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Martes, 22 de Octubre de 2019

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Las consecuencias del saqueo en El Pedernoso durante las guerras carlistas

Los hechos sucedieron en 1836 durante la primera Guerra Carlista en este pueblo de la Mancha de Cuenca

Cuadro 'Calderote, Primera Guerra Carlista', por Augusto Ferrer-Dalmau. /

En algún programa anterior de Así dicen los documentos, el espacio que coordina la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Almudena Serrano, y que emitimos los jueves en Hoy por Hoy Cuenca, ya hablamos de los problemas derivados de las diferentes guerras ocurridas en España durante el siglo XIX. Esta vez vamos a contar los hechos que ocurrieron en uno de los pueblos de la provincia de Cuenca, en El Pedernoso, en el año 1836, como consecuencia de la Primera Guerra Carlista.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Los hechos los conocemos por el expediente que se inició a instancia de José Piera, que era vecino de la villa de El Pedernoso, médico titular de la villa y Comandante de la Milicia Nacional y que se ve en la necesidad de elevar a vuestra excelencia los acentos del patriotismo ultrajado.

Comienza su exposición hablando del patriotismo y de la malicia de algunos hombres. Recordemos que en aquellos años, los patriotas eran los que estaban a favor de la reina y los facciosos los que defendían el derecho del Infante Don Carlos, hermano de Fernando VII, a ocupar el trono.

Bandera carlista del siglo XIX. / Wikipedia

Esta noble virtud, propia de los hombres libres, jamás podrá salir del aherrojamiento y desprecio en que la parieran la ignorancia y malicia de los déspotas, si vuestra excelencia no la fomenta por los medios del premio y castigo.

De poco servirá que el Gobierno de Su Majestad dé órdenes terminantes para que los ultrajes, robos y saqueos causados a los patriotas sean indemnizados a costa de los Carlistas y satélites del oscurantismo si a la vez, por la autoridad superior de la provincia, no se dan pruebas positivas de consideración y premios a los patriotas y severo castigo a los malvados, poniendo en práctica tan sabias como justas medidas.

El recurrente, cumpliendo con la orden del Gobierno de Su Majestad, no recontento como nacional en abandonar su casa y recibido, después de mil peligros, al Batallón de Belmonte, a que pertenece, seguir las órdenes de su comandante, sino que también hizo salir a su familia llevándose los efectos que la premura y posibilidad le dieron lugar, y en premio de tal obediencia entra la facción del infame Cabrera en su casa, rompe las puertas, destruye a su antojo y le roban los pocos granos de su labor, y cuantos comestibles tenía para la subsistencia de su familia.

Tenemos que recordar que cuando habla del infame Cabrera se refiere a un destacado militar del bando de los carlistas.

Ayuntamiento de El Pedernoso. / Wikipedia

Sigue exponiendo cómo en el pueblo se conocen los hechos que le ocurrieron: Al ayuntamiento y demás vecinos de esta villa les consta la certeza de su aserto y del furor de los facciosos cuando no pudieron saciar su sed de venganza en el más comprometido del pueblo o al menos con su familia.

Nuestro protagonista no parecía una persona fácil de convencer y firmemente convencido de sus ideas, según expuso él mismo: Al que suscribe no se arredra su compromiso ni sus furibundas amenazas que la facción lanzó contra su persona y está convencido que su existencia está íntimamente ligada a la causa de la libertad y trono Constitucional de Doña Isabel Segunda, por tanto,

Finalmente, en su instancia solicita que se le reintegren los daños ocasionados: A Vuestra Excelencia suplica que teniendo en consideración los repetidos padecimientos y pérdidas del que suscribe y su familia, que no han cesado desde los años pasados de mil ochocientos catorce hasta el día, y lo que está prevenido en la citada Real Orden, artículo 16, se sirva mandar se le reintegre de los daños y perjuicios a costa de quien haya lugar, librando al efecto comisión bastante para la tasación y demás y Vuestra Excelencia tenga por conveniente.

Para que estos daños y perjuicios fuesen resarcidos había que demostrar que lo que contaban en su exposición al inicio del expediente era cierto. Veamos cómo ocurrieron los hechos.

Cúmplase sin perjuicio de la jurisdicción constitucional que ejerzo y al efecto practica el comisionado por la Junta de Armamento y defensa de esta provincia…

Hágase saber a don José Piera la justificación que tiene ofrecida para la indemnización que solicita y evacuada que sea, se proveerá y para la actuación de estas diligencias se nombra como escribano a Luis Ortega, persona de confianza e inteligencia.

Se presentaron siete testigos y hemos elegido el testimonio de varios de ellos para conocer mejor qué ocurrió en el ataque a los bienes del médico de El Pedernoso.

El primer testigo se llamó Cristóbal Valero. Veamos qué declaró: Dijo que, como miliciano nacional, tuvo que abandonar el pueblo, pero tan luego como vino oyó de público y notorio que la casa de don Jose Piera fue la principal que padeció, tanto en los granos como otros efectos y enseres, llegando el furor de los malvados de Cabrera hasta el extremo de romper tres puertas, picados algunos tabiques y haciendo un sin número de destrozos en todos los muebles de la casa.

Y en cuanto a los padecimientos extraordinarios de su familia es de público y notorio por ser esta familia e hijos de Vicente Lozano y Perona, secretario que fue del Gobierno político de las provincias de Cuenca, Toledo y Valencia, que es cuanto le consta y puede decir con verdad…

El segundo testigo fue Rufino Álvarez, que era maestro carpintero y dijo que todo lo que expuso José Piera era cierto porque vio y presenció que la facción de Cabrera, luego que se presentó en esta, se interesaba demasiado en saber de la existencia o paradero del que le presenta y su familia, pero penetrados de que habían emigrado, se dirigieron a su casa, con ferocidad, la que fue saqueada excesivamente y rotas las puertas, mamparas y otros efectos, que al testigo le consta iguales los efectos muebles que le han sido robados, destrozados.

De todos los efectos estropeados en el saqueo y que tuvo que arreglar el carpintero se presentó una lista, que luego veremos, y que justifica así el carpintero: Los que constan en una lista que presento en este acto, con individualidad de los que son y su valor, todo con el objeto de que esta declaración no ocupe más tiempo en insertar en el cuerpo de ella todos los efectos que aparecen en dicha lista.

Le consta igualmente que no dejaron en las cámaras sin poder especificar su número de fanegas y lo mismo de los demás artículos comestibles, pudiendo sólo añadir que parte del tozino robado fue asado en medio de la plaza, y las gallinas que se sacaron a costales, que se comieron en varias casas de estos vecinos, llegando a tal extremo el deseo de destrucción que trataron de incendiar la casa que hubieran realizado, a no lo haberse interesado algunas personas.

Es decir, que la casa no la pudieron quemar porque se lo impidieron los vecinos de El Pedernoso pero destrozaron y quemaron barios papeles y libros, llevándose algunos de estos que es quanto puede decir, unas cosas por haberlas visto y otras por haberlas oído de público y n otorio, como lo es también el que esta familia, por haber pertenecido siempre al partido liberal, sufrió robos de consideración en los años pasados de veinte a veinte y tres, como insultos y persecuciones de toda clase…

El tercer testigo fue Juan Antonio García, comisionado para estas actuaciones. Le consta que la casa fue contra la que se estrelló el furor de la facción, robándola y saqueándola, destrozando puertas y quantos muebles se les antojó, amenazando a los que custodiaban su casa que serían fusilados sino presentaban caballo, armas y uniforme de su amo.

Otro testigo, José Ureste añadió que por el tono amenazador de los que componían la avanzada de la facción, no dudó que la casa del referido tendría que ser la que más padeciese, como de hecho se verificó, robándose y destruyéndose cuanto se les antojó, temiendo por la vida del comandante de esta milicia que pocos minutos antes había salido en retirada.

Además, este testigo presenció parte de los excesos que se cometieron contra los bienes del presentante por haber hecho la facción alarde de ello, sacando algunos de los efectos por medio de las calles.

Llegando a tal extremo su malvada intención que, ya que no pudieron vengarse en su persona, trataron de incendiarle la casa.

Además, se nos indica que esta familia, digamos, estaba señalada como liberal porque ya tuvieron problemas en casa del suegro del denunciante: En cuanto a los padecimientos de su padre político, Vicente Lozano y Perona, han sido de tal naturaleza que siendo una casa de cuatro pares de mulas con buen terrazgo y otras ha quedado reducida a una de las más pobres, que es cuanto sabe…

Juan García fue el quinto testigo, que trabajaba como criado en la casa saqueada, la del médico, y declaró que tan pronto como se presentó la facción en el pueblo, se dirigieron a la casa de su amo y después de golpear todas las puertas de la calle, con voces desentonadas y amenazadoras, le preguntaron dónde estaba el suegro de su amo.

Y contestándoles que había salido con su familia, después de darle algunos empellones, entraron a discreción en las habitaciones y rompiendo puertas, cajones de mesas, cómodas y cofres destrozaron y se llevaron quanto quisieron, haciendo lo mismo en las cámaras que dejaron vacías de los granos que habían en ellas, igualmente entraron en la bodega y tomaron el vino que les acomodó, y últimamente, en quanto a comestibles nada dejaron y para que no llegaran a los libros y papeles pero por ser de un liberal todo se ha de destrozar y quemar.

Y, en efecto, así lo verificaron, y a no ser por algunos vecinos que suplicaron, hubiese ardido la casa.

Igualmente dice que su hijo Marcos fue amenazado repetidas veces para que les dijese dónde tenía el uniforme y armas suyas y de los demás nacionales que las habían entregado, y de no hacerlo así sería fusilado, pero el muchacho fiel a sus amos, a pesar de saber dónde estaban escondidos los efectos porque preguntaban tuvo valor para negar su paradero y sufrió estar dos veces amenazado y en actitud de asesinarle.

Hubo dos testigos más y finalmente compareció José Piera, que era médico titular de la villa. Continuaron las diligencias del expediente y se añadió al expediente la relación de muebles que hubo de arreglar el carpintero, con el valor de lo que todo costó: Únanse a estas diligencias, como también la lista de los efectos robados y destrozados, que firmarán José Piera y el maestro carpintero, testigo en estas actuaciones.

Veamos qué objetos formaron parte de aquella Lista de los efectos destrozados y robados por la facción de Cabrera a José Piera, comandante de la Milicia Nacional de esta villa, y que nos permiten conocer qué mobiliario podía tener un médico en su casa, en aquellos años del siglo XIX. Veamos el mobiliario y el coste de su arreglo en reales, que se hizo el 14 de enero de 1837:

Tres puertas hechas pedazos

Una mesa de tocador con su espejo

Una mesa con seis cajones chapeada con nogal

Otra de piedra hecha pedazos

Unas vidrieras de la sala cocina con 20 cristales

Otras de diferentes salas

Dos rinconeras

Dos baúles

Un armario grande de guardar ropa

Un estante de libros

Un par de mesas de pino

Seis sillas de junquillo

Dos paraguas robados

Seis cuadros imitados a caoba con cristales

Un retrato de la Real Familia con su marco y cristal

Estos efectos parte de ellos han sido recompuestos por el que suscribe, como carpintero de la casa y de los demás que a continuación se expresan de la mayor parte le consta la certeza por entrar en la casa con frecuencia.

Otras cosas que se incluyeron en ese inventario fueron estas: Un par de pantalones de paño negro de buen raso y paño regular

Dos cortinas de damasco encarnadas

Una maleta

Unas alforjas nuevas

Ocho costales para trigo

Una capa usada

Un par de botas

Dos sábanas finas

Vidriado de cristal y de Manises

Ahora veamos los libros que tenían en aquella casa de El Pedernoso:

El diario universal de materia médica y terapéutica general en seis tomos, descabalada la obra y las demás que siguen

El Benjamin Constant curso de política, en tres tomos

Reflexiones sobre la naturaleza

Viajero francés

Además, los comestibles que se perdieron en el saqueo de la casa fueron estos: Diez fanegas de trigo que desparramaron

18 fanegas de cebada robada

Avena: tres o cuatro fanegas

Perniles de tocino

Suma total: 2916 reales.

Dichos perjuicios y otras frioleras que omito son las que han robado e inutilizado los defensores de la religión.

Declaración de Francisco de Paula Pacheco, hacendado.

A continuación del presente oficio y en honor de la verdad y justificación, debo manifestar a usted me consta, por ser de público y notorio, y por haber presenciado parte de los hechos, que la casa de José Piera ha sido la que más ha sufrido al paso de la facción de Cabrera, y con efecto la robaron y saquearon granos de labor y trigo, no dejando más que la poca escaña que tenía, perniles de tocino, gallinas, vino, pero sin poder especificar el número de fanegas, aunque es casa que frecuento por ser un amigo del dueño.

También me consta destrozaron varios muebles y su librería extraordinariamente poblada, extraviándose algunos tomos de sus buenas obras.

En cuanto al incendio, se pudo evitar aunque ya tenían legajos de cartas y papeles encendidos para consumar el incendio.

Y continúa agradeciendo la actitud valerosa del vecindario:

Al segundo extremo no puedo menos de aplaudir la conducta que este vecindario observó en esta y más casas porque a pesar de ser la del más decidido y comprometido del pueblo la respetaron y sintieron su desgracia mucho más porque ya en el año veinte y tres había sido saqueada en grande por ser de don Vicente Lozano y Perona, parece que la persigue alguna fatal estrella, y que la suerte adversa la persigue en todas épocas.

En cuanto al tercero, no sabe que la facción haya hecho distinción a no llamarse tales el no haber sido saqueadas todas y esto en todo caso lo atribuye más a la poca permanencia de la facción que a efecto particular hacia ningún vecino.

Es cuanto puedo decir en cumplimiento del sagrado deber de mi honor y de la justicia que asiste a José Piera.

Y leídos los testimonios de este documento podemos hacernos un idea muy precisa de cómo discurría la guerra, en el día a día, y cómo lo primero que se saqueaba eran las casas de quienes más tenían, destrozando lo que no servía y llevándose lo que podrían necesitar aquellos rebeldes.

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