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Martes, 23 de Julio de 2019

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¿Cómo se diagnostican los problemas gastrointestinales de los niños?

Desde pruebas poco invasivas hasta gastroscopias y colonoscopias

No todas las pruebas gastrointestinales a los niños son invasivas o agresivas /

El pediatra Iván Carabaño ha pasado por ‘Hoy por Hoy Madrid Sur’ para repasar las pruebas que diagnostican los posibles problemas gastrointestinales de los niños.

TEST DEL ALIENTO.

“Es una prueba que sirve para saber si tenemos o no una infección por una bacteria llamada Helicobacter pylori. El fundamento de la prueba es que esta bacteria tiene una enzima llamada ureasa, que es capaz de metabolizar la urea. El test del aliento consiste en ingerir una pequeña cápsula que contiene urea, y soplar media hora después. Al soplar, se cuantifica una molécula fruto del desdoblamiento de la urea. Su indicación principal es comprobar que el Helicobacter se ha erradicado después de haber sometido al paciente a un ciclo de tratamiento”, ha explicado.

TEST DE HIDRÓGENO ESPIRADO-LACTOSA.

“Esta prueba sirve para constatar si se tiene o no una intolerancia a la lactosa. Muchas veces la clínica es más que suficiente para establecer este hecho. La prueba es muy sencilla. Consiste en ingerir una solución con lactosa, y soplar cada media hora durante 2-3 horas. En el aire espirado se mide la cantidad de hidrógeno, que es un gas cuya presencia aumenta si hay intolerancia. Todo aumento de más de 20 partes por millón sobre la basal se considera patológico”, apunta el pediatra.

TEST DEL SUDOR.

“Es una prueba que sirve para construir el diagnóstico de fibrosis quística. Las personas con fibrosis producen un sudor aumentado en cantidad, y más rico en sal. La prueba consiste en medir si hay mucho cloro en el sudor del paciente. Está aumentado en las personas con fibrosis”, resume Carabaño.

PHMETRÍA/IMPEDANCIOMETRÍA.

“Esta prueba sirve para establecer el diagnóstico de la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Consiste en la introducción de una especie de cable fino con electrodos a distintas alturas en su interior. Los electrodos registran las variaciones de pH y el movimiento de líquidos durante 24 horas. Partiendo de dicho registro se elaboran unos índices específicos que ayudan al clínico a saber la magnitud del reflujo del paciente”, añade.

GASTROSCOPIA.

“Es una prueba que consiste en la introducción de una cámara por la boca. Dicha cámara va conectada a un cable grueso que se puede manipular desde el exterior, y que nos sirve para visualizar directamente la parte más proximal del tubo digestivo: esófago, estómago y duodeno. Se hace bajo anestesia”, matiza.

COLONOSCOPIA.

“Lo mismo que la anterior, pero la cámara se introduce por el ano. Sirve para visualizar el intestino grueso”, concluye.

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