Las terrazas no son privadas
Alegan razones esotéricas como los vientos o la seguridad ciudadana. Manda narices, que diría Trillo

"La línea roja" de Matías Vallés (13/12/19)
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Palma
Todo vecino de Balears, que no solo de Palma, ha contemplado el fenómeno de piratería mediante el cual una terraza pública es invadida por toldos, maceteros y mesas de restauradores privados.
Se trata de una apropiación o sustracción o robo del espacio público con la indulgencia de las autoridades.
El mantenimiento de estas estructuras, que pasan a definir el urbanismo de Balears sin ningún control legal, equivale a que los vecinos depositaran sus enseres sobrantes o molestos en la calle.
¿Verdad que suena absurdo?
La cama de la abuela, la lavadora que no se utiliza, todo en la vía publica.
La tolerancia del PP con la ilegalidad flagrante fue ejemplar y, ya en el caso concreto de Palma, al Pacto de Progreso le ha costado cinco años atreverse a exigir el respeto de la ley a terrazas que no son privadas.
La respuesta de quienes han entoldado la ciudad sin permiso consiste en solicitar una moratoria de dos años para cumplir una ley que debería ser de aplicación inmediata.
Alegan razones esotéricas como los vientos o la seguridad ciudadana.
Manda narices, que diría Trillo.
Revoluciones sociales como la prohibición de fumar en recintos cerrados o el carné por puntos triunfaron porque se implantaron de la noche a la mañana, sin absurdas moratorias ni excepciones.




