio, el más duro desde que se tienen registros, causó casi medio centenar de fallecidos en la región. En el pueblo de Pajares murieron diez personas a causa de una avalancha que destrozó varias casas. La nieve destruyó más de un millar de edificios y cerca de veinte mil reses murieron durante aquellas semanas que han pasado a la historia como la nevadona del año de los tres ochos.

En el periódico El Carbayón, el corresponsal en la zona de Pajares explicaba la odisea de un grupo de personas que trató de atravesar el puerto por las vías del ferrocarril: “Desde León volvieron a emprender el viaje llegando a Busdongo a las cuatro y media de la tarde del día 23, acompañados de seis hombres. En la estación de este último punto era tanta la nieve, que no se veían los vagones ni el edificio formando las casas en este punto, en Pajares, y demás pueblos, simples accidentes del terreno.”. El relato da buena cuenta de lo terrible del temporal que arrasó Asturias y Cantabria en los albores de la primavera de 1888.

El temporal, seguramente el peor que ha sufrido Asturias desde que se tienen registros es el objeto de la investigación realizada por la profesora del departamento de Geografía e Historia de la Universidad de Oviedo, Cristina García Hernández, que ahora publica el Real Instituto de Estudios Asturianos. La autora explica, en Hoy por Hoy Asturias, que “todo esto indujo a una situación de pobreza cas inmediata y las cifras de mortalidad crecieron de una manera importante en momentos posteriores, sobre todo en los lugares más afectados que fueron las parroquias de media y alta montaña”. Aquel temporal se quedó grabado en la memoria colectiva y paso a conocerse, de generación en generación, como la Nevadona de los tres ochos.

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