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Domingo, 15 de Septiembre de 2019

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El cachirulo, de instrumento científico a juguete

El ingeniero industrial alicantino Juan Miguel Suay Belenguer realiza una tesis doctoral sobre la trayectoria científica de las cometas

La cometa o cachirulo, quizá el artefacto volador más sencillo y popular entre niños y mayores, parece hoy relegada a un mero juguete cuando, en realidad, durante siglos ha sido un instrumento científico de primer orden que ha ayudado decisivamente al avance de muchos y variados campos del saber.

Esta es una de las principales conclusiones de una original y pionera tesis doctoral sobre la trayectoria científica de las cometas del ingeniero industrial alicantino Juan Miguel Suay Belenguer, en la Facultad de Filosofía de la UNED.

A lo largo de 224 páginas bajo la dirección del filósofo David Teira y con nota de sobresaliente en 2013, Suay Belenguer ha repasado durante diez años el papel de este artilugio como elemento tecnológico desde que fuera inventado en China hacia el año 2.000 antes de Cristo.

Se trata de una dilatada historia que tiene como hito el año 1752 cuando Benjamin Franklin, uno de los 'padres' de Estados Unidos, hizo su famoso experimento con una cometa para crear el pararrayos.

El investigador y autor del estudio ha explicado en Hoy por Hoy Comunitat Valenciana, que el objetivo fundamental de su trabajo ha sido analizar por qué en una época se consideraba tanto su utilidad para la ciencia y al día de hoy no.

Han sido izadas para medir las temperaturas y la presión del aire, para ensayos eléctricos, al desarrollo de la aviación para los primeros aeroplanos, la toma de imágenes e, incluso, durante la I Guerra Mundial tanto por los franceses como los alemanes para conocer las posiciones del enemigo.

El célebre humanista del siglo XVIII Jorge Juan cuenta con un estudio sobre el vuelo de las cometas para indagar la resistencia de los fluidos y aplicarla a la eficacia en la construcción de las velas de los navíos.

Entre otros motivos, su utilidad radica en que vuela a partir "de los mismos principios que un avión", lo que ha llevado a matemáticos de varias generaciones a investigar con detenimiento su mecánica.

Por ello, Suay Belenguer ha reivindicado la trayectoria científica de las cometas frente a la visión exclusivamente lúdica, como ha lamentado que únicamente refleja la Real Academia Española (RAE) en su diccionario, donde señala que cuenta con "una cola de cintas o trozos de papel" y que sirve para "diversión de los muchachos".

También llamado volantín, cachirulo, sierpe, papaventos, pandero, barrilete, abilucho o estel, entre otros nombres, la cometa fue sustituida en un primer momento en la Ciencia por los globos y, a su vez, a éstos les ocurrió lo mismo por los aviones, satélites y últimamente los populares drones.

La conclusión es que la cometa ha pasado al olvido, que es un instrumento científico fracasado hasta el punto de que no se conservan apenas unidades antiguas, según Suay Belenguer, nacido en Valencia hace 58 años aunque vive desde niño en Alicante.

Decidió estudiar las cometas por la larga tradición que existe en la Comunitat Valenciana, donde especialmente se vuelan cada Domingo de Resurrección y el 'día de Mona' ya sea con unidades de tipo rectangular, hexagonal, delta o en forma de pera, estrella, diamante o de serpiente, entre otras figuras.

 

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