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Martes, 24 de Septiembre de 2019

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El Sporting saca petróleo de la isla

Un gol de Djurdjevic alarga la buena racha rojiblanca y mantiene al equipo gijonés a cinco o seis puntos del playoff, en función del resto de resultados

Los rojiblancos celebran el gol de Djurdjevic en Tenerife. /

Desde que aparcó el objetivo y se centró en su día a día, el Sporting ha empezado a acercarse al premio. Sin prisa, pero sin pausa. En Tenerife demostró que es un equipo al que le ha cambiado la racha. Se lo trabaja, con un estilo poco vistoso pero que da frutos. Los tres puntos sumados en la isla, en un partido que fue un paradigma de la efectividad, no le acercarán mucho al playoff (acabará la jornada a cinco o seis puntos de la sexta plaza), pero le mantienen como aspirante. Y prolongan un gran momento de resultados, unos números de campeón que, de no ser por el lastre arrastrado, le habrían disparado en la tabla.

El partido cumplió el guión previsto: un Tenerife que quiso y tuvo el balón y un Sporting que, despreocupado y confiado del estilo adoptado, renunció completamente a la posesión y esperó su oportunidad. Esta situación generó apuros a los rojiblancos en los primeros minutos, porque en esta ocasión la solidez defensiva no fue la habitual. Diego Mariño tuvo trabajo, obligado a intervenir ante un buen disparo de Suso, volando brillantemente para evitar un golazo de Borja Lasso desde la frontal y repeliendo otra clarísima ocasión de Malbasic. Erró en esa jugada un desafortunado Aitor García, no queriendo ceder un córner y cometiendo la temeridad de ceder de tacón a Luis Pérez, que asistió a su compañero. Afortunadamente, la intervención de Mariño evitó el disgusto.

Era evidente: si alguien estaba rondando el gol era el Tenerife. Por posesión, por llegada, por elaboración. Pero la fiera estaba dormida. Y por la fiera nos podemos referir tanto al colectivo como a un individuo concreto: Uros Djurdjevic. El gol fue un ejemplo de su principal virtud: el coraje. Djurdjevic fue el primero en tocar de cabeza un saque de esquina de Álvaro Traver (el único jugador de la plantilla que los saca rematables). El serbio peinó hacia el segundo palo, donde Álex Alegría logró desviar ese balón hacia portería. Lo rechazó el portero Dani Hernández, pero Djurdjevic entró con todo para empujar ese balón. Nadie sabía con qué parte concreta del cuerpo (cara, brazo, mano, hombro), el balcánico marcaba su noveno gol. En las imágenes se aprecia que mete la mano, pero fue una jugada tan rápida que ni vio nada punible el árbitro ni lo protestaron los jugadores del Tenerife, por lo que el tanto resultó válido. Y tan válido.

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El problema de Djurdjevic es que podía llevar tranquilamente 15 goles, si no fuera porque mete los difíciles y falla clamorosamente los fáciles. Se hizo evidente a los seis minutos de la segunda parte, cuando Álex Alegría le reobó la cartera a Luis Milla y le sirvió a su compañero un balón que era medio gol. Solo había que empujarla, pero el serbio golpeó horriblemente mal, con el empeine, y la estrelló en el portero.

Partido roto

En la segunda parte el partido cambió. El Tenerife dio todavía un paso más en busca del gol y el Sporting tuvo muchas más opciones de salir al contragolpe. Hubo llegadas y ocasiones por bando y bando. Suso perdonó una clarísima en el minuto 60, tras un desbarajuste defensivo del Sporting, pero a renglón seguido la tuvo Álvaro Traver, al que se le fue arriba su disparo tras tirarle un gran sombrero al exrojiblanco Isma López. Perdonó otra muy clara Ivi López, tras una buena combinación con Nacho Méndez. El tercero de los fichajes del mercado de invierno por fin ofreció detalles de calidad en los minutos de los que disfrutó. Hasta hubo tiempo para que Nick Blackman volviera a disputar unos minutos.

Mirar la tabla puede seguir generando frustración a los sportinguistas. Después de cinco victorias y un empate, el Sporting seguirá a cinco o seis puntos del playoff, adjudicada la victoria al Mallorca sobre el Reus y dependiendo de los resultados de Cádiz y Dépor en sus partidos como locales. Para evitarlo, conviene mantener la receta: olvidarse de objetivos que vayan más allá de ganar el viernes que viene, al Granada. Y que siga la racha.

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