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, 22 de de 2019

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Pentecostés

Según la tradición cristiana, la celebración de Pentecostés conmemora el momento en que los apóstoles de Jesús recibieron el don del Espíritu Santo. En las clases de religión, hace varias décadas, me enseñaron que el Espíritu Santo permitió a los apóstoles predicar el mensaje de Jesucristo empleando su propia lengua, pero siendo capaces de que cualquier persona, de cualquier lugar, los entendiera. Un milagro, vamos.

Berlín, la ciudad en la que vivo, celebra Pentecostés de una forma peculiar, pero haciendo referencia de forma indirecta a este milagro. El fin de semana de Pentecostés se realiza en el barrio de Kreuzberg el “Carnaval de las Culturas”: un encuentro de la diversidad cultural de Berlín. Se trata del mayor estandarte de eso que funciona de reclamo de visitantes tanto o más que la Puerta de Brandeburgo: la multiculturalidad de la capital alemana.

Recuerda en cierta forma el sentido de Pentecostés, porque es un enjambre de lenguas, colores y rasgos étnicos. Una ensalada cultural en la que todo el mundo se entiende, no sólo a pesar de las diferencias sino, quizás, porque nos encontramos reconocidos en ellas.

La fiesta dura tres días, pero el punto álgido se vive el domingo de Pentecostés con un colorido y exhuberante desfile lleno de música, bailes folclóricos y un buen ambiente que hace olvidar por unos días el carácter agrio de muchos berlineses.

Este domingo desfilaba por vez primera un grupo de miembros de la comunidad ecuatoguineana de Berlín. Era la primera vez, repito, y su programa para el desfile contenía bailes tradicionales de Guinea Ecuatorial, como es de esperar. Sin embargo, el vehículo que abría su delegación y que emitía la música para sus bailes llevaba una enorme pancarta con el lema: “El único país hispanohablante de África.” En estos tiempos de revisionismo histórico en los que parece que tengamos que avergonzarnos continuamente de hechos que ocurrieron hace siglos, es refrescante ver que esta comunidad africana considera nuestra lengua que es la suya, su principal rasgo de distinción. Les sirve de puente con Europa y con el otro lado del Atlántico. Están orgullosos de ella. Tanto, como para subrayarlo la primera vez que se presentan ante Berlín, que es casi como presentarse ante el mundo.

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