Últimas noticias Hemeroteca

Viernes, 18 de Octubre de 2019

Otras localidades

Santiago López, pionero de la prensa de Cuenca a finales del siglo XIX

Fue escritor y periodista, fundo el periódico El Progreso Conquense y tiene calle en la capital

Cabecera de El Progreso Conquense. /

“Parece, aunque joven, persona de peso; / trabaja de firme, y es probo y activo; / y siempre en la brecha, dirige El Progreso / y el Cuenca festivo”. Con esta rima entrecruzada en cuarteta presentaba el semanario Madrid Cómico, que dirigía Sinesio Delgado, en su portada del 7 de julio de 1888 al periodista conquense Santiago López ilustrado con una caricatura de Cilla a toda página. ¿Quién era Santiago López que tiene calle en Cuenca? Esta semana en Paginas de mi Desván, el espacio que coordina José Vicente Ávila, y que emitimos cada martes en Hoy por Hoy Cuenca, recuperamos la figura de un periodista pionero en la prensa diaria conquense del siglo XIX, que fundó y dirigió el periódico El Progreso Conquense, y autor, entre otras obras, del libro Los sucesos de Cuenca, ocurridos en 1874 (publicado en 1878 y reeditado en 2015 por la UCLM) y El Consultor Conquense, una guía documentada de la provincia de Cuenca, de 560 páginas, de 1894.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Santiago López Saiz fue un fino y agudo periodista conquense del siglo XIX que según recogió la prensa de la época, cuando falleció el 28 de abril de 1903, estaba considerado como pionero en el periodismo de Cuenca, pues comenzó su andadura editando el semanario “Cuenca Festivo”, primer periódico ilustrado que vio la luz en esta ciudad, como resaltaba “El Liberal”, en una nota de recuerdo en 1921, cuando ya habían pasado 18 años de su muerte y se pedía una calle que recordase su conquensismo y sobre todo su aportación para describir de modo enciclopédico la historia, en todos sus aspectos, de la capital y provincia de Cuenca, en una completa Guía, editada dieciséis años después de que apareciese “Las Noticias Conquenses”, de José Torres Mena, con sus casi 900 páginas.

Sorprende un poco que 18 años después de la muerte de Santiago López se pidiese que su nombre orlase una calle de la ciudad. Podíamos decir aquello de “cosas de Cuenca”. Sucedió tras la muerte de otro personaje de aquella época, Emilio Sánchez Vera, a la temprana edad de 48 años, a quien se dedicó la calle que conocemos. Así, con ocasión de la colocación de la placa de la calle Sánchez Vera, el domingo 27 de febrero de 1921, dos años después de la muerte del bibliotecario y escritor conquense, autor de “In Illo Tempore”, que dirigió un periódico local, en “El Liberal” se publicó una información bajo el título “Un recuerdo oportuno”, para rememorar la labor que Santiago López Saiz había hecho por Cuenca. En el texto se puede leer que el acto en memoria de Sánchez Vera, que tuvo “el unánime aplauso de la opinión imparcial, nos llevó a recordar la obligación que tenemos todos de reparar un olvido que ya va siendo imperdonable. Nos referimos al deber en que estamos de honrar, también de modo público y solemne, la memoria de un hijo de Cuenca, que empleó todas las energías de su vida y el fruto de su lozano ingenio en beneficio de Cuenca, y de su mejor servicio. Este conquense fue D. Santiago López Saiz”, de quien destacaba “El Liberal”:

Caricatura de Santiago López en Madrid Cómico. / Bibliotena Nacional

Deprimido el espíritu público por el implacable azote de la epidemia colérica que diezmaba la población en el verano infausto de 1885, don Santiago López Saiz tuvo ánimos bastantes para hacer frente al pánico colectivo, reanimando la opinión con su famoso “Matamicrobios”, pletórico de donaire y gracia y alentador de los más timoratos”.

Poco después creó “El Progreso”, que llegó a publicar diariamente durante un largo espacio de tiempo, realizando campañas vigorosas en pro de la moralidad administrativa, iniciando la constitución de la Cámara Agrícola, y defendiendo con tesón los intereses de Cuenca en pleitos famosos y en conflictos importantes.

Publicó la mejor crónica que se ha escrito de los tristes sucesos de 1874 y editó el Nomenclator de la provincia, con datos precisos, verdadera guía para dar a conocer nuestra tierra a los extraños, y además de editar el semanario “Cuenca festivo”, produjo obras teatrales e inspiradas poesías premiadas en certámenes públicos.

Difundió además desde la tribuna en conferencias y discursos ideas de redención para los elementos populares y fue el amigo y maestro de cuantos conquenses escribimos hoy para la opinión de esta tierra, remarcaba “El Liberal”, para señalar que era un acto de justicia dedicar a su memoria el tributo de nuestro recuerdo en forma que se perpetuase su ejemplo en los venideros tiempos…”

Portada del primer libro de Santiago López. / Archivo José Vicente Ávila

Y por fin se puso su nombre a una calle de Cuenca a este inquieto y tenaz periodista, que figura en nuestro actual callejero. Una calle de ida y vuelta con el paso del tiempo. Efectivamente, si a Sánchez Vera se le puso la placa el último domingo de febrero de 1921, en la reunión del Ayuntamiento de Cuenca del 14 de marzo, que presidía el alcalde Manuel Caballer, “la nota más saliente de la sesión municipal es la aprobación del acuerdo, a propuesta del concejal obrero García --como así se recoge en “El Día de Cuenca”--, para que se dé el nombre de Santiago López, periodista fallecido de una larga vida de conquensismo y de laboriosidad, a una calle de la capital”. Nos adherimos gustosamente a la justísima reparación del olvidado escritor conquense y enviamos nuestro aplauso al concejal”, concluía la nota de “El Día”. La placa de la calle Santiago López se colocó en el cerrillo de Antón Martín en el barrio de los Moralejos, cercano a Sánchez Vera, aquel año de 1921, hasta que en 1957 fue cancelada, sin especiales motivos, dejando fuera del callejero al hasta entonces único periodista conquense que había tenido sitio en el callejero.

En su “Diccionario de andar por casa”, José Luis Muñoz recoge que en 1992, treinta y cinco años después, el nombre de Santiago López volvía al callejero conquense, por decisión municipal, en este caso para ser colocado en una calle paralela al Camino de Cañete, que tenía el nombre de “Ángel del Alcázar”, excluido por la ley de Memoria Histórica.

Se puede decir que el libro “Los sucesos de Cuenca, ocurridos en julio de 1874” fue la primera obra importante que publicó Santiago López Saiz, quien vivió aquellos días infaustos de julio en primera persona. Precisamente en 2015 se publicó una reedición de este libro, editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, con edición de Francisco Page, a iniciativa del Ateneo Conquense. En la introducción del libro, el profesor Angel Luis López Villaverde destaca la labor periodística y de documentación realizada por Santiago López, testigo en primera línea de aquellos hechos, e incluso apunta que el relato del periodista conquense, de aquellos días entre el 12 y el 18 de julio de 1874, que vio la luz cuatro años después, pudo inspirar a Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, al tratar del “Saqueo de Cuenca” en el capítulo “De Cartago a Sagunto”, publicado en 1911. Emociona al leer la dedicatoria que hizo Santiago López:

“A la muy Noble y muy Leal Ciudad de Cuenca: Hoy que el más humilde de tus hijos coge la pluma por la vez primera y, con mejor voluntad que bella frase, se atreve a narrar un triste episodio de tu historia, no extrañes se determine a dedicártelo, porque tiene entendido que una madre siempre con sus hijos es benévola”.

Portada del libro reeditado en 2015 por Paco Page. / Universidad de Castilla-La Mancha

Comienza su relato Santiago López: “Si en la fraticida lucha que, por fortuna terminó en el patrio suelo, se realizaron terribles hecatombes, es, de entre todas, la más cruel, la que tuvo a Cuenca por teatro”. El periodista daba su visión de aquella ciudad de 1784: Quien vea a Cuenca enclavada entre tres cerros, con el aspecto especial de las ciudades antiguas, con irregulares edificios, calles elevadas, estrechas y tortuosas, con numerosas iglesias y conventos, con pobre comercio, casi incomunicada con los pueblos y capitales de importancia, descubrirá enseguida bajo este carácter, algún distintivo en el temperamento de sus moradores por lo general sosegados y tranquilos.

Las ciudades, como los pueblos y como los individuos, tienen un rostro propio, una peculiar fisonomía, algo que a primera vista se les ve y fielmente les retrata. Una ciudad sembrada de numerosos edificios, mudos testigos de instituciones pasadas y supremacías antiguas, sin que el ruido de los trenes señale la activa vida del comercio (el tren llegó a Cuenca cinco años después de esta publicación), ni el humo de las fábricas el movimiento y la vida de la industria, revela en su paz y en su silencio el apego a preocupaciones añejas y a supersticiones de todos olvidadas.

Como periodista, Santiago López fundó El Progreso Conquense, periódico republicano, que dirigió en sus primeros años. Fue director-fundador y en la primera aparición en 1885 lo hacía con el título de “El Progreso”, periódico bisemanal, científico, literario, administrativo, noticiero y defensor de los intereses morales y materiales de Cuenca y su provincia. En 1891, el 24 de octubre, aparecía con el nombre de “El Progreso Conquense”, periódico republicano, pues se anunciaba que la sociedad propietaria de “El Progreso” se había disuelto. Comenzaba con el número 1, con cinco ediciones al mes, y años más tarde con carácter diario salvo los días festivos, con dirección en la calle de Calderón de la Barca, y más tarde Madereros, y Administración en la calle de las Tablas 28, donde estaba la imprenta de Plaza e Hijos. Con este nombre el periódico se mantuvo hasta finales de 1919, editado por la Cámara Agraria. “El Progreso” no se casaba con nadie tanto con la crítica ácida como irónica o en forma de ripios sardónicos. Vaya como curiosidad este párrafo que hemos resumido, titulado “Pastelería municipal”, en el que se aprecia la crítica perspicaz de Santiago López:

En este establecimiento, que se ha inaugurado el último domingo, se expenden los más selectos pasteles de la clase extra-municipal.

Los hay buenos, bonitos y baratos.

Todos, por supuesto, sin que hayan sido preparados en el horno de la calle de San Juan, por otro nombre calle Estrecha.

Y sin que los haya caldeado Calderón de la Barca ni el que tiene la sartén municipal del mango.

Es verdad que han intervenido, para honra y provecho del establecimiento, los chulos de la casa.

Hay pasteles de hábiles y desvergonzados, dos frutos distintos, pero de una misma madera.

Los hay de fantasía, preparados por los pasteleros reformadores en fusión con los del día y del oficio.

Pasteles de crema, invención de un joven principiante que se ha creído un Narciso; moldeados para hacer honor a la familia, por las gentes de una distinguida casa en el ramo de pastelería.

Pasteles huecos y gaseosos, verdadera especialidad del día y de la noche, confeccionados por los más afines elementos en la fábrica de Juan Alcalde Martínez.

Tostadas benignas, arregladas al gusto moderno por un oficial del gremio, conservador ayer y aficionado hoy a las fusiones.

Los rojos y los negros, elaborados con colores fuertes, que se juntan para hacer la oposición a la desacreditada pastelería situacionera.

Pasteles de guindillas que pican y pecan, por salirse de las ordenanzas aunque se confeccionen en las porterías.

Pasteles a la bayoneta, digo a la mayonesa, que ponen los pelos de punta.

Pasteles místico-carlino-fusionistas, preparados por el sexo bello y exjoven que se menea que es un gusto, cuando de preparar el horno se trata.

Y por fin, pasteles de presión, de sorpresa, a la lista, a la carta, a la tarjeta, al volante y de todas las clases más selectas.

Nota: Se sirve a domicilio, al Gobierno, y a los centros oficiales. Y a los particulares aficionados.

Sueltos con gracia como el titulado “Moralidad” en el que se puede leer:

“En el puente de Palo y bajo la presa del inmediato molino hemos visto en paños menores, junto a las alegres lavanderas, mozalbetes sin hoja de parra y bastante desarrollados para exhibir sus cosas en las narices de las mujeres. Creemos que por los Descalzos, Sargal y sitios cercanos a la ciudad sucederá lo propio, con personas adultas del sexo feo…”

Hasta el obispo Pelayo Conde casi excomulga a Santiago López y al periódico El Progreso, ordenando leer en los púlpitos una circular. En el periódico conquense La Razón se publicaba un suelto en el que se dice:

El señor obispo de esta Diócesis ha tenido a bien condenar como “heréticas, blasfemas, injuriosas, escandalosas y ofensivas en los oídos piadosos”, las doctrinas de nuestro estimado colega “El Progreso”, fulminando todos los anatemas eclesiásticos contra el periódico y cuantos de cualquier modo contribuyan a su publicación y circulación.

Nos parece que los tiempos actuales se distinguen más que por nada por el mutuo respeto que de hecho se profesa en todas las doctrinas, teorías y creencias, por erróneas que parezcan a quien las juzga, publicaba o razonaba La Razón.

La obra cumbre de Santiago López fue la edición de “El Consultor Conquense” de 1894, con casi 600 páginas. Un gran trabajo sin duda para aquellos tiempos, realizado en la Imprenta Provincial. Cuenca tuvo un gran peso en la Imprenta, incluso a nivel nacional, como bien recogió Fermín Caballero. “El Consultor Conquense” fue la primera guía editada por entregas, que se vendía por cuadernillos de 25 céntimos. Este libro de 600 páginas vio la luz como Guía Ilustrada de la provincia de Cuenca, y aunque en el pie de imprenta de la edición figura el año 1894, su aparición como cuadernillo de 32 páginas o de 16 si llevaba láminas, se fue sucediendo hasta 1896, quizá con carácter mensual, dada la complejidad de la obra y los medios tipográficos de la composición letra a letra para formar los moldes de las galeradas de cada página. Cada cuadernillo numerado era de un color distinto para la publicidad, y la obra completa costaba 6 pesetas.

La guía de Cuenca de Santiago López. / Archivo José Vicente Ávila

Santiago López se dirige al lector en la introducción de su obra señalando que “mucho y bueno se ha escrito respecto a la provincia de Cuenca; no he de aumentar el catálogo de las obras bien escritas, siquiera sea muy buena mi intención. Yo no he hecho otra cosa que coleccionar y ordenar interesantes noticias que pueden servir de consulta y guía al agricultor, al industrial, al comerciante y en general a cuantos quieran conocer lo que de notable mi provincia encierra”.

El escritor falleció tras una larga y penosa enfermedad, llevándose en su retina el paisaje de la Cuenca del siglo XIX, pues apenas le dio tiempo a ver el hundimiento de la torre de la Catedral y el no puente de San Pablo, inaugurado el 19 de abril de 1903, diez días antes de su muerte.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?