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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Sobre el regreso de Paulino Rivero

 

Poco ha tardado Paulino Rivero en pasar factura de sus viejas deudas: Rivero ajusta cuentas con sus derrotados compañeros de partido, construyendo, como ha venido haciendo desde el minuto uno de su vida política, un catálogo de mentiras, verdades a medias y mixtificaciones, para explicar que Coalición murió el día que él se quitó de en medio, que él fue un presidente muy progresista y que la culpa de lo que ha pasado la tiene la ambición de Clavijo, que no quiso irse a tiempo e impidió un acuerdo de centro derecha.

Mentira uno: el golpe de gracia a Coalición Canaria no se produjo al irse Rivero, se produjo cuando Rivero llegó, precisamente al forzar desde la presidencia del partido la quiebra de Coalición que provocaría un cisma interno y la creación de Nueva Canarias. Nadie recuerda ya que Román, presidente grancanario de Coalición, dejó de serlo porque Rivero lo sacó a cajas destempladas de la candidatura, alegando que había llegado el momento de la alternancia.

Y para mentira dos, la del presidente progresista. Rivero ha sido el político más antisocialista de la historia de Canarias. Como presidente de su partido cerró dos acuerdos regionales con el PP, cuando aún ni había acabado el recuento de los votos. Aplicó siempre una política radicalmente conservadora en lo social, pueblerina, autoritaria y demagógica. Su enfrentamiento personal con su vicepresidente Soria le llevó a una bronca monumental con el Gobierno de la nación, y después a cerrar un acuerdo con el PSOE durante el que quiso reinventarse como progresista.

Y mentira tres: que Clavijo no quiso irse. Rivero sabe que es falso. Sabe que estaba cerrada su salida con el PP y con Ciudadanos. Sabe que lo que impidió el acuerdo de centroderecha no fue la negativa de Clavijo a irse, sino la de Antona a entrar. Primero a entrar él, y luego, con su llamada a Curbelo, a que le sustituyera María Australia Navarro, tal y como había acordado Génova con Coalición.

Pero a Rivero no le importa la verdad, ni mucho menos el futuro del que fuera su partido, ni lo que le ocurra al nacionalismo en Canarias. Lo que le preocupa es cobrar sus deudas. Y en ello está.

 

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