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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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El Molinón se frota los ojos

El Sporting hace disfrutar a su afición con una victoria espectacular frente al Almería, sentenciado en una primera parte sublime

Los jugadores rojiblancos celebran el gol de Babin /

Las formas también cuentan. Ganar al Almería de cualquier manera le hubiera servido al Sporting para aliviar su situación, pero hacerlo como lo hizo puede suponer un auténtico punto de inflexión. El equipo rojiblanco hizo disfrutar a la grada como no se recordaba desde hacía tiempo. Los primeros 45 minutos fueron un festival, no solo de goles, sino también de buen fútbol. ¿Quién dijo que en Segunda no se puede jugar bien, dar espectáculo y permitir que el público se divierta? ¿Y quién ha dicho que el Sporting no tenga capacidad para ello? El choque frente al Almería demostró que sí. Los cuatro goles supusieron ya el delirio pero, siendo obviamente trascendentales, podrían considerarse casi anecdóticos. Incluso perdiendo, el juego del Sporting merecería el aplauso. Si ya el equipo se desata y ofrece una exhibición goleadora, mejor aún.

El mejor partido del Sporting en mucho tiempo llegó cuando el equipo más lo necesitaba, cuando la peligrosa sombra de los puestos de descenso sobrevolaba El Molinón y cuando muchos esperaban el momento de saltar sobre la yugular de José Alberto López. El gesto de Babin dedicando su tanto (el segundo de la tarde) al entrenador fue uno de los gestos con más simbolismo de la tarde.

El Sporting prometido apareció por la puerta grande. Ese que quiere tener la pelota y jugarla con criterio, tanto que asombró. Ese en el que Manu García demuestra que la categoría le queda pequeña, provocando admiración en cada control, en cada pase, en cada gesto de calidad. En el que a su lado Nacho Méndez crece hasta hacer un partido soberbio. Lo mismo, en su estilo, se puede decir de Cristian Salvador, crucial en el sostenimiento y el orden del equipo.

Ofrecieron su mejor versión todos los centrocampistas, ya conocidos por el personal. Quien resultaba una incógnita era Álvaro Vázquez, que hasta ahora había disputado minutos contados. José Alberto apostó por dar descanso a Djurdjevic y probar a un delantero diferente. El partido de Álvaro fue sublime. No es un ratón de área, pero sus basculaciones constantes a las bandas, sus permutas de posición con Carmona, su trabajo y su participación en el juego del equipo fueron claves. Le faltó el gol.

No hizo falta, porque primero los dos centrales y después Aitor García se encargaron de ello. Babin rozó el tanto en el minuto 6, rematando al larguero un lanzamiento de córner que le sirvió a Marc Valiente para anotar, en el rechazo, el gol que abría lata. El de Martinica no se quedó con las ganas por mucho tiempo, porque en el siguiente saque de esquina funcionó la pizarra: el Sporting lo sacó en corto, Nacho Méndez puso un balón templado, absolutamente delicioso, que el central transformó en el segundo tanto. Solo habían pasado trece minutos. El Molinón era un delirio. Babin tenía claro lo que quería hacer: corrió al banquillo y se fundió en un abrazo con José Alberto López, en un gesto público de apoyo y confianza.

El Sporting sacó petróleo del balón parado; el Almería también, pero menos. Los rojiblancos tuvieron problemas para defender los balones aéreos, y una falta lateral colgada desde la derecha la remató a gol Petrovic en el segundo palo.

Jugaba bien el equipo pero el marcador empezaba a generar incertidumbre. Fue en esas cuando irrumpió Aitor García para devolver la tranquilidad. Primero aprovechando otra gran asistencia de Manu García; luego definiendo perfectamente en un contragolpe lanzado por Carmona. Cuatro goles en 45 minutos y más llegadas en medio partido que en muchos de los anteriores juntos. El Molinón se puso en pie para despedir al equipo al descanso. No era para menos.

Nadie le pedirá al Sporting que juegue así siempre. Ojalá. Pero resulta casi impensable mantener ese nivel de fútbol. De hecho, la segunda mitad no fue lo mismo. El Sporting bajó el listón, aunque Manu García siguió haciendo de las suyas. El gol de Maras en un momento un poco más bajo solo sirvió para darle una mínima emoción al partido.

Los tres puntos se quedaron en casa y no solo alejan al Sporting del peligro: también marcan un camino. Con este equipo es posible disfrutar.

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