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Lunes, 28 de Septiembre de 2020

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MADRID HISTÓRICO

Los pícaros de Madrid

El Siglo de Oro nos ha dejado un género propio, el de la picaresca, que nos ayuda a recrear cómo era el Madrid de los Austrias. Pero la realidad nos hace ver que esos personajes amables del Lazarillo o el Buscón, eran realmente delincuentes muy peligrosos de los que era mejor estar alejado

La literatura ha tendido a dulcificar el género de la picaresca. Esos personajes amables, con los que el lector muestra cierta empatía, eran en realidad individuos muy peligrosos. Son los autores de la época, con su delicada pluma, los que convirtieron sus tropelías en divertidas hazañas que hoy vemos con cierto halo de nostalgia.

El Madrid de los Austrias debía de ser una ciudad muy peligrosa. Como sucede con todas las capitales, la presencia de la corte hacía que en ella se moviera dinero y por ende, se atrajera la mirada de muchas personas buscando una oportunidad en el trabajo o simplemente, como es el caso de los pícaros, para robar y asesinar. Sí, porque realmente los pícaros que la literatura de Quevedo o antes que él de Mateo Alemán nos presentan de una forma muy cercana y amable, eran en realidad tipos muy peligrosos.

Crónicas sangrientas

Los avisos de la época, es decir las crónicas de los sucesos que pasaban en Madrid en el siglo XVII, nos hablan de bandas de ladrones que entre 10 o 20 personas se dedicaban a asaltar casas y no dejar títere con cabeza. Estos truhanes son los que inspiran las tropelías que luego leemos de forma divertida en las páginas de la literatura del siglo de Oro y que vistos en su contexto histórico, debían de poner los pelos de punta al más valiente.

Cuando leemos esas crónicas, descubrimos muchos paralelos con los ajustes de cuentas llevados a cabo por mafias modernas. Nada nuevo bajo el sol de Madrid. Las miserias humanas siempre han sido las mismas.

 

 

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