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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Torres misteriosas, pinturas rupestres y auroras boreales en Villar del Humo

Este pueblo conquense es conocido por las pinturas prehistóricas declaradas Patrimonio de la Humanidad, pero en su historia y en su territorio esconde otros enigmas

Torre Barrachina de Villar del Humo (Cuenca). /

El pueblo de Villar del Humo se encuentra a 84 kilómetros de Cuenca y es conocido, entre otras cosas, por el Parque Cultural de Arte Rupestre situado en la Sierra de las Cuerdas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998. Es obligada la visita a las pinturas prehistóricas que pertenecen al Arte Rupestre Levantino que se desarrolló en la zona oriental de la península ibérica. Un pueblo que en invierno cuenta con menos de 250 habitantes, guardianes del parque y de otros dos grandes tesoros que a veces pasan desapercibidos: una torre con muchas incógnitas que hacen que la veamos con un cierto aire de misterio y un viejo molino que albergó en su interior a los no creyentes. A esto se suman historias de auroras boreales que pudieron ser vistas desde este pueblo de Cuenca. De todo esto hemos hablado en Misterios Conquenses con Sheila Gutiérrez y Miguel Linares, el espacio de radio que emitimos cada martes en Hoy por Hoy Cuenca.

'Misterios Conquenses' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

La mayor parte de la Sierra de la Cuerdas se encuentra en el término municipal del escondido y recóndito pueblo de Villar del Humo. Un paraje en el que cuando uno se adentra se da cuenta de que estamos en un lugar muy especial, donde a cada paso en busca de las pinturas rupestres nos vamos encontrando con detalles e historias que nos desvelan que estamos en un paraje con muchos misterios.

Antes de llegar al pueblo de Villar del Humo nos topamos con la Torre Barrachina. En la actualidad casi devorada por la vegetación, de origen musulmán, la datación más fiable sobre su construcción es la que la sitúa en el siglo XI, aunque muchos son los misterios que rodean dicha torre y el gran desconocimiento que tenemos acerca de ella. Sólo contamos con algunas teorías sobre el motivo de su emplazamiento y de su posible uso.

Los misterios de esta torre se extienden a la incomprensión de estar tan alejada del núcleo urbano, está a unos nueve kilómetros, lo que no serviría para el uso diario, por ejemplo para ser utilizada de almacén, o incluso de nevera donde conservar alimentos. En este momento estamos pensando que quizá su utilidad fuera la de fortaleza, la de protección, pero que quedaría descartada si analizamos su ubicación.

Paseo junto al río Vencherque de Villar del Humo. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

Se encuentra en un llano donde el anticipar un ataque sería inútil, el ataque enemigo podría perpetrarse sin problemas, ni siquiera se han encontrado hallazgos ni indicios que nos lleven a pensar que en sus alrededores hubiera habido algún núcleo urbano. Su utilidad sigue en el aire, quizá serviría de lugar de reunión, de prisión clandestina, o simplemente como control a la entrada de aquellos territorios.

Rumbo a las cuevas rupestres, debemos caminar por la ribera del río Vencherque, el ruido de sus aguas nos hace relajarnos pero también pensar en que quizá ese mismo terreno que tenemos bajo nuestros pies fue el mismo que pisaron aquellos antepasados que nos dejaron sus pinturas como legado.

Un camino que nos hace detenernos ante un molino que sirvió como refugio en una época en que los bombardeos eran muy comunes.

Fue un lugar donde se refugiaban los no creyentes, gente que no apoyaban la religión tal y como estaba escrita, lo que nos hace pensar que aquel refugio no sólo se utilizó en caso de emergencia ante ataques inminentes. Sabemos que algo ocurrió, ya que hubo un suceso en que los creyentes se fueron hacia su templo, lugar donde se encontraban bajo la protección divina y los no creyentes a su lugar de reunión. Creían que el fin del mundo había llegado.

Pinturas rupestres de Villar del Humo. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

Ocurrió durante la Guerra Civil y fueron varios los sucesos. El que fue visible en Villar del Humo sucedió el 25 de enero de 1938, entre las 19 y las 20 horas.

Un abanico de luces brillantes se mezclaban en el cielo, los colores eran rosas, blancos, azules y verdes, se difuminaban para volver a tener la misma intensidad original.

Al principio creyeron que se trataba del reflejo de algún incendio lejano, pero más tarde corrieron a refugiarse pensando que el final había llegado y cada uno lo hizo en el lugar donde se encontraba más seguro.

El fin del mundo, una creencia que se ha traspasado generación tras generación, ese miedo a que el mundo desparezca de un día para otro, reduciendo a cenizas nuestra existencia. No podemos hablar de un fenómeno único, ya ocurrieron en más ocasiones, incluso existe un minucioso estudio en el que se detalló los ocurridos entre 1760 y 1800, y algunas en la actualidad, dando como explicación la afectación de las tormentas solares sobre los campos magnéticos de la Tierra.

Fue tan importante la repercusión de estos fenómenos que incluso el médico Francisco Salvá, uno de los grandes de la Generación del 27, dedicó 45 años de su vida en estudiar el cielo de Barcelona.

Cronología y explicaciones que incluso aparecen en uno de los volúmenes del Memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid de 1788: “A las 9 de la noche, en que se ocultó la Luna, en dicho día 11, empezó a verse en aquel horizonte una aurora boreal extendiéndose desde el noroeste hasta el noreste y pareciendo el cielo bastante sonrosado, pero subiendo poco hacia su cenit”.

Una aventura que nos lleva al conocimiento, a la imaginación, a un mundo lleno de preguntas que se amontonan. Ya llegamos a lo que quizá todo el mundo busca cuando visita Villar del Humo, y donde se da cuenta que todo está conectado, que esas cuevas que estamos deseando visitar, tienen que ver con aquel refugio que nos encontramos en el camino, con esa torre que nos recibía.

Todo comienza con un pensamiento en que nuestros antecesores creyeron en ese fin del mundo, en la muerte y así nos lo dejaron plasmado con sus dedos, una creencia que nos dejó una pista, la que deberíamos protegernos, como lo hacíamos en torres, pero siempre con el temor de que algo no físico nos empujara a refugiarnos en un lugar seguro como podría ser un antiguo molino ante un fin no deseado.

Villar del Humo forma parte del arco mediterráneo formado por 758 abrigos con pinturas en 16 provincias de seis comunidades autónomas. Su término municipal alberga doce yacimientos de arte rupestre, así se denomina a los diferentes dibujos o bocetos que existe en algunas rocas o cavernas, que datan del período prehistórico. Las manifestaciones de arte rupestre se ubican en abrigos o refugios al aire libre junto a diversos cursos de agua.

El primer hallazgo de estas pinturas ocurrió en 1917, lugar que se llamó Peña del Escrito y al año siguiente fueron descubriendo varios abrigos más, pero hasta 1968 no se volvió a la zona donde se encontrarían más restos.

Las muestras de las pinturas de arte levantino tienen una antigüedad estimada de unos 10.000 años, en los que nos encontramos con la representación de los últimos cazadores-recolectores, representaciones figurativas: arqueros, ciervos, cápridos, bóvidos y alguna figura femenina.

Qué hay más enigmático que estas pinturas, las cuales nos suponen una fuente de teorías y preguntas inagotables. El lugar escogido, el significado de las pinturas. No sabemos si son escenas cotidianas, sueños, mensajes de seres del más allá como algunos apoyan, el inicio del lenguaje o simplemente una representación de su vida ideal, de sus deseos. En Villar del Humo también nos encontramos con un arte más reciente, el Arte esquemático de unos 6.500 años de antigüedad.

Ahí está el misterio, un arte en el que se plasma el pensamiento mágico, donde se plasma su lugar en el grupo, sus creencias, un pensamiento donde la muerte existe, una representación donde quedan grabadas sus preocupaciones y sobre todo la existencia de seres que nunca habían imaginado. Introducen en las pinturas motivos abstractos, puntos, barras, seres antropomorfos y zoomorfos, mezclados con situaciones cotidianas, la caza y la recolección, toros, ciervos y jabalíes que nos hacen creer en un desarrollo intelectual y sobre todo espiritual.

La misión sólo de sobrevivir se va ampliando. Comienza la necesidad por comprender nuestra existencia y un destino final, en alguna pintura de animales podemos encontrarnos la representación en las que se nota que estaban en movimiento, por la posición patas, cabeza... Pero también nos encontramos con escenas en que los animales están inmóviles sin vida, por ejemplo con las patas estiradas. Un cambio del pensamiento de tener que sobrevivir, al respeto hacia esos animales sin vida que nos proporcionan alimento.

Todo ello con un significado, el de no pintar por pintar, un arte con una connotación simbólica, el buscar cuevas o abrigos donde sólo pintaban, no vivían en ellas, sabiendo que sus acciones merecían quedar plasmadas en un lugar especial.

No sabemos si esos puntos y rayas son el camino a seguir en sus continuos cambios de residencia, o son calendarios de lunas y estaciones, o quizá sean mapas celestes, algo que nunca sabremos, solo son teorías y más teorías.

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