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Alfonso Cabañas, el músico y acuarelista que veía el mar entre la niebla de Cuenca

Recordamos la figura de un conquense que fue intérprete de oboe, pintor, dibujante y hasta entrenador de fútbol

'Río Júcar', acuarela de Alfonso Cabañas. /

“Me gustaría pintar a Cuenca con mar”. Así, con esta frase, el músico y pintor Alfonso Cabañas, uno de los artistas conquenses más populares, quería abarcar su inmenso cariño a la ciudad en la que nació y que retrató con sus pinceles en miles de acuarelas, acompañado siempre por la música que le apasionaba de herencia familiar y nazarena, bajo un apellido que ya era compromiso de altura musical: Cabañas, saga de músicos y acuarelistas conquenses. Esta semana en Páginas de mi Desván, el espacio que emitimos cada martes en Hoy por Hoy Cuenca, José Vicente Ávila nos acerca la figura de este sencillo personaje conquense del siglo XX: Alfonso Cabañas.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Alfonso Cabañas Cabeza nació en Cuenca en 1911 y falleció también en nuestra ciudad el Cuenca 1 de abril de 1992. Funcionario del Ayuntamiento de Cuenca, se encargó de la edición de la Revista de Información Municipal durante varios años, aunque destacó de manera especial como músico y pintor. Hijo de Nicolás Cabañas, director de la Banda de Música de Cuenca y brillante compositor, sobre todo de marchas nazarenas, Alfonso resaltó sobremanera por ser un consumado acuarelista del paisaje conquense, amén de bodegones y dibujos. Como músico era un consumado intérprete con el oboe, e incluso fue el autor de la marcha Marco Pérez ha muerto, en perenne recuerdo no sólo al gran escultor e imaginero conquense, sino a su maestro en el arte, pues Luis Marco Pérez le había dado clase de dibujo y modelado, que luego él mostró en centenares de dibujos, no sólo por su trazo a modo de apunte, sino por su visión del paisaje, por la que intentaba que los árboles dejasen ver el bosque, que era algo que le tenía obsesionado.

Alfonso Cabañas. / Revista 'Cofradía' 2017

Siendo hijo de un maestro tan importante como Nicolás Cabañas, que nos dejó entre otras tantas marchas, el San Juan, que es como el himno nazareno de Cuenca, cabía por tanto esperar que Alfonso, el hijo mayor, siguiese los pasos de su padre con el método de Hilarión Eslava. Alfonso Cabañas entró en la Banda Municipal de Música en el año 1931 junto a Patricio Zamora, Antonio Martínez, Alberto Escalante, Feliciano Arévalo y Florencio Pérez, y poco más tarde Dámaso Urango y Rufino Martínez, a quienes pude conocer muy de cerca. Pero se da el caso curioso de que cuando Alfonso entra en la Academia de música su padre Nicolás dejaba la dirección y ese año de 1931 entraba como nuevo director el maestro Jesús Calleja. Durante algunos años se formó el Sexteto Cabañas, dirigido por el maestro Nicolás, con actuaciones en el Casino, teatros y en alguna ocasión en los inicios de la radio en Cuenca, con actuaciones en directo.

Entrenador de fútbol

Pero hay una actividad muy poco conocida de Alfonso Cabañas en esos años mozos. Le gustaba nadar y hacer deporte y quizá la pesca, y por eso pintaba esos maravillosos paisajes del Júcar a su paso por el Recreo Peral o la Piedra del Caballo. Pero a muchos que conocieron a Alfonso Cabañas quizás les sorprenda que Alfonso ejerciera también como entrenador de fútbol. Él, que parecía tan tímido, fue uno de los impulsores del equipo denominado Terror Fútbol Club, creado en el año 1932 como consecuencia de la desaparición de los equipos Colón F.C. y Estudiante F.C.

A la izquerda, Alfonso Cabañas, como entrenador del Terror FC. / Revista 'Deportes' 1935

El equipo de Cabañas fue subcampeón local en la temporada 1934-35, por lo que en la revista Deportes se hablaba de las simpatías que tenía el Terror F.C., y de su buen hacer, “personificado en un nombre, Alfonso Cabañas, un hombrecito callado, reservado, que bulle sin aparato y hace una gran labor afectiva. Si en alguien se observan cualidades perfectas de deportistas, pongamos a Alfonso Cabañas por ejemplo. Modesto, excesivamente modesto, este gran muchacho deportivo ha hecho del Terror FC tal como es: disciplinado, organizado a base de una cultura física excelente y con un concepto altamente deportivo”, refería el semanario Deportes de 1935. Por cierto, su hermano Aurelio Cabañas, también acuarelista y compositor musical, llegó a jugar de guardameta en el equipo de Abastos, que era donde trabajaba.

Músico

Tenía verdadera pasión por la música, y de hecho perteneció a la Banda Municipal o después a la Cooperativa desde aquel lejano 1931 hasta 1989. El venía a decir que participó durante más de medio siglo en los desfiles de la Semana Santa en lo que denominamos como nazareno de gorra de plato. Incluso llegó a ser director accidental de la Banda en 1980, en el lapsus de tiempo del relevo del director Aníbal Carricoba hasta la llegada de Aurelio Fernández-Cabrera en 1981. Con el Sexteto de su padre Nicolás actuó en muchas ocasiones con músicos como Daniel Muñoz y Lorenzo Redondo, entre otros.

Su adiós a la Banda de Música de Cuenca, en 1989, no pudo tener mejor broche que tomando la batuta para dirigir a sus viejos y jóvenes compañeros, nada menos que interpretando la marcha San Juan, de su padre, Nicolás Cabañas. Fue en la Universidad Menéndez Pelayo, en el restaurado edificio de Carmelitas, donde Cabañas pudo gozar y llorar de emoción en una fecha inolvidable. Paisaje, tradición, música, recuerdos familiares,… ¡Tantas cosas! debieron pasar ese día por la imaginación de Alfonso Cabañas dirigiendo la marcha más genuina y señera de la Semana Santa conquense, escrita por su padre. Fue un día de júbilo, tanto para él como para su hermano Aurelio y sus hermanas.

Como hemos citado antes, Alfonso Cabañas compuso la marcha Marco Pérez ha muerto, para su maestro don Luis, asesorado por Aurelio Fernández-Cabrera, y esa misma marcha, de tanto sentimiento conquense y nazareno, fue la que se interpretó en el entierro de Alfonso Cabañas el 4 de abril de 1992. A él que le gustaba pasar un tanto desapercibido, junto a sus compañeros músicos, ese día le acompañaron a él por el Parque de San Julián en su último adiós, hasta San Esteban, donde la talla de su Judas le esperaba. Lugares comunes para Alfonso, tanto en los conciertos del Parque como en su medio siglo de procesiones vestido de músico tocando el oboe y su San Juan.

'Jardín del Salvador', acuarela de Alfonso Cabañas. / Archivo José Vicente Ávila

Pintor

Creo que en cada domicilio de Cuenca hay una acuarela de Alfonso Cabañas. Tuve la oportunidad de entrevistarle en varias ocasiones, la mayoría de veces por sus exposiciones pictóricas, que por cierto solía presentar en fechas navideñas o de inicio de año. La primera fue el 3 de enero de 1974, en la que me comentaba que trataba de “modificar, con arreglo a mi gusto personal, el modelo que me presenta la Naturaleza”, y la segunda en 1975, en las fechas próximas a la Navidad, pues exponía en la Casa de Cultura por décima vez, en la segunda quincena de diciembre. Luego hubo otras. Entre exposiciones individuales y colectivas, tanto en Cuenca como en otras ciudades españolas suman más de una treintena. En una entrevista me decía que le gustaría pintar a Cuenca con mar e incluso facilitaba un dibujo para ilustrar el trabajo periodístico. Me confesaba que hacia 1960 empezó a pintar en serio y que fue el escritor y poeta Federico Muelas, puntualizaba con orgullo, “quien me animó a seguir adelante, y en esta exposición del año de su muerte he recogido un texto que él escribió en un catálogo con motivo de una Exposición en Castellón. Le pregunté a Alfonso si en ese tiempo había cambiado el paisaje y así opinaba:

–Prácticamente no cambia. Si algo ha cambiado ha sido para bien. Por ejemplo, los exteriores de la ciudad están más poblados de arboleda que antes. Por lo que respecta a la parte antigua también ha mejorado porque yo tengo dibujos realizados hace unos años y comparándolos con otros que haga ahora se puede ver que el paisaje ha ido a más.

-Cuando Alfonso hablaba de los árboles se refería a que a veces tanta arboleda tapaba el paisaje y uno de los ejemplos que ponía es que por ejemplo desde la Trinidad la arboleda no dejaba ver ni en primavera ni en verano la bella ermita de la Virgen de la Luz y el puente de San Antón. Al efecto publicó en la prensa un escrito que decía:

Cartel de Alfonso Cabañas para la Semana Santa de 1947. / Junta de Cofradías

“Como pintor y como ciudadano conquense simplemente, he admirado y he gozado contemplando la maravilla de los paisajes conquenses, y en especial de la capital y sus contornos. Reconocía yo, desde niño, la importancia del árbol como motivo principal de un paisaje o como complemento del mismo.

Ello me dio motivo a estudiar detenidamente las clases de árboles y su situación y llegué a la conclusión de que en algunos sitios cierta clase de vegetación hace el efecto de una cortina de hojas que impide ver algo de más interés y que queda oculto, durante gran parte del año, a la vista del curioso, simplemente, o del admirador enamorado de tanta belleza”.

Sobre sus preferencias pictóricas, Alfonso señalaba: Prefiero la acuarela al dibujo porque es más completo. Sobre todo por el color. Eso sí, hay que prestarle máxima atención al dibujo, porque si no se sabe dibujar tampoco se sabe pintar, aunque sobre este aspecto he oído lo contrario. Pero me figuro que será para lo abstracto, aunque este arte no lo entiendo. Creo que siempre me quedo corto en mis realizaciones. Trato de llegar a lo máximo de la acuarela porque aunque parece que es estática no tiene fin.

Le pregunté si la mejor época de pintar a Cuenca era el otoño y así se expresaba: “Desde luego, todas las épocas tienen su momento álgido y su momento bonito. Hay que buscarlo y pienso que el paisaje otoñal es extraordinario, el mejor de todos.

El verano –seguía diciendo-- tiene un verdor muy bueno para el fotógrafo, pero para el pintor es más difícil. Yo encuentro más facilidad en el invierno que en el verano. El paisaje de Cuenca se defiende más que otros por sus diferentes tonalidades.

Ante el éxito que tenía su exposición, con todos los cuadros prácticamente señalados con el circulito rojo de “vendido” le pregunté a Alfonso, ¿qué le gustaría pintar o dibujar que aún no haya hecho? Y entonces, mirando a sus cuadros, la mayoría de paisajes conquenses, me dijo con cierta solemnidad: “Me gustaría pintar a Cuenca con mar. Es lo único que le falta a Cuenca para ser el súmmum del paisaje. A veces lo veo cuando subo a San Isidro y miro por la Hoz del Júcar. Entre la niebla me imagino el mar”.

Cartelista

No podemos olvidar la faceta de Cabañas como cartelista en la Semana Santa, en ferias y otros acontecimientos. Hizo cuatro carteles para la Semana Santa de Cuenca en años casi seguidos; el primero en 1942, año en el que también elaboró el cartel de la Feria de San Julián, y los de 1946 y 1947. En esta trilogía siempre tuvo en cuenta el paisaje conquense con sus torres de iglesias como las de San Andrés o San Antón, si bien en el tercero, en 1947, da la impresión de que rinde homenaje al pintor cubano Wifredo Lam, que debió conocer personalmente, con el cuadro de la Casa de la Sirena, colocando en primer plano un nazareno del Huerto de San Esteban con su tulipa. Pasaron 16 años hasta que no hizo otro cartel nazareno, en este caso en 1963, ganando el concurso, pero con un estilo diferente, renovando su arte pictórico e incluso publicado en el diario Abc.

Cartel de Alfonso Cabañas para la Semana Santa de 1963. / Junta de Cofradías

Cabañas dirigió el Boletín Municipal en el que en cada número aparecía en la portada un dibujo de Cuenca, bien suyo o de otros pintores conquenses. Recuerdo a Alfonso con su carpeta de originales bajo el brazo en los talleres de Diario de Cuenca encargando los grabados de los dibujos, que se enviaban a Madrid para hacer los clichés de metal para ser impresos por el sistema de tipografía. Aquellos clichés luego se utilizaban en las diferentes imprentas, en los respectivos programas festivos o nazarenos. De aquellas portadas de la revista municipal han quedado impresos infinidad de dibujos de Roibal, Víctor de la Vega, Óscar Pinar, Lorenzo Goñi, Antonio Santos, Torallas, Grau Santos, el propio Cabañas y otros tantos artistas. Además de carteles nazarenos o de fiestas, Alfonso hizo otros carteles, como por ejemplo el de la Coronación de la Virgen de la Luz y el de los 25 años de esa Coronación, en 1975, cartel por cierto por el que mantuve una polémica en prensa con el pintor, que al final sirvió para reforzar nuestra amistad. Desde 1941 que hizo sus primeros carteles, los premios formaron parte de su variada obra, siempre con acento conquense.

De él decía José Luis Lucas Aledón, cuando nos dejó Alfonso para siempre en abril de 1992, dos meses después que Lorenzo Goñi, que “siempre será recordado, así con mayúsculas, como un Pequeño Gran Hombre, de esos pocos que esta Cuenca ingrata respeta.

Cartel de Alfonso Cabañas para la feria de Cuenca de 1968. / Archivo José Vicente Ávila

Respeto, que venía desde su humildad y categoría sublime de artista, además del buen querer, por su parte, y de llamarse conquense. Músico adorado del oboe, compositor, cartelista de los primeros de la Semana Pasional.

Acuarelista de logros y tinturas sutiles, desvaídas y únicas. Calla mi pluma por no poder seguir el ritmo que marcarle quiero al corazón y el sentimiento. ¿Volverán las aguas verdes al Júcar tras el adiós de Alfonso Cabañas? Las choperas del Recreo Peral, dudaban…” concluía Lucas Aledón, el poeta que se fue reposar a San Isidro, a ver si desde allí veía, junto a Alfonso, ese mar de nieblas entre la muralla y las torres de San Pedro.

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