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Candidato a nada

El Sporting demuestra una vez más su incapacidad para acercarse al playoff y solo un milagro inesperado le permitiría salvar la temporada

Por desgracia, un año más, los pesimistas tenían razón. El humo en Gijón se agotó con el incendio del miércoles. El partido ante el Lugo, saldado con un paupérrimo empate a cero, confirma que este Sporting no da el nivel ni siquiera para tener aspiraciones de ser sexto en Segunda División. Es un equipo ramplón, desesperante, con una falta de calidad escandalosa, sin plan B futbolístico y que no da para más que para vagar por mitad de la tabla. Le pone voluntad, pero no tiene fútbol. Y así es imposible. El proyecto está abocado al fracaso, como muchos temían, algunos autoengañándose. Este Sporting no merece subir a Primera, y aunque el fútbol no sea siempre una cuestión de justicia, la realidad se ha acabado imponiendo.

El partido del Sporting ante el Lugo no fue tan diferente a otros: un inicio prometedor, con intensidad y unas cuantas llegadas, aunque pocas ocasiones; una inercia que se va apagando con el paso de los minutos hasta ver un equipo errante por el campo sin ideas ni alternativas. Si acierta una vez y no se equivoca mucho atrás, gana. Si falla una vez, pierde. Es siempre el mismo Sporting y todo depende de alguna acción puntual en una u otro área.

Pudo ganar el Sporting. De no haber estado en fuera de juego Peybernes en el gol anulado en el arreón inicial o en su posterior lanzamiento al palo, o de haber chutado con más fe Álex Alegría en un disparo que a punto estuvo de colarse entre las piernas del portero, podría haber ganado y seguirían las cuentas de la lechera. Igual que pudo perder, si el Lugo no fuera aún peor equipo que el Sporting (como es lógico) y Manu Barreiro no hubiera desperdiciado una ocasión de oro en el tramo final, un mano a mano con Dani Martín tras una gran jugada de Gerard, que se fue por encima de la portería por una mala colocación del ariete.

El partido de este domingo tuvo un matiz con respecto a otros: el Sporting tuvo más posesión de balón que el contrario, pero directamente porque el Lugo no quería la pelota. Consciente de sus propias limitaciones, el equipo gallego plantó el autobús delante de su propia portería, con una defensa de cinco, y durante casi toda la primera parte se limitó a esperar. Llegar hasta la portería de Dani Martín le parecía una proeza; había un abismo. Algo no muy diferente a lo que ha hecho el Sporting en otras ocasiones. Pero tener la pelota supuso un grave problema para el equipo gijonés, porque puso de relieve todas sus carencias. Directamente, no sabían qué hacer con ella.

En ataque, sin Djurdjevic, el mejor del Sporting fue Peybernes. Con eso, está todo dicho. El partido volvió a dejar patente por qué no juega nunca Robin Lod, un internacional al que se fichó para marcar la diferencia y echarse al equipo a la espalda y al que la afición del Sporting despidió con una buena bronca. Álex Alegría estuvo perdido, Pablo Pérez peleó sin éxito, Traver jugó acelerado, a Nacho Méndez cada partido le pesa más la situación y Cofie comete errores impropios de un jugador de su supuesto nivel que echan por tierra su trabajo durante el partido.

El Molinón se desesperó ante el recital de fallos, la falta de criterio con el balón, el bajo nivel de calidad de la plantilla perpetrada por el encadenador de fracasos, Miguel Torrecilla. ¿Qué pensaría el presidente Javier Fernández desde la primera fila del palco, presenciando semejante recital, tal exhibición de incapacidad de la plantilla construida por el hombre al que se ha entregado en cuerpo y alma? ¿Está conforme? ¿Le vale? ¿No ve la realidad? ¿De verdad va a dejar que la próxima temporada, con menos dinero, los mismos perpetren otro proyecto? Porque este año, aunque matemáticamente no sea imposible, la temporada está perdida. En todos los sentidos.

El público, que ya mostró su enfado durante el partido, despidió al equipo con una sonora bronca. Algunos se fueron incluso enfadados al no llevarse los puntos el Lugo, equipo amigo y uno de los desplazamientos más apetecibles en Segunda. Porque casi todo el mundo asume que la cuota de milagros ya está agotada.

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