Últimas noticias Hemeroteca

Sábado, 21 de Septiembre de 2019

Otras localidades

La Playa de Cuenca: cómo se gestó y las anécdotas que no sabías

Se inauguró en el verano de 1943 y ha llegado a nuestros días como lugar de esparcimiento estival, pero ¿cómo eran los baños en Cuenca sin la playa y sin piscinas?

Inauguración de la Playa Artificial. /

Uno de los primeros recursos turísticos que la ciudad de Cuenca llevó a cabo, a finales de la primera mitad del siglo XX, aprovechando el entorno de sus bellezas naturales de piedra y río, árboles y plantas, fue el de convertir un tramo del río Júcar, en Playa Artificial, en la anchura del paraje acuático, a dos kilómetros del puente de San Antón. Una playa que sorprende al visitante, tanto por la disposición de las zonas de baño como de su escenario o anfiteatro natural de roca que la rodea, festoneando la Hoz. ¿Cuántos años tiene la denominada Playa Artificial? ¿Cómo eran los baños en Cuenca sin la playa y sin piscinas? Son interrogantes que nos va a desvelar José Vicente Ávila en esta nueva etapa de Páginas de mi Desván, el espacio que emitimos en Hoy por Hoy Cuenca.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

La Playa Artificial, como servicio público en suelo municipal, y a través de arrendamiento, acaba de cumplir 76 años de historia desde su inauguración en julio de 1943, pero ocho años antes, en 1935, ya se dio a conocer el proyecto de poner en marcha la Playa de Cuenca, e incluso un año antes se inauguró la primera piscina pública para niños en el Vivero Municipal, lo que entonces suponía todo un hito, si tenemos en cuenta que en el primer cuarto del siglo XX sólo estaban obligados a tener piscinas públicas los ayuntamientos de más de 30.000 habitantes y Cuenca estaba en poco más de la mitad. El Padrón de la capital en 1934 era de 18.749 habitantes, de los cuales, 9.239 eran varones y 9.510 eran hembras.

Menos mal que estaban el Júcar, el Huécar y el Moscas para darse un baño, aunque fuese furtivo, ante la falta de piscina o casas de baños. Las noticias de entonces apuntan a que sólo los más jóvenes, y sólo chicos, se bañaban en zonas del Júcar o el Moscas, con peligro además de ahogarse por no saber nadar, mientras que a las mujeres las mandaban a lavar la ropa al río Huécar. En el año 1924 se estableció el Estatuto Municipal que recogía en su artículo 205 la obligación para los Ayuntamientos de más de 30.000 habitantes de construir casas de baños o piscinas de carácter gratuito y económicas para las clases obreras con el fin de facilitar el servicio de aseo público, como si los habitantes de las ciudades o pueblos más pequeños no tuvieran el derecho a ese baño ducha. Por tanto, se pedía desde las páginas de El Día que aunque Cuenca no alcanzase ese número de habitantes debían construirse baños obligatorios. Hubo algunos baños públicos en la ciudad, aunque la primera piscina pública municipal no llego hasta el verano de 1934, en plena República, tras no pocas dificultades.

Imagen de la primera piscina de la Playa, destruida al caer una gran roca. / Guía Urbana y Turística de Cuenca, de Santiago de Dios, 1969

Conociendo los antecedentes de aquellos años, la puesta en marcha de esa piscina debió ser todo un acontecimiento. Sólo faltó la Banda de Música para amenizar los chapoteos. La piscina fue construida por parte del Ayuntamiento republicano en el Vivero Municipal, conocido como de Santa Ana, siendo inaugurada el 15 de julio de 1934, como bien recoge El Radical de Cuenca en una información titulada “Una buena obra municipal”, resaltado en uno de los párrafos que “el domingo fue inaugurado y el éxito más rotundo correspondió a sus proyectistas e iniciadores de la idea, pues fueron muchos los pequeñuelos que encontraron a más de la práctica higiénica que significa el bañarse, el esparcimiento que supone tal deporte como base de juego sin peligrosidad”.

Recogía la prensa que se trataba de una “piscina para niños” en la que era necesario separar al público de los pequeños bañistas y aún más obligatorio “construir una caseta donde los niños puedan vestirse y desnudarse”. No distingue la noticia entre niños y niñas.

Tras la apertura de la piscina empezó a cobrar fama la construcción de la Playa de Cuenca, como así rezaba en los carteles. Los aficionados conquenses al deporte, y sobre todo a la natación, ya realizaban algunas pruebas en ferias en el paraje conocido como el Tablón de Manzanares, donde se iba a construir la Playa, por iniciativa del deportista César Martínez, uno de los fundadores del Sporting Club Cuenca, con el apoyo del arquitecto municipal Fernando Alcántara, del que recordamos fue autor de otras obras en la ciudad entre 1926 y 1927 como la plaza de toros, el kiosco del Parque, la remodelación de la Torre de Mangana de estilo mudéjar, la recuperación de las Casas Colgadas y otros edificios importantes de Cuenca en los siguientes años.

Anuncio de la construcción de la Playa de 1935. / Semanario Deportes, abril 1935

Informaba el semanario Deportes de Cuenca, impreso en papel de cartulina que le daba peso y poso periodístico:

“Un gran aficionado al deporte va a crear, en uno de los rincones más bellos del río Júcar, una gran obra, como lo será la realización de la Playa de Cuenca, empresa que se está acometiendo con gran intensidad, bajo el proyecto del arquitecto municipal, Fernando Alcántara.

La obra a realizar es magnífica, cuya dotación para la natación es perfecta, ya que el pueblo conquense dispondrá en Playa de Cuenca de todo lo necesario para la práctica de todos los deportes acuáticos: playa, barcas, balandros y autoboards.

El magnífico chalet que Playa de Cuenca construirá en el rincón más bello de la hoz del Júcar tendrá todas las exigencias modernas: gran restaurant, solárium, salas de baile, terrazas, en definitiva, el proyecto del señor Alcántara, moderno y magníficamente realizado, embellecerá aún más lugar tan conocido”.

Inauguración Playa Artificial. / Luis Pascual

Incluso se felicitaba por adelantado a los que concibieron tan magna obra como Playa de Cuenca, cuyo principal inspirador era César Martínez. El proyecto estaba en marcha se iba a publicar la licitación, pero pocos meses después estalló la guerra civil y siguió la posguerra.

Tuvieron que pasar ocho años para que el proyecto de la Playa de Cuenca saliese de nuevo a la palestra y fuese por fin una realidad. Dado que en el Ayuntamiento ya estaba elaborado el proyecto de Alcántara para la playa, el alcalde Jesús Merchante dispuso que se llevase adelante junto a la reparación del Puente de los Descalzos. Así, en la reunión plenaria de la Comisión Permanente del Ayuntamiento del 17 de octubre de 1942 se acordó sacar a concurso, por veinte días, el proyecto para la construcción de la playa artificial y llegar a la expropiación forzosa, si fuese preciso, de los terrenos de huerta lindantes con ella.

Citas de parejas en la playa en la década de los cincuenta. / Luis Pascual

En esa misma sesión se acordó abrir un concurso de proyectos para la instalación del servicio de trolebuses, así como la adquisición del cobre necesario con destino al tendido de la línea del trolebús. Tres meses después, en enero de 1943 se informa que ha llegado a Cuenca el contratista de la Playa que en la ribera derecha del Júcar, en el sitio denominado “Tablón de Manzanares” construirá nuestro Ayuntamiento e incluso se decía que para el mes de junio estará completamente terminada, y no fallaron las previsiones porque la Playa se inauguró en julio.

La inauguración de la playa debió suponer todo un acontecimiento para la ciudad, además en pleno verano. Fue el día 25 de julio, que entonces era fiesta, aunque en 1943 cayó en domingo, y ese día se bendijo también la Cruz de los Descalzos en las Angustias. La prensa local se hacía eco de la inauguración de la playa “construida por nuestro Ayuntamiento en el llamado Tablón de Manzanares”, con asistencia de autoridades, que admiraron la belleza del lugar y la construcción del edificio que albergaba vestuarios y una barra de bar. El Ayuntamiento invitó a un vino de honor, servido por Marcelino Valero, que regentó el bar durante tres años, mientras los bañistas –hombres y mujeres— bien separados, se bañaban en las verdes aguas ante la mirada atenta de un piquete de la Guardia Civil. Incluso se informaba que un equipo del Noticiario NO-DO había grabado escenas de la inauguración. Sin embargo, en el Noticiario de finales de julio y del mes de agosto de 1943 no hemos encontrado esas imágenes.

Piraguas en la playa. / Luis Pascual

Tampoco faltó alguna que otra anécdota a la hora de lanzarse al agua desde el tablón o un pequeño trampolín. Se comentaba entre líneas que entre los nadadores más expertos había alguno que quiso destacar con sus chapuzones desde el tablón, ante la mirada de las bañistas bien recatadas de ropa, y en una de sus acciones salió descalabrado al no medir la profundidad de las aguas, como bien se recogía en los “ecos de Carretería” de Ofensiva: “Y hay quien dice que cayó / desde la mayor altura / y seis puntos se ganó / pero fueron… de sutura”.

En otro apartado de la misma sección se apuntaba que “en el sitio donde se ha construido la playa artificial, por hallarse en lugar donde existe una presa que el año pasado las avenidas de las aguas la destruyeron, el domingo fue inaugurada la zona de baño y el lunes comenzaron a construir o restaurar la presa, para lo cual se han tenido que llevar el río por el caz, no dejando una gota de agua en la parte de la playa. Dejando esta moraleja impresa: “Por lo tanto, comprendemos / lo que nos decía Pío: / Ahora que Playa tenemos, / nos tendrán que hacer el río”.

Habían pasado diez años de la puesta en marcha de la Playa y en el verano de 1955 el Ayuntamiento de Cuenca llevó a cabo obras de mejora y renovación de las instalaciones. Consistieron en nuevos servicios de duchas y cabinas; un tablado bordeando la ribera del río, un amplio bar y campo de baloncesto, además de un servicio de altavoces para cualquier aviso y sobre todo para los bailes. Salvador Pineda, que era el barman, decía en Ofensiva que el Ayuntamiento de Jesús Moya se había volcado en las obras, mientras que Victoriano Cañas, encargado de la playa en su labor de arrendatario y socorrista, comentaba que en pocos años se iba a construir una piscina y un campo de tenis. Incluso el Ayuntamiento dispuso de un servicio de autobuses desde las once y media de la mañana, hasta las tres de la tarde, y de seis y media de la tarde a once de la noche durante la temporada estival. En ese año de 1955 Victoriano Cañas, a quien se le conocía como “el playero de Cuenca”, pues llevaba la playa desde 1947, había salvado a once personas de ahogarse, sacándolas del agua.

Pista de baile de la Playa, en la elección de Reina de las fiestas hacia 1983. En ese lugar se construyó el salón de bodas. / José Luis Pinós

No cabe duda de que el nombre de Cañas va ligado a la historia de la Playa. Por ello, en junio de 1999, el Ayuntamiento que presidía Manuel Ferreros realizó un homenaje de recuerdo a Victoriano Cañas por su labor en la Playa, sobre todo como socorrista, ya que salvó de morir ahogadas a 35 personas y por ello recibió del Estado la Medalla de Oro de Salvamento y Socorrismo y la de Beneficencia. En un reportaje titulado “La Playa de Victoriano Cañas”, en El Día Deportivo escribí que “muchos conquenses recuerdan aún la larga figura de Victoriano Cañas como socorrista mayor de la Playa, además de impulsar la afición al piragüismo con las piraguas que él mismo fabricaba, recordando su profesión de carpintero. Cuenca le debía un recuerdo y por ello la Corporación Municipal, gracias a los desvelos del concejal Jesús Cordente, llevó a cabo ese homenaje póstumo con la colocación de una placa, que recuerda a las 35 personas que salvó de perecer ahogadas”. Victoriano Cañas, a quien tuve la suerte de conocer, siempre decía: “Salvar una vida es lo más hermoso”.

Homenaje a Victoriano Cañas. / El Día Deportivo, 1999

La Playa de Cuenca tiene además otro nombre propio en la figura de José López Martínez, con más de medio siglo al frente de las instalaciones. Fue una gran suerte para la ciudad que un hombre emprendedor como Pepe llegase a Cuenca para darle un plus de calidad a la playa y a la Hostelería. José López trabajaba en Madrid en una famosa terraza y allí fueron a buscarle Pedro Bonilla, que regentaba la Fonda España y la propia playa, con Emilio Gómez Huerta y Eduardo Fernández Palomo. “¿Qué hago yo en Cuenca?”, me decía un día Pepe que pensó al poco de estar aquí en 1965, y han pasado 55 años al frente de la playa y abriendo locales como la primera discoteca Pist; la taberna y discoteca Jovi; el José César, el Gran Van o la Taberna de Pepe entre otros locales o convirtiendo el ambigú de la Playa en salón de bodas. Pepe trabajó con Cañas y tras la jubilación de Victoriano se hizo cargo de la instalación en su conjunto, con el obligado arrendamiento municipal, convirtiendo la Playa de Cuenca en toda una referencia para la ciudad y el turismo tanto en el aspecto del baño en el río o las piscinas, como en la función de restaurante y salones de bodas y otros acontecimientos.

La piscina también llegó a la Playa en esos primeros años de José López, y como quedó reflejado en uno de los programas, una roca la destruyó recién construida. En el verano de 1968 se había inaugurado la piscina de la Playa y en diciembre se desprendió una enorme roca en el kilómetro tres, que la destrozó y dejó cortada la carretera de Tragacete durante unos días. Por tanto se tuvo que construir una nueva piscina en el mismo lugar y se aprovechó para mejorar los espacios adyacentes, pues en esos años finales de los 60 y comienzo de los 70 la playa era de los pocos lugares donde se podía ir a bailar, además del baño en el río o la piscina, y era el sitio propicio para iniciar los noviazgos. Ello sin olvidarnos de las pruebas de natación que allí se han celebrado o se celebran, de las que salieron grandes deportistas como el famoso Celso Bonilla o Ana Belén Álvaro, nuestra olímpica campeona de baloncesto. Sin embargo, pese a ser un lugar de ocio y descanso, y de estar rodeado de tanta belleza paisajística, la Playa no ha tenido el eco deseado o merecido en artículos literarios, tanto de visitantes como de cronistas locales. Por ello, fue todo un hallazgo encontrar una página en la prensa nacional con cuatro fotografías y un texto del conocido escritor José María García de Viedma, publicado en 1956 bajo el título “Cuenca, Playa”, del que recogemos algunas líneas:

“Si, amigos. No hay de qué sonreírse o asombrarse. Cuenca tiene playa. Porque aquí, como en Granada, “todo es posible”. Los hombres que por Cuenca trabajan han regalado a los conquenses y a los que no lo somos, con esa magia sencilla, honesta y eficaz que ha sido el ir creando y perfeccionando una hermosa playa en este corazón castellano y manchego”.

García de Viedma describe la ciudad como encantadora y encantada, en una escenografía donde la fantasía es tan sugerente como maravillosa, con esas casas que parecen trepar entre las rocas, para destacar que “está ahí, a un paso, como quien dice, de Carretería –la “calle Alcalá” conquense--, pero a un paso que es un puro gozo andarlo y desandarlo.

Porque la carretera que a la Playa lleva, que es la misma que conduce a la Ciudad Encantada, está flanqueada por las aguas del río, las casas que cuelgan en la hoz y esos paredones impresionantes de roca que aquí crecen y se multiplican… Y árboles, muchos árboles gigantescos.

Claro que también puede irse –diez minutos de viaje— en los autobuses de servicio que ha puesto el Ayuntamiento. Pero muchos preferimos el paseo. De verdad lo merece…. La playa ha surgido en la hoz del Júcar, en la ribera de San Juan, en la falda de la loma en que se asienta la ermita romera.

Desde el Cerro de San Felipe, en la Serranía de Tragacete, vienen rebrincando las aguas del Júcar que aquí llegan ya calmas, con cristalina pureza. Y desde Albaladejito, camiones y más camiones han depositado en la orilla su carga de finísima arena apta para la construcción de los mejores castillos infantiles.

Una presa ha dado anchura y profundidad a las aguas. Al cauce del río se le ha hecho un perfecto muelle de madera… En él, invitando a la pequeña aventura de navegar río adentro –a trechos en la absoluta penumbra de la vegetación colgando sobre las aguas—caracolean en la suave corriente blancas piraguas…”.

Señalaba José María García de Viedma, que si viera hoy cómo es la Playa de Cuenca que José López ha cuidado y mejorado durante más de medio siglo, la describiría con su mejor literatura. Playa de Cuenca que la familia de Pepe –ahora él espectador de primera línea de playa con sus 89 años—mantiene con la calidad de un hombre que vino a Cuenca para un verano y aquí se quedó haciendo patria conquense.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?