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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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ETA asesina a Máximo Casado, un funcionario de prisiones "comprometido"

Nos asomamos a una nueva edición de Le Vantana de la Memoria para recordar a Máximo Casado Carrera, funcionario de prisiones en nanclares de Oca, asesinado por ETA en 2000 con bomba lapa

Portadas de diferentes medios de comunicación el día siguiente al asesinato, el 23 de octubre del año 2000 /

El 22 de octubre del 2000 ETA asesinó en Vitoria con una bomba lapa en los bajos de su vehículo a Máximo Casado, funcionario de prisiones en Nanclares de la Oca.

En la entrada de la cárcel provincial de Álava, conocida como cárcel de Zaballa, hay un monolito que reza: "en recuerdo a Máximo Casado, que dio su vida por la libertad". Su director, Benito Aguirre, fue compañero de Casado. No duda al buscar un adjetivo que definiera a su amigo: "Fue una persona comprometida con su familia, con sus amigos, sus compañeros, su comunidad de vecinos".

"Era fácil para ellos [ETA], porque Casado era una persona visible. Vitoria es una ciudad pequeña y él no pasaba desapercibido", rememora. Máximo "sabía que en su comunidad de vecinos había gente que le estaba haciendo un seguimiento".  De hecho, en la Audiencia Nacional ya hay dos acusados por el crimen, no como autores materiales del atentado, sino por facilitar información que facilitó el atentado. Uno de ellos era vecino de Máximo. "Pero él no se escondía", afirma Aguirre. "Hacía una vida absolutamente normal".

Pero llegó el fatídico momento. Aquella noche, una llamada del director de la cárcel despertó a Aguirre, que por aquel entonces era subdirector del centro. "Máximo no era solo un compañero, era un amigo. Teníamos una situación social y familiar parecida, habíamos venido de fuera, nos estábamos integrando en el País Vasco. Teníamos una escasa vida social, pero teníamos pasión por nuestras respectivas mujeres e hijas. Éramos muy amigos", recuerda.

Máximo Casado / Cadena SER

¿ETA les puso en su diana por su oficio? "Nosotros no estábamos preparados para eso. Éramos trabajadores que habíamos accedido a realizar un trabajo comprometido y complicado, pero siempre dentro de los muros del centro penitenciario. A partir del año 92, nos dijeron que éramos objetivo militar de ETA. En ese momento cambió todo, porque eso condicionaba nuestras vidas y las de nuestras familias.  Máximo sabía que estaba marcado, pero decía que no le importaba; que no se iba a sentir coaccionado ni chantajeado. Pero yo le decía: "no eres solo tú, tu mujer e hija dependen de ti de manera afectiva".

Después de 19 años desde el asesinato, Aguirre afirma que el año pasado tuvo la "gran satisfacción" de hablar con la viuda de Casado: "Conchi, nadie se ha olvidado de tu marido. Sus asesinos ya tienen nombre y apellido".

Mantener la mirada

Nanclares es famosa por la conocida como 'Vía Nanclares': ha sido la cárcel donde se han dado los pasos para la reinserción de los presos. Sin embargo, Aguirre no considera que hayan sido generosos. Él utilizaría otro término: dignidad. "Creo que el personal penitenciario reaccionó con dignidad [al asesinato de Casado]. El día que mataron a Máximo, el centro penitenciario tenía que seguir con normalidad. Ese día, como siempre, se abrieron las celdas, como no podía ser de otra manera. La única diferencia es que tenía que haber una persona que tenía que estar y no estaba".

Y sentencia: "Cuando se abrieron las puertas, la mirada se mantuvo por parte de los profesionales penitenciarios. Los que bajaron la mirada fueron otros".

Arranca el juicio a cuatro etarras por el crimen sin resolver del funcionario Máximo Casado hace 19 años

Los papeles de ETA facilitados por Francia a España permiten juzgar a los supuestos autores del asesinato en 2000 del funcionario de prisiones Máximo Casado. Los acusados, entre ellos el histórico etarra Javier García Gaztelu, alias "Txapote", se niegan a declarar

Los papeles de Francia

Juicio al exdirigente de ETA Xabier García Gaztelu, alias 'Txapote' (d), y otros tres miembros de la banda terrorista por el asesinato del funcionario de Instituciones Penitenciarias Máximo Casado en el 2000 / Pool (Pool)

El asesinato de Casado es el primer caso no resuelto que llega a juicio gracias los papeles de Francia y a la tenacidad del grupo de información de la Guardia Civil en Álava. Su capitán, Javier Gascón, se ha asomado a esta Ventana de la Memoria para explicar los pasos seguidos en la investigación que ha permitido sentar en el banquillo a los autores materiales del atentado, así como a sus informantes.

La primera pista llega a sus manos en forma de fotocopia de unos papeles incautados en Francia en 2002. Esos papeles eran una 'cantada', en el argot de ETA. Las cantadas eran "un documento que todo preso tenía que escribir al comando de seguridad de la banda para que tomara las medidas oportunas", explica Gascón. "En él se detallaban la actividad del comando, sus relaciones y, sobre todo, las circunstancias de su caída, de su detención", con el objetivo de que "sirviera a otros militantes para aprender de los errores de los detenidos". Las fotocopias en cuestión "tenían alguna anotación que nos dieron una pista", ya que había una que hablaba de la "lapa de Gasteiz", recuerda.

En referencia al tiempo transcurrido entre el asesinato y el inicio del juicio, Gascón sostiene que "el ambiente político y social no es el mismo que cuando se estaba atentando. Ahora hay actores sociales y políticos que, legítimamente, piensan en ver cómo pasar página y cerrar esto. Nuestra obligación es seguir buscando todas las causas que aún no han prescrito", concluye.

"Un relato y no una suma de relatos contradictorios"

El historiador y exrector de la UPV/EHU, Manu Montero, afirma que "es necesario recordar qué sucedió en el País Vasco durante los años del terror. Una democracia no se puede construir sobre el olvido o sobre una especie de neutralidad".

"Durante décadas la convivencia estuvo amenazada. La construcción de la democracia exige la condena de las barbaridades que amenazaron a la convivencia en el País Vasco. Una condena también a posteriori que exige que las conozcamos".

"Por eso es necesario un relato, no una suma de relatos contrapuestos. Un relato que parta de los valores universales que asociamos a la convivencia y a la democracia. Las siguientes generaciones tienen que saber qué sucedió, porque las sociedades democráticas se construyen a partir de la memoria colectiva. ¿Qué sucedió? ¿Qué teníamos que haber hecho para haberlo evitado? Debemos asentar la solidaridad con las víctimas. La memoria democrática sobre el medio siglo en el que el terrorismo azotó el País Vasco constituye la mejor garantía de que nunca más vuelvan a producirse entre nosotros hechos de este tipo".

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