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Jueves, 20 de Junio de 2019

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El café en la historia, en Así dicen los documentos

Esta semana en "Así dicen los documentos", con Almudena Serrano Mota, nos adentramos en está bebida y su repercusión en la historia

En el programa de hoy vamos a hablar del café en la Historia y de algunos ilustres bebedores de este líquido que tan bien nos sienta, en general…

Como tantas cosas, tuvo sus defensores y detractores, incluso quien le consideró como un veneno. Y esto quedó escrito:

 Tanto por los que han tomado su defensa, como por los que han reprobado esta costumbre en la sociedad, me ha inducido a reunir cuanto se ha dicho sobre estas dos admirables producciones.

Veamos entonces qué historia hay tras el café y algunas curiosidades que he traído para el programa de hoy.

Sobre la Historia del café debemos recordar lo que se nos ha transmitido sobre su descubrimiento, allá por el siglo XIII, en África, en Yemen, a donde un religioso fue enviado por su comunidad a vivir en penitencia a una montaña cercana, donde sólo podría alimentarse de lo que encontrase, exclusivamente, es decir de plantas, que era lo que le rodeaba.

Parece ser que entre los arbustos que abundaban en aquel terreno probó unos frutos de uno de aquellos arbustos que encontraba con tanta facilidad…

Y al calentar aquellos frutos, le pareció que se encontraba mucho mejor en aquella forzada soledad. Cuando le visitaron, lógicamente, les comentó lo que le ocurría cuando tomaba aquellos frutos. Los demás, bebieron del referido cocimiento y como no les pareció desagradable, se llevaron ciertas cantidades de aquel fruto al convento.

Según se cuenta en uno de tantos libros dedicados a la Historia del Café, pronto se generalizaría su uso en todo el país. Aquel descubrimiento le valió al monje que el Príncipe de Moka le perdonase y levantase aquel destierro.

Y desde entonces, el café se fue propagando por diversos lugares como Siria, Egipto y otros territorios de Oriente…

En aquellos países este arbusto nacía de forma espontánea, y pronto se comenzó a comerciar con el café.

Sabemos que en la ciudad de Constantinopla, a mitad del siglo XVI, se abrió una tienda en la que el público podía entrar y tomar aquel delicioso licor cuyo placer experimentaban anticipadamente las gentes, por las entusiasmadas relaciones que de su virtud habían oído.

Y a París llegó en el siglo XVII…

Así fue y esto ocurrió con la llegada de un embajador turco que lo usaba con profusión.

En el año 1690, los holandeses se encargaron de difundirlo en América siendo un hecho averiguado que todos los cafetales existentes en el continente de América, así como en las islas de Barlovento y Sotavento, han sido propagados de una sola planta traída de las Indias orientales por los holandeses.

El café fue extendiéndose tanto que las variedades de este arbusto y calidades del fruto provienen, como en las demás plantas, de las peculiaridades del clima y terreno donde se cultiva.

Veamos ahora a aquellos ilustres bebedores de café de los que hablamos al principio…

Así es, porque el café tuvo muy ilustres personajes que lo tomaron con gran asiduidad, como Federico II, rey de Prusia, que lo tomaba en campaña, en la corte y en su retiro, varias veces al día.

O el filósofo Voltaire, que lo bebía mucho y muy fuerte. Y también Napoleón:

Napoleón I, en sus momentos más felices, así como en los de mayor vejación, mandaba traerse café.

El filósofo Fontenelle que vivió 100 años y siempre estuvo escribiendo, al oír en una reunión que el café era un veneno lento, respondió con risa burlona: ‘muy lento debe ser sin duda este veneno, pues que lo he bebido con uso continuo por más de 80 años y siempre con mucho provecho’.

En la actualidad, se ha hecho tan general en casi toda Europa la bebida del café que son muchos los favoritos que cuenta entre los personajes ilustres.

 

 

 

Pero no sólo los ilustres, el autor Vilardebó escribió esto:

La clase baja en Europa ha cobrado ya muchísima afición a esta bebida. Cuya costumbre ha merecido por parte de algunos escritores el favorable concepto de haber contribuido eficazmente a la propagación de la sobriedad.

Y ahora vamos a conocer qué opinión tenían algunos autores antiguos sobre el uso y el abuso del café:

Algunos autores antiguos que se ocuparon de la bebida del café, habían ya observado a qué clase de personas perjudicaba el café y a quiénes servía de utilidad el uso de esta bebida, mas las extravagantes teorías que cada uno formaba con respecto de su acción contribuían todavía más y más a ofuscar el conocimiento de la verdad.

El médico Tomas Willis, que vivió en el siglo XVII, al hablar del café dijo esto:

A la verdad, el café es muy provechoso en aquellas enfermedades o indisposiciones de cabeza, vértigos, catarros y otras.

Otra opinión fue esta:

Sirve para las crudezas del estómago, para las enfermedades que dependen de esta causa y que aprovecha particularmente a aquellos que beben sólo agua y que hacen poco ejercicio.

Y otra opinión más:

El uso del café, lejos de debilitar las fuerzas en aquellos sujetos que son de buen temperamento y robustez, antes bien les aumenta mucho más su vigor, mientras que, al contrario, en las personas endebles y delicadas que abundan en humores superfluos, les causa debilidad.

Sobre el café todos los autores estuvieron de acuerdo en que conviene a las enfermedades contraídas por debilidad, a los temperamentos flemáticos, a las personas excéntricas, en las que el estómago conserva los alimentos mucho tiempo, con sentimiento de peso en la región epigástrica o del estómago.

Y, también, todos los que escribieron sobre el café coincidieron en que sus virtudes son de secar todos los humores fríos, que disminuye las ventosidades, fortifica el estómago, abre las ganas de comer, ayuda la digestión y quita los dolores de estómago, destruyendo el fermento ácido que está sobre el fondo de él, corrobora el hígado, alivia los dolores flatulentos del bazo, purifica la sangre y quita las palpitaciones del corazón.

Además, se dijo esto:

Ayudará a los que padecen jaqueca, cargazón de cabeza, vértigos, modorra, letargo, etc, por causa fría, y a los que padecen fluxiones catarrales y reumáticas.

Esta bebida abre las obstrucciones, aviva los espíritus y por esta causa quita el sueño.

Ahora vamos a ver cómo se preparaba el café siglos atrás:

La preparación del café con el objeto de que tenga todos sus principios activos, así como la eficacia de toda su acción sobre la economía, es de más importancia de lo que parece, y no siempre se tiene el cuidado que se requiere en una sustancia que tanto se usa, y que con tanta facilidad pierde sus agradables cualidades.

La torrefacción del café es una operación que necesita bastante atención, para que esta bebida tenga el gusto apetecible. Si se tuesta mucho, se destruye en gran parte el fino olor aromático que posee, y adquiere un olor menos agradable y un gusto más amargo. Tostándolo poco, no se desprende cuando su infusión la parte aromática.

El modo más usual y adecuado de tostarlo era este: ns una vasija cilíndrica puesta sobre una especie de anafé, a la que se le dan vuelta sobre un eje con movimiento regular y moderado, consiguiente que todo el café se tueste con muchísima igualdad.

En Arabia tuestan el café con una olla de barro pero saben bien por su práctica el verdadero punto que debe tener para que quede con toda perfección.

Y ahora veamos qué se debía hacer una vez que el café estaba tostado:

No debe guardarse largo tiempo, porque absorbe mucha humedad y pierde su fragancia, pues cuanto más próxima es la preparación a su torrefacción, más reunidas están sus buenas cualidades, siendo tanto mejor si se muele el café al tiempo que hierve el agua para hacer su infusión.

Según José Vilardebó lo mejor es el filtrador para preparar café y en ausencia de éste se echa el agua hirviendo sobre el polvo del café y se pone al fuego por algunos minutos, nunca más de diez.

Este es el café de puchero que tanto se usó en nuestros pueblos, y no hace tanto tiempo…

Y ahora viene el modo de tomar el café con leche, que tampoco lo hemos inventado nosotros…

Los que acostumbran poner leche en el café, deberían calentarla antes de mezclarla porque la leche fría apaga su olor y lo hace menos saludable.

Con el café había que tener ciertas precauciones en su conservación:

Como el café tiene la propiedad de embeber fácilmente las exhalaciones de otros cuerpos, debe tenerse cuidado de mantenerlo aislado, o separado de sustancias que tengan olor o desprenden emanaciones, pues de lo contrario suele adquirir un olor y sabor desagradables, quedando así averiado con suma facilidad.

Y para finalizar nuestro programa he traído datos de la producción de café en Puerto Rico, en el año 1849, una cosecha que fue excelente, según nos dicen los documentos. El intendente don Manuel Núñez dio cuenta al Secretario de Despacho de Hacienda de aquella abundante cosecha, de la que se ha obtenido un precio doble al de 1848. Además se informaba del buen aspecto que presenta la cosecha de azúcar.

Creo justo y en extremo necesario para dar algún alivio al ánimo de vuestra excelencia, afectado sin duda como lo está el mío, por la multitud de comunicaciones desagradables que desde octubre me he visto en la triste precisión de dirigir a vuestra excelencia, el anunciarle que la cosecha de café no sólo ha sido abundantísima en el año de 49, sino que se ha logrado un precio próximamente doble del que tuvo este fruto en 1848.

Las haciendas de caña presentan en este momento el aspecto más lisongero, quizá sin otra excepción que la del distrito de Guayamá, donde desgraciadamente sobrevino una funesta sequía cuando las lluvias eran abundantísimas en todos los otros puntos de la isla.

Veamos los motivos por los que eran tan perjudiciales aquellas lluvias:

En la actualidad continúan las aguas con algún exceso en general. Mientras llueve son penosas las faenas de corte y acarreo, y suele la excesiva humedad influir en la calidad de los azúcares, que es mejor en el tiempo seco y caluroso.

A pesar de este inconveniente que debe cesar en la semana entrante, con la aparición de las nueva luna, están muy animados los hacendados, porque la cosecha, que es muy abundante, está asegurada, al mismo tiempo que las noticias de precios son satisfactorias, aunque se dice ser considerables las existencias en Inglaterra y no haber causado las inundaciones del Misisipí en la Luisiana los daños que se calcularon cuando aquellas ocurrieron.

Y como curiosidad final para el programa de hoy he traído unos ejemplos de los cafés que hubo en Madrid, y que los conocemos por los datos publicados en una revista semanal de anuncios comerciales donde también se publicaban ofertas de empleo y pasatiempos. Esta Revista se repartía los domingos en varios cafés de Madrid por los propios camareros de dichos establecimientos.

Los cafés donde se repartía en Madrid eran los siguientes: Gran Café Colonia, Alcalá 3 y Montera 10.

Gran Café Comercial: Glorieta de Bilbao y Fuencarral

Gran Café de Lisboa, Mayor,

Gran Café de San Sebastián, Atocha y Plaza del Ángel

Gran Café de Zaragoza, Antón Martín esquina León

Gran Café Nuevo Oriental, Puerta del Sol

Nuevo Café Mercantil, San Bernardo

Nuevo Café de San Millán, Toledo

Qué será, que cada vez que se habla de café a uno le entran unas ganas enormes de tomar uno…

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