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Martes, 01 de Diciembre de 2020

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El paciente del siglo XXI (y II)

Malos tiempos para los hipocondríacos

La semana pasada comenzamos hablando acerca de este apasionante tema que nos afecta o nos afectará a todos en un futuro mucho más cercano de lo que cabría pensar.

Esperamos con ansia una verdadera transformación digital de nuestro sistema sanitario, sobre todo porque su futuro probablemente dependerá de ello. Como ocurre con cualquier cambio, sobre todo si es profundo y nos afecta de lleno, seguro que generará mucha incertidumbre.

Las predicciones más conservadoras auguran pacientes que reciben cuidados en su propio hogar, que solo acudirán al hospital cuando sea realmente necesario, que contactarán con sus facultativos de forma remota, quizá mediante video-conferencia, que estarán en condiciones de facilitar datos reales, instantáneos y fehacientes mediante dispositivos personales, y que estarán mucho más informados tanto de su estado actual como de las posibles enfermedades que podrían padecer en el futuro a partir de sus perfiles genéticos.

Sin embargo, lo que posiblemente cambie más profundamente nuestra forma de entender la salud y, por lo tanto, la forma de vivir nuestras vidas será la nueva relación que se establecerá entre médico y paciente. Los profesionales deberán aprender a delegar en nosotros muchas de las funciones que ahora realizan ellos, sobre todo lo relacionado con el seguimiento de los tratamientos y de las enfermedades.

Por su parte, el paciente del siglo XXI tendrá un rol mucho más activo, deberá corresponsabilizarse de los tratamientos y participar mucho más en todo el proceso. Gracias a esto tendrá una mayor autonomía, más capacidad de decisión, podrá satisfacer sus propias necesidades y resolver sus problemas de forma más autónoma.

Ahora bien, este apasionante escenario que se nos plantea solo podremos disfrutarlo si somos capaces también de superar otra de las previsibles consecuencias de tanta información, de estar tan pendientes y conectados con todo el sistema sanitario en general y consciente de nuestra salud en particular, nos referimos a la inevitable escalada de hipocondrismo que este proceso conllevará.

Los hipocondríacos son personas que viven bajo el constante temor, o incluso están convencidos de padecer, algún tipo de enfermedad grave, siempre a partir de sus sensaciones y con independencia de lo que los médicos les digan.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Hasta qué punto el empoderamiento del paciente será una ventaja? ¿Habrá algún plan para que nos adaptemos? Es más, ¿habrá algún plan?...

Pues si os parece interesante, no os perdáis nuestras reflexiones, el tema nos afecta a todos.

Francisco Maciá es doctor ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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