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Lunes, 13 de Julio de 2020

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La Columna de Carlos Arcaya

La paradoja del Corredor Mediterráneo

Habría que pedirle a Boluda que sea realista, que ya lo es, y pida lo imposible

Las paradojas se definen como la unión de dos ideas opuestas o contradictorias que pueden encerrar una verdad oculta. En ese sentido, lo del Corredor Mediterráneo no deja de ser una tremenda paradoja.

Los sucesivos gobiernos insisten en que no dejan de invertir en una obra que nunca termina de llegar, que se adjudica en tramos y se amplían los plazos de finalización. Es como un largo cordón de nudos gordianos, como el de La Encina.

Hay que reconocer que el empresariado le está poniendo empeño a la cosa y de tanto empeñarse parece que viven sin vivir en sí, utilizando la famosa frase de Santa Teresa.

Para seguir con los entretenimientos o con los juegos de paradojas -ya que tiempo de espera, al parecer, nos sobra-, habría que pedirle a Boluda que sea realista, que ya lo es, y pida lo imposible. Y se imaginan que algún día tenemos el corredor que ha sido el propósito de nuestras vidas y sale algo mejor.

En fin, ya saben, por corta que sea una distancia, si recorremos solo la mitad de lo que nos falta para completarla nunca llegaremos. Y es que solo sabemos que no sabemos nada. Qué cruz.

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