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Raiza: "Nunca olvidaré el sonido de las tanquetas llegando donde vivíamos"

Llegó a Fuenlabrada hace seis meses huyendo del miedo y la precariedad en Venezuela

Raiza Mota nos cuenta su experiencia tras salir de Venezuela y después de llegar a Fuenlabrada hace seis meses. /

Raiza vino a España con su hija de 20 años y su marido para reunificar a la familia. Su hija mayor, vive aquí desde hace un año, tras abandonar el país después de una dura experiencia en la Universidad. Fue ella la que se trasladó de Getafe a Fuenlabrada para encontrar un piso que convertir en el nuevo hogar de una familia a la que hace mucho tiempo que no veía.

El marcharse de Venezuela “lo decidimos hace muchos años. Cuando comenzaron los disturbios, por el 2013, 2014, hubo problemas en la Universidad que fue atacada por los motorizados, grupos afectos al gobierno de Maduro”, nos cuenta. Entonces su hija mayor que estudiaba cuarto de Ingeniería Civil en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, quedó encerrada en el recinto. “Fue mucho el pánico que vivimos”, recuerda. Pero también fue la espita que provocó que la hija mayor de Raiza se marchara del país a Panamá, México, para terminar en España y en el sur de Madrid.

Pasaron unos años y a la menor de la familia le llegó el turno de la Universidad. Fue cuando volvieron los disturbios en 2017. Recuerda como una vez “la Guardia Nacional ingresó a nuestro domicilio, nos tumbaron los portones, nos dispararon al coche, hacia las residencias, a mi casa lanzaron bombas lacrimógenas, una situación muy fuerte”. Llegó un momento, afirma, en que a su hija “la tenía casi encarcelada en casa, porque sentía que me la podían malograr y dijimos, no, nos tenemos que ir ya, en este momento”.

Raiza también ha vivido la precariedad sanitaria. La tenían que operar, pero le dijeron que “la sangre para transfusión no había sido tratada, se iba la luz, el quirófano estaba contaminado y me tuve que salir de Venezuela sin operarme”.

Vendieron el coche y todo lo que de valor tenían y partieron para España. Eso sí, sin los documentos educativos de su hija, ni los informes sanitarios de Raiza, ni su titulo de abogada. En muchos casos, en el aeropuerto, los documentos “eran extraídos o destruidos” y por eso no se los trajeron consigo, así que en España están empezando de cero.

Asegura que la opción de venir a vivir a Fuenlabrada, una vez en nuestro país, “fue la mejor opción, porque me siento muy bien en Fuenlabrada. Llegamos con muchos temores del trato que nos fueran a dar, yo nunca había venido a España. Pero por el trato, puedo sentirme satisfecha. He conocido personas que para mi han sido maravillosas”. Ya aquí, pasados casi siete meses, dice que no olvidará ciertas cosas. “El sonido de las tanquetas llegando donde nosotros vivíamos, es un sonido que nunca se va a olvidar. Había muchísimo, muchísimo miedo”.

Raiza es una de las personas integradas en el proyecto Vulcano, cofinanciado por la UE y el Ayuntamiento fuenlabreño. Sigue un curso para su integración laboral. “Estoy satisfecha y agradecida con todos, la acogida ha sido bien importante. Cuando me acerqué al proyecto, en el CIFE enseguida me atendieron y brindaron apoyo. En este momento la finalidad es poder prepararme, de acuerdo con las normas de aquí de España, para poder ingresar en el ámbito laboral. Estoy segura de que lo voy a conseguir”.

Ahora Raiza, mujer coraje y valiente, lo tiene claro. “Siento el vacío emocional de mi gente, pero no me siento extranjera aquí”.

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