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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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Incapaces de todo

El Sporting sufre otra bochornosa derrota en El Molinón, que le condena a un peligrosísimo final de temporada

Efectivamente es una chorrada pensar que el Sporting, este pésimo equipo incapaz de cualquier cosa, puede pensar en el playoff. Casi es una chorrada pensar que este Sporting puede ganar a nadie. Porque es una plantilla nefasta, sin calidad, mal trabajada desde la pretemporada, por no hablar ya del atentado a la identidad perpetrado por el inflado director deportivo Miguel Torrecilla y tolerado por el todopoderoso Javier Fernández, dueño, presidente, asalariado, director general y director de comunicación en funciones del Sporting. Un recién ascendido como el Rayo Majadahonda volvió a sacarle los colores, le metió tres goles en casa y condenó al equipo gijonés a la más absoluta ruina clasificatoria.

Es este Sporting reiterativo e insistente en sus errores. No acaba de asumir su mediocridad en el balón parado, por lo que no se tapa lo suficiente a la hora de defender. Los rivales le saben, los entrenadores lo estudian y le hacen trizas. Es imperdonable que, otra vez, el primer gol del rival llegue a raíz de un corner a favor que, como siempre, el Sporting no sabe finalizar. Aitor Rubial, que recordó a Maradona en este partido, sentenció el contragolpe conducido por Héctor.

Fue el primer varapalo de un partido que el Sporting había empezado impetuoso pero sin contundencia. Solo había tenido dos ocasiones de gol en la primera media hora: un centro de Aitor García en el que un central visitante logró anticiparse al remate de Carmona en el segundo palo y un disparo seco, durísimo, de Djurdjevic al que respondió muy bien Basilio.

Al Sporting se le acumulaban los problemas. Al gol en contra se sumó la lesión de Babin, el verdadero y casi único baluarte de la defensa rojiblanca. José Alberto pudo recurrir a un recambio natural como Peybernes, pero optó por dar entrada a Sousa y volver a retrasar a Cristian Salvador al centro de la zaga, seguramente en previsión de tener que acabar el partido con una defensa de tres. O de dos...

Vivos con fortuna

La fortuna sonrió al Sporting nada más empezar la segunda parte, pero fue un engañabobos. Los rojiblancos se metieron en el partido gracias a una gran cantada del portero Basilio, al que se le coló por debajo del cuerpo un disparo escorado de Sousa que más bien parecía tener intención de centrar que de disparar.

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El Molinón, que ya estaba de uñas, concedió una tregua, pero a los 10 minutos todo se vino abajo definitivamente. El Rayo Majadahonda marcó dos goles en cuatro minutos para sentenciar al Sporting. El primero llegó de una forma surrealista: un enloquecido Aitor García trató de evitar a toda costa que el balón se perdiera por la línea lateral, entre los banquillos. Para evitar un mal menor, propició un mal mayor. Su despeje se perdió por la línea de fondo y ese saque de esquina acabó en el remate inapelable de Verdés en el segundo palo. Porque como equipo profesional que es, el Rayo Majadahonda sabe rematar alguno de los saques de esquina que saca.

El tercer gol, obra de nuevo de Aitor, solo fue la constatación de que  no había nada que hacer. La afición empezó a desfilar camino de su casa y, los que se quedaron, pagaron su ira primero en el cambio de Robin Lod (un jugador al que a finales de febrero aún nadie sabe describir) y con cánticos de "esa camiseta no la merecéis" con el pitido final. Está tan harta y apagada la afición del Sporting que no es capaz de entonar un sonoro 'Ahora, Quini, ahora' ni siquiera en el primer aniversario de la muerte del más grande referente del sportinguismo.

Álex Alegría redondeó el marcador con su primer gol como rojiblanco, rematando con el muslo y posiblemente un poco con la mano un centro de Carmona desde la izquierda. No valió para nada.

El Sporting está en un momento crítico de su historia. Mientras otros clubes crecen y se afianzan en el fútbol profesional, al club gijonés lo han destrozado y condenado a la mediocridad. Lo que se ve es lo que hay: un equipín de mitad de tabla de Segunda. Y eso, con suerte. El panorama es muy peligroso y, se mire a donde se mire, no se ve gente capacitada dentro para arreglarlo. Quizás si Tebas les 'inhabilitara' de nuevo...

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