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Miércoles, 12 de Agosto de 2020

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Crisis industrial y manifestaciones obreras en las ciudades españolas del siglo XIX

Recuperamos, a través de la prensa, los acontecimientos de protestas que sucedieron a las crisis campesina e industrial en 1886, 1898 y 1900

El salario mínimo oscilaba,a finales del siglo XIX, entre 2’50 y 3’50 pesetas.

El salario mínimo oscilaba,a finales del siglo XIX, entre 2’50 y 3’50 pesetas. / Archivo de la Fundación F. Largo Caballero

El programa Así dicen los documentos, que coordina Almudena Serrano, directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, y que se emite cada jueves en Hoy por Hoy Cuenca, lo dedicamos esta vez a la crisis de fin del siglo XIX que dio para que la prensa se hiciese eco de numerosas noticias sobre ella, crisis campesina y crisis industrial, información que es bastante elocuente de la difícil situación por la que pasaba una gran parte de la sociedad. Pero también hablamos de manifestaciones, de uno en concreto ocurrido en Madrid.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Para abordar estas cuestiones debemos considerar varios factores determinantes en aquel contexto social. Uno de ellos fue el índice de analfabetismo y nos encontramos con que el 65 % de la población era analfabeta. Otro factor es que el salario mínimo oscilaba entre 2’50 y 3’50 pesetas y un horario de trabajo que superaba las 10 o las 12 horas, y que no estaba legislado el descanso de los domingos.

A todo esto tenemos que añadir el descontento de los campesinos, que estaban débilmente organizados desde el punto de vista político, fue expresando aquel malestar en una serie de manifestaciones que hubo y que tenían en la carestía del pan y otros productos de primera necesidad su punto más fuerte de queja. Se quejaron contra quienes acaparaban los cereales y, también, contra los dueños de las fábricas de harina.

No podemos olvidar que, en un orden político superior, España acababa de perder las posesiones en el Pacífico y el Atlántico, es decir, Cuba, Puerto Rico, Islas Filipinas, Carolinas, Marianas, Palaos y la Isla de Guam.

Lógicamente, aquellas pérdidas de territorios y de vidas humanas afectaron profundamente a la sociedad española, generando graves consecuencias políticas y sociales. Todo ello fue un soporte fundamental para la crisis campesina e industrial, en una Europa que estaba en pleno desarrollo económico y de la que España se desmarcaba.

A finales del siglo XIX el horario de trabajo superaba las 10 o las 12 horas, y no estaba legislado el descanso de los domingos. / Archivo de la Fundación F. Largo Caballero.

De aquellas dificultades y de los motines se hizo eco la prensa. Hemos escogido algunos de aquellos relatos periodísticos, que reflejaron muy bien, en diversos periódicos, la situación socioeconómica, con hechos que acontecían en todas las provincias, algunos de ellos, dan cuenta del hambre que se pasaba en algunos lugares.

Uno de los periódicos que citaré será El Imparcial, que está considerado como el periódico más influyente en España en el último tercio del siglo XIX. Fue fundado por Eduardo Gasset y el primer número apareció el 16 de marzo de 1867.

El 17 de enero de 1898 se publicó esta noticia de Cádiz: La crisis obrera se agrava en Arcos. Se han repetido los hurtos de pan. Los obreros hambrientos se apoderaron de un becerro y se lo comieron.

Y si no era bastante con la escasez que se padecía, si la meteorología no ayudaba, la situación derivaba en la mayor miseria, como así sucedió en Castellón: Desde mediados de octubre apenas ha cesado de llover. A consecuencia de esto no ha sido posible trabajar en el campo. El exceso de riegos ha perjudicado notablemente a la agricultura y con especialidad a la cosecha de naranja. Grupos de jornaleros van de casa en casa pidiendo que se les dé algo con que saciar el hambre.

Avanzando el mes de enero, concretamente, el día 19, se publicó esta información de Murcia: Multitud de huertanos vienen pidiendo ropas y víveres.

Y si leemos el periódico de abril, nos encontramos con que la falta de trabajo era uno de los problemas que atenazaban a los más necesitados. Así sucedió en Palma de Mallorca en que un grupo formado por unos 60 obreros sin trabajo recorre pacíficamente las calles: detiénense ante las tahonas y piden pan a los tahoneros que acceden caritativamente a la petición de los pobres trabajadores.

La subida del precio del pan, alimento básico por excelencia, siempre causó alborotos y quejas. Así, tenemos que el 4 de mayo de 1898, en Talavera de la Reina hubo un amotinamiento: Parece que a consecuencia de la subida del precio del pan se amotinó la gente del pueblo al ver que se iban a sacar de la población unos carros de trigo que se decía habían comprado unos forasteros.

Y, en Salamanca, incluso, se manifestaron por este motivo: Hoy se ha celebrado una imponente manifestación en esta capital. Más de 3.000 obreros han recorrido las calles precedidos de banderas en que se leían los lemas pan, trabajo y otros parecidos.

Pero no quedó la cosa en la sola manifestación sino que los manifestantes hicieron cerrar las tiendas, incluidas las de comestibles y las farmacias, y se dirigieron al Gobernador, al Ayuntamiento y al Palacio episcopal. Aunque la manifestación se disolvió, un grupo de unos 70 manifestantes fue a la estación de tren porque estaba preparada para salir una expedición de cereales. Con gran tumulto subieron a los vagones y echaron los sacos de trigo al suelo, acuchillándolos y quemando el grano. Esto sucedió el 26 de febrero de 1898.

Resultado de todo aquello fue que las manifestaciones se generalizaron y contaron con más efectivos, en este caso, las mujeres, que salieron a la calle reclamando trabajo: Acaba de terminar una manifestación en la cual iban 500 mujeres llevando banderas con lemas que decían: no hay pan y hay hambre, queremos trabajo.

Pero las mujeres no sólo salieron a la calle en Salamanca, sino que el ejemplo cundió el 21 de febrero de 1898: En Segovia 500 mujeres han recorrido esta tarde las principales calles de la población pidiendo la baja del precio del pan.

Y en Rioseco muchas mujeres hicieron hoy por la mañana una manifestación pacífica para protestar del excesivo precio del trigo. Han recorrido las calles llevando una bandera con el lema: Caridad. Pan barato y trabajo a los jornaleros.

En el resto de España, en casi todas las provincias, hubo manifestaciones durante el mes de mayo por el precio del pan y por otras cuestiones referidas a otros productos y escasas subsistencias.

En Ávila, el alcalde intentó dar solución temporal a la manifestación que pedía rebaja del pan y ocupación para los obreros, llegando los manifestantes al ayuntamiento donde el alcalde les ofreció que dentro de un mes tendrían todos ellos ocupación y que desde mañana se daría trabajo a unos cuantos con cargo al presupuesto municipal.

Y en Jerez de la Frontera ocurrió algo parecido: Se restableció la calma. El ayuntamiento ha comenzado obras de embellecimiento y urbanización al objeto de dar ocupación a los braceros.

Y en Valladolid ocurrió que 300 obreros se presentaron ante el alcalde pidiendo trabajo, según se publicó en El País, el 13 de febrero de 1900:

El alcalde logró sofocar el alboroto, llevándose a los obreros al Ayuntamiento donde los inscribió para darles trabajo en la próxima semana.

Con estos intentos puntuales de solucionar un problema más grave, vemos que los ayuntamientos carecían de medios para resolver esta difícil situación porque el dinero a dedicar a estos trabajos era absolutamente temporal, de modo que se volvía al principio. Además, desde diversos sectores de la política y por parte de intelectuales se venía clamando contra el caciquismo persistente.

Desde la prensa se daban pautas para intentar mejorar la situación. Así se hizo en el periódico El Demócrata, publicado en Cuenca, el 14 de febrero de 1903, en que se escribió lo siguiente sobre las reformas por las que estaba clamando el país: Protección decidida a la agricultura, desarrollo de las fuentes de riqueza, fomento de la industria, moralidad en la administración, y antes que nada porque es su base imprescindible, elevación de la cultura nacional.

Además, se clamaba por el hecho de que la representación política de Cuenca fuese por alguien de la provincia: Como si en esta provincia no hubiera personas capaces de ostentar nuestra representación, a los cuales podíamos pedir cuenta de sus actos, dado el continuo trato que a ellos nos une, no como a aquellos que, en pasando las elecciones, no se les vuelve a ver, ni aun saber su residencia habitual.

En este mismo periódico se escribe acerca de las cualidades que debían tener las personas en las distintas corporaciones y se advertía al elector sobre la calidad de los candidatos: Tiene que fijarse el elector en la calidad de los candidatos por las ideas que representa (…) Debe mirar el pueblo ya por sus intereses, debe ver a quién envía a las Corporaciones que funcionan en una provincia, porque al hacerlo con escrúpulo sabe si manda a personas que vayan a hacer el bien de la provincia o envía a sujetos que, por el contrario, sólo pretender medrar y conseguir su fin particular.

Como dijimos al principio, el sector industrial anduvo en graves dificultades a fin de siglo. Tanto fue así que numerosas fábricas se cerraron y de ello también se hicieron eco los periódicos.

Manifestación obrera en Madrid

El 2 de febrero de 1886 hubo una manifestación de obreros en Madrid y así fue recogida por el periódico El Imparcial, donde se ofrece abundante información de las causas y consecuencias de aquella crisis y motivos de la manifestación: Es innegable que por muchas y diversas causas, la población obrera de Madrid sufre, desde hace tiempo, las consecuencias de una crisis que a todas las clases sociales alcanza, y que ahora, durante el invierno, se ha venido agravando hasta el punto de que son ya no pocos los miles de braceros que carecen de trabajo y se halla, de consiguiente, faltos de recursos para atender a su subsistencia.

Primero, el ayuntamiento, después, el gobierno y también algunos particulares han procurado dar ocupación al mayor número posible de obreros. Pero ni los particulares, ni el gobierno, ni el Ayuntamiento tienen recursos bastantes para costear las obras de que la numerosa clase jornalera ha menester.

Los que forman parte de esa clase han redoblado en estos últimos días sus públicas manifestaciones para pedir a las autoridades trabajo o socorros en metálico. Y ayer la manifestación fue más numerosa e imponente, y algo menos ordenada que otras en días anteriores, no sabemos si porque ahora sea más profunda la crisis o por efecto de alguna otra causa en que tenga parte la política.

Sabemos que hubo manifestaciones anteriores pero la de aquel día fue la que más preocupó a las autoridades. Veamos cómo se desarrolló esta manifestación que comenzó a las 9 de la mañana y en la que empezaron a reunirse en la plaza de la Villa, frente a las puertas de la Casa Ayuntamiento, algunos obreros faltos de trabajo. Poco a poco los grupos fueron aumentando, hasta el punto de obstruir la vía pública. 

Puerta del Sol de Madrid en el siglo XIX. / Todocoleccion.net

No todos los reunidos se limitaban a pedir trabajo. Algunos se entretenían en silbar a los cocheros que con sus carruajes circulaban por la calle Mayor; dedicábanse otros a decir piropos a las mujeres, mientras unos cuantos, partidarios de la oratoria al aire libre, pronunciaban arengas y discursos encaminados a dar a la manifestación un tono poco en armonía con su aparente objeto.

Y la noticia de la prensa, cómo no, recogió algunas de las proclamas de los obreros que repetían una frase muy en boga entre los socialistas franceses, no faltó quien dijera. ‘No debemos de pedir limosna, sino justicia’. Pero la mayoría de los manifestantes, justo es decirlo, no hizo caso de quien tal predicaba.

Como tampoco se dejaron los manifestantes convencer por uno que gritaba: ‘No desmayar, nuestra petición es justa y honrada; hoy hemos de conseguir lo que nuestras familias necesitan y nosotros legítimamente pretendemos’.

Pero en la manifestación, los obreros esperaban que acudiese al Alcalde a dar solución a sus peticiones: A las 12, y cuando los grupos se iban impacientando, llegó el coche del alcalde primero, sin el alcalde. Al desencanto sufrido por los manifestantes, siguió un rato de gritería. Después, y convencidos ya de que no podrían avistarse con el presidente del ayuntamiento, los al parecer jefes o directores de la manifestación dieron orden de que esta se encaminara pacíficamente hacia la Puerta del Sol.

En el trayecto que media entre el Ayuntamiento y el ministerio de la Gobernación, los grupos recibieron algunos refuerzos, y las voces de ‘Queremos pan y trabajo’, fueron en aumento.

Según iba pasando el tiempo y llegados los obreros a la Puerta del Sol, los grupos de manifestantes, aumentados con los de curiosos, dieron al acto tal carácter que las autoridades se vieron precisadas a desplegar cierta energía para evitar que lo que en un principio no inspiraba temor a perturbaciones, pudiera adquirir gravedad.

Veamos ahora qué medidas de seguridad se tomaron ante aquellos alborotos: Comprendiéndolo así, el Gobernador civil, dispuso que el Jefe del cuerpo de seguridad, se situara con algunas parejas en la Puerta del Sol y sus bocacalles. Casi al mismo tiempo, un fuerte piquete de la Guardia civil, bajo el mando de un capitán, ocupó la acera del ministerio de la Gobernación.

De los grupos, en tanto, continuaban saliendo voces y gritos que obligaron al coronel a imponer silencio en las filas de la multitud.

Finalmente, a la una de la tarde, llegó a la Puerta del Sol el Gobernador civil quien, descendiendo de su carruaje, se dirigió por entre los manifestantes hacia las gradas que rodean a la fuente, y desde allí pronunció algunas frases que no fueron bien oídas, a causa de las voces y las palabras con que los manifestantes recibieron a la primera autoridad civil de esta provincia.

Al final, se restableció la calma y el señor gobernador dijo que, tanto como los manifestantes, el gobierno lamentaba la crisis obrera con que se había encontrado al subir al poder.

Advirtió que el ministro de Fomento está terminando el estudio de nuevos trabajos por cuenta del Estado para que todos los obreros que se hallen sin ocupación sean colocados: que era todo lo que por ellos podía hacer, y por sus explicaciones comprenderían que no dejaba en el olvido sus necesidades.

Añadió que, según sus noticias, no todos los obreros obedecían en la manifestación a impulsos propios y legítimos, sino a instigación de una junta o comité formado por diez o doce que aspiraban a llegar a fines reprobados por medio de los obreros, faltos de trabajo.

Dijo también a los obreros que no era la más adecuada la forma que había elegido para pedir trabajo y pan, y que, en consecuencia de ello, estaba resuelto a no permitir que continuara la manifestación.

Antes de que la manifestación quedara disuelta, el gobernador repartió de su peculio propio algunas monedas entre los obreros más necesitados. No fueron precisas muchas intimaciones para que los manifestantes se retiraran pacíficamente. Algunos, en número de 14, que opusieron cierta resistencia, fueron detenidos y más tarde puestos en libertad.

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