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Los terremotos en siglos pasados y cómo se contó en los documentos

Recuperamos de los Archivos Históricos los relatos de varios seísmos ocurridos en los siglos XVI y XVII

Un grabado del Museo Municipal de Lisboa que muestra las ruinas de la catedral tras el terremoto. /

En el espacio Así dicen los documentos que coordina Almudena Serrano, directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, y que emitimos los jueves en Hoy por Hoy Cuenca, esta semana contamos cómo fueron varios terremotos ocurridos en el pasado, concretamente, en el siglo XVI y siglo XVII. Veremos cómo describieron sus efectos y cómo salvaron sus vidas unos y las perdieron otros. Además, en uno de estos casos también tenemos relatado un tsunami.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Para ir en orden cronológico, comenzaremos con el terremoto ocurrido en el siglo XVI. Nos tenemos que situar en el año 1575, en una localidad de América del Sur, llamada Valdivia. Veamos cómo sucedieron aquellos trágicos hechos, el 16 de diciembre del año 1575, un terremoto que duró media hora: En la çivdad de Valdivia, a las tres horas de la tarde, poco más o menos, vino un gran temblor y terremoto de hazia la mar, que, en començando, luego se començaron a caer casas y, en pequeño espacio, quanto acabó de quitarse la niebla que el mucho polvo tenía, estaba todo el pueblo caydo por el suelo, y todas las yglesias tanto que hasta paredes muy baxas que se començavan a labrar, se cayeron de tan rezio como fue el temblor, que duró más de media hora, y se abrió la tierra por muchas partes, y estaban las gentes con tanto temor que no sabían qué hazer.

Y fue tan repentino y con tanto ynpetu que las señoras que estaban en sus estrados no las dexava salir al patio de la casa, sino que en el camino acabava de caer la casa, y las tomava debaxo.

Sabemos cuántos muertos hubo y, además, que gracias a que el terremoto se desarrolló durante el día no se contaron más muertes: Y murieron en esta ciudad veynte y una personas entre hombres y mujeres y niños, y si lo que Dios no fue servido fuera de noche, no quedara quien diera la nueva, sino que todos quedaran aplastados debaxo de las muchas piedras de las casas desta çiudad.

Y vieran andar por las calles gentes dando bozes, diciendo ‘vamos a socorrer a fulano que está debaxo de la pared’ y a otros que estaban enfermos en las camas se quedaron allí.

Y veamos cómo se describió lo que le sucedía a una persona, que no se podía mantener en pie: Y otra cosa de más admiración, que uvo un vezino que salió de la sala donde estaba con una niña de la mano, y era tanto lo que tenblava que no la pudo sacar y él salió medio rodando porque con los pies no podía.

A continuación, lo que sucedió, según nos cuenta este documento, fue un tsunami: Y luego sale la mar de su curso y los navíos que estaban de partida a la boca del puerto viene la mar por los altos montes, que los cubría con tanto ynpetu que los navíos los desamarró como si estuvieran atados con un hilo, y los llevó por el río arriba a una parte y a otra, y los hizo pedaços.Era tanto el temblor que las anclas que estaban en el agua las envía ençima de que ponía temor.

Pero esto no quedó sólo en el terremoto de media hora y en el tsunami, sino que días después hubo réplicas: Y hasta los quarenta días siempre a temblado muy rezio en esta çiudad, llegó el agua de la mar con tan gran fuerza que traya los árboles y palos y tablas, y más rezio corría hazia arriba que el río de avenida hazia abaxo.

¿Cómo actuaron los habitantes ante el tsunami? Veamos cómo lo dejaron escrito en este documento: Y desto cobraron los naturales tan gran miedo que se fueron huyendo a los altos montes porque no les alcançase el agua, y hasta oy se a quedado el río salado, a cavsa de una gran maravilla que fue ver un río tan cavdaloso como era este que salía de una gran laguna, y por donde desaguava era una angostura, y en medio desta angostura cayó un muy gran çerro y la tapó.

Y a ya quarenta días que el río no trae aqua sino es la de la mar que quedó apoderada del río por faltarle como le faltó su corriente para la detener en su curso y va creciendo la laguna cada día un codo, y dizen a creçido más de quarenta estados.

Y es cosa ver la despanto que con estar esta çivdad catorze leguas della dizen que si la presa suelta de golpe, se la llevará. Esta la dicha laguna hecha una mar.

Este terremoto, lógicamente, afectó a otras ciudades, desde las que llegaron noticias o nuevas similares: De las demás çivdades vinieron las nuevas, era lo mismo, que no avía quedado cosa en pie: Angol, ynperial villa Rica, Osorno, Chiloe, están caydas por el suelo. Dios lo remedie que de la Conçeçión y Santiago no se sabe en esta çivdad nuevas ningunas.

Aquel terremoto fue una calamidad pero no menos pasó con este otro que relataremos ahora, ocurrido en el año 1650, el 31 de marzo, jueves, a las dos de la tarde, en Cuzco, según se cuenta en la relación que de él se hizo y que se conserva en el Archivo Histórico Nacional.

Estando pues la ciudad del Cuzco con algún contento, por auer pasado el más riguroso invierno de aguas que jamás vieron los antiguos, pues en seis meses no dexó jamás de llouer poco o mucho, y auiendo ya cesado por término de veinte días, y ver las calles y plaças enjutas, el dicho día 31 de março, a las dos de la tarde, vino de repente tan gran temblor que todos salieron huyendo a las plaças, y calles, llenos de confusión, sin saber dónde acudir, pues ni el marido cuydaua de su muger, ni la muger de sus hijos, sino cada qual procurando escapar la vida.

En esta ocasión duró poco más de medio cuarto de hora, algo menos que el de Valdivia, pero aun así, cuesta imaginar un terremoto de esa duración.

Duró el temblor más de medio quarto de hora, asolando en tan breue tiempo todos los Templos, que eran de los mejores del Reyno, de manera que no quedó ninguno adonde poder entrar a oir missa, y todas las casas del pueblo, asimismo arruinó, y echó por el suelo, y las que quedaron en pie, tan maltratadas que no es posible entrar en ellas, sino derribarlas, por el riesgo que están amenazando con su caída.

Veamos cómo reaccionaron aquellas personas ante esta ruina y terror: Sosegado el temblor, fue la confusión mayor, porque andauan los hombres como locos, por las calles en cuerpo, y las mujeres sin mantos, buscando a sus mujeres e hijos, los hermanos a sus hermanas, los amigos a los suyos, con tanto alarido y grita que parecía día de juicio.

Y más quando fueron reconociendo los Templos por el suelo, tanto que en san Francisco se estaua haciendo una iglesia nueua, de las obras más insignes que se han visto en este reyno, y en que se auía gastado gran suma de ducados, y la dexó de manera que no puede seruir lo edificado en ella, después de auer echado por el suelo la Iglesia vieja, y todo el conuento, y los mismo obró en la obra nueua de la Catedral, con que será menester derribar la mayor parte della, cosa de gran lástima.

En Santa Clara cayeron algunos quartos y celdas, lastimó algo de la Iglesia, derribó la torre. El Hospital de los naturales cayó a pique, con todo el Coro, y la iglesia, y solo reseruó la sala de los enfermos, misericordia grande de su diuina Magestad.

El Hospital de los Españoles parece que fue la casa que menos atormentó, que parece miró Nuestro Señor era de pobres, y así usó de misericordia con ella.

Sin embargo, la iglesia de la Compañía de Jesús corrió peor suerte porque vino al suelo la iglesia, y todo lo más del claustro, quedando sin celda ninguna, donde poderse hospedar los Padres.

Otra iglesia que acabó derribada fue la de Santo Domingo: Padeció el golpe de la mayor desdicha, pues quedó el Templo (siendo el mejor y más hermoso) por el suelo, abriéndose hasta las bóvedas debaxo de tierra, sin quedar en pie claustro, celdas, ni cocinas, y fue forçoso irse los Padres a vivir a la huerta, donde tienen colgados sus pauellones. Y con toda esta ruina sólo pedeció un religioso, procurador del conuento, llamado el padre Vallejo.

Lo mismo sucedió en la Merced pues lo dexó tan asolado y por el suelo que obligó a irse a los religiosos de una casa, donde están debaxo de los árboles, a los yelos y aguaceros, lástima grande, que si no es viéndolo no ya pluma que pueda significarlo.

San Agustín se cayó la mitad de la iglesia y la mitad del claustro, y el resto del conuento tan maltratado que no se puede entrar en él, si no es con mucho riesgo.

Santa Catalina cayó todo lo más de la iglesia, que obligó a las monjas a salir del convento y lleuarlas a un alfarfar, donde se traxeron a un corral grande de la parroquia de san Blas, y eran tantas las lágrimas y alaridos así de ellas como de la mucha gente que las acompañaba que penetraban los cielos.

Había un Hospital de mujeres pobres, que construyó Andrés Pérez de Castro, que también quedó derribado: Quedó todo por los suelos pues no quedó en él piedra ninguna, y murieron quatro mujeres y otras muchas que quedaron heridas y maltratadas. Y otra casa junto a este Hospital, que assímismo cayó y maltrató quatro mujeres, dexándolas a unas quebradas las piernas y a otras los braços cosa que causó grande compasión a todos, y de estas lástimas ha auido tantas que fuera proceder infinito quererlas referir y no fue de menos lástima y sentimiento la muerte de un niño hijo del Vizconde del Portillo, don Agustín Sarmiento, que le mató una pared, y al ama que estaua con él.

Ya hemos comentado en programas anteriores cómo era una sociedad profundamente religiosa y que se tenía muy presente que determinadas catástrofes obedecieran a designios divinos, con lo que la devoción se exaltaba, y se recurría a procesiones y rogativas, de las que ya hemos hablado con anterioridad. Ellos estaban en la creencia de que lo que sucedió era por la ira de Dios, de modo que actuaron para aplacar esa ira divina: Ordenó el Cabildo desta ciudad y el de su Santa Iglesia, que a las quatro de la tarde saliese una procesión de la catedral con el Santísimo Sacramento, que dio vuelta a la plaça, concurriendo en ella todas las religiones y los dos Colegios, y después la colocaron en un tabernáculo en la plaça con mucha cera.

Llegó la noche y salieron dos procesiones, la una de la Merced, con la imagen milagrosa de Nuestra Señora de la Soledad, que es el mayor Santuario que ay en el Cuzco, dio vuelta a la plaça, … y hubo muger que le dio una cadena que vale 2.500 pesos y a este tono muchas mujeres, conforme sus posibles y entre tres comediantes que están aquí dieron 800 pesos en plata y joyas.

Igual que sucediera en Valdivia, en Cuzco también ocurrió este terremoto durante el día. A eso se refirieron, dando cuenta de ello:

Siendo así que si sucediera el temblor primero de noche fueran pocos los que huuieran quedado viuos. Ha parado el castigo hasta oy, solo en la ruina de las casas, quiera su diuina Magestad darnos gracia, para enmendar la vida y salir de los pecados que ocasiona este castigo.

Abrióse la cárcel el segundo día de los temblores, y soltaron todos los presos, así porque el tiempo pedía alivio para todos, como porque no se les cayesse la cárcel a cuestas.

Ya el viuir en esta ciudad es morir en medio de tantos temores y sobresaltos, sin dar paso sin riesgo de la vida, ni hallar lugar seguro para ella, treinta y quatro días ha y corre ya para treinta y cinco, desde oy a las dos, sin que en todo este tiempo aya auido día ni noche que no aya auido tres, quatro y cinco y más temblores, y algunos tan fuertes como los primeros.

Toda la ciudad está muy arruinada y la provincia con la mayor pérdida y desolación que se ha visto entre las mayores del mundo y con los mayores prodigios que se han visto jamás de abrirse la tierra, despedaçarse los montes, sepultar mucho número de gente y animales, reventar volcanes de fuego de piedra y arena, de agua de diferentes colores y malos olores, cerrarse los caminos y represarse los ríos.

Lo terrible de un terremoto son las difíciles comunicaciones hoy día e imposibles en aquellos siglos, tanto fue así que nos cuentan cómo se intentaron mover algunos y cómo perdieron la vida otros en el intento: En los Andes grandes no ha podido entrar ni salir persona en todo este tiempo, sólo de Paucartambo ha salido un indio y tardó veinte días por la montaña de Cuchoa.

Y al pobre cura que era un bonísimo sacerdote, saliendo de Cuchoa con muchos indios y recuas cargadas de coda de Juan de Caraca, con mulas y todo. Y sólo se halló del buen sacerdote un pedazo de cuerpo, que es la corona, y un pedaço del vestido se conoció, sin piernas ni braços, y lo enterramos en esta ciudad, que otro buen sacerdotele trajo para darle sepultura.

Paucartambo se asoló todo, sin quedar Iglesia ni casa en pie, y Challobaba, y por acá Tautrisue y Paruro, y en esta ciudad (por no cansar más) no ha quedado Tempo, conuento, ni casa principal habitable, sino sólo la iglesia de santa Clara, y del Hospital de san Bartolomé.

Y todos los hombres cuerdos juzgan que la pérdida desta ciudad monta más de seis millones, y lo peor es que el trabajo no cesa, ni sabemos el que nos falta. Esta es la verdad y no es capaz el entendimiento humano, para sentir el trabajo grande en que nos hallamos, ni para referirlo.

Igual que sucediera en Valdivia y tal y como acontece en cada gran terremoto, las réplicas son una constante. Aquí, durante el siguiente mes y medio, continuaron produciéndose: En 14 de mayo auisan al Cuzco que todavía ase continuauan los temblores, como antes, con que la gente estaua muy afligida, alojada en varracas en los campos y plaças.

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