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El ejemplo de los padres podría frenar la obesidad infantil

Promover la implicación de los niños en su alimentación, instaurar una asignatura escolar para enseñarles a cocinar comidas sanas y formar a los padres para que conozcan qué alimentos deben darles a sus hijos, son las claves para acabar con la obesidad infantil, que hoy afecta a uno de cada ocho menores.

Promover la implicación de los niños en su alimentación, instaurar una asignatura escolar para enseñarles a cocinar comidas sanas y formar a los padres para que conozcan qué alimentos deben darles a sus hijos, son las claves para acabar con la obesidad infantil, que hoy afecta a uno de cada ocho menores.

Los expertos coinciden en que la concienciación de los padres y la implicación de los niños en los colegios, donde en la mayoría de los casos reciben menús hipercalóricos, podrán frenar una obesidad que ya es considerada como una pandemia mundial y que en el caso de España afectará al 80 % de los hombres y el 55 % de las mujeres en el año 2030.

La doctora Navarro ha resaltado que muchas veces los padres alimentan mal a sus hijos por simple desconocimiento y ha destacado que las cifras actuales son "muy alarmantes porque la obesidad en la infancia desemboca en la obesidad en el adulto", y antes no había niños con obesidad, algo que empezaba en la etapa adulta, a los 25 o 30 años.

Esas personas, tras 15 o 20 años de sufrir obesidad presentaban problemas de comorbilidad y patologías asociadas a partir de 50 años, pero como "ahora la obesidad se ha trasladado a la infancia, ya estamos viendo en adolescentes problemas y secuelas como diabetes".

 A los niños se les empieza a informar en los colegios sobre dietas equilibradas, pero también lo es que algunos menús escolares son para "echarse las manos en la cabeza", con dietas hipercalóricas que buscan una "comida fácil", que se coman todos los niños.

La experta asegura que hay determinados productos que directamente no habría que tener en casa por su alto contenido en azúcar, como galletas, zumos, dulces o bollería industrial, que habría que sustituir por el "bocadillo de toda la vida".

Añade que no se trata de evitar esos alimentos porque el niño necesite perder peso, "sino de evitarlos porque van a tener una consecuencia sobre la salud del niño" a largo plazo, además de que los hábitos que aprendan ahora será su patrón de conducta dentro de 10 o 15 años y no es apropiado adaptar su gusto a determinados sabores asociados a alimentos poco recomendables.

Hay un problema de dinámicas sociales porque se vive en un estrés continuo y en muchas familias trabajan los dos progenitores, de tal forma que no ven a los niños hasta la tarde noche, han desaparecido los platos de cuchara y los niños están solos en casa cuando llegan del colegio y "meriendan lo que encuentran" o la bollería que puedan comprar en el bar de abajo.

Unidad de Obesidad del niño y el Adolescente de Quirónsalud Valencia.

 

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