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Lunes, 25 de Mayo de 2020

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Luis Marco Pérez: la perfección en las manos del gran escultor de Cuenca

El 17 de enero se cumple el aniversario de la muerte del también imaginero conquense nacido en Fuentelespino de Moya

Luis Marco Pérez en su taller.

Luis Marco Pérez en su taller. / http://luismarcoperez.blogspot.com/

El 17 de enero de 1983 fallecía en Madrid, en la más absoluta de las miserias, el escultor e imaginero conquense Luis Marco Pérez. Dos años después, los conquenses consiguieron traer los restos a la ciudad para que reposen en el cementerio de San Isidro y de esta forma tener un lugar cercano donde recordar a uno de los grandes escultores españoles del siglo XX y al artista que más ha hecho por la Semana Santa de Cuenca. El propio Museo de la Semana Santa tiene una sala dedicada a él.

Luis Marco Pérez en 1975. / José Luis Pinós

En la ciudad son varias las esculturas que se conservan salidas de su cincel: el Hachero del parque de San Julián, el Monumento a los Caídos en la guerra de África o el Pastor de las Huesas del Vasallo. Bajo su figura serena y vigilante, a los pies de las Casas Colgadas, entre chopos y riscas, nos plantamos para recordar la vida y la trayectoria de Luis Marco Pérez. Nació en el pueblo serrano de Fuentelespino de Moya en 1896. Allí su padre era carpintero, oficio que admiraba el pequeño Luis que ya trabajaba la madera para realizar pequeñas esculturas y pasos procesionales infantiles. Descubierta la vocación y el talento, su familia decide trasladarse a Valencia para que estudie en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos.

Con 23 años consigue una beca para estudiar en Madrid junto a los grandes escultores. Después viajó a Italia para perfeccionar su arte becado en este caso por la Diputación Provincial. Hasta 1936 fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca aunque también ejerció de docente en otras ciudades españolas. Sus esculturas se caracterizan por reflejar la personalidad de los hombres y las mujeres de la sierra que tantas veces le sirvieron de modelos para bustos, tallas y pasos procesionales.

Escultura del Pastor de las Huesas del Vasallo, bajo el puente de San Pablo en Cuenca, obra de Marco Pérez. / Cadena SER

Luis Marco Pérez llegó a ser un gran imaginero. Gran parte de las tallas de la Semana Santa de Cuenca llevan la marca de su cincel. Algunos ejemplos son el Jesús de las Seis, San Juan Bautista, el Ecce Homo de San Gil, la Oración en el Huerto de San Esteban, el Beso de Judas, la Virgen de la Amargura con San Juan Apóstol, Jesús y la Verónica, Jesús Amarrado a la Columna y “su” San Juan Evangelista, tan admirado y querido por los nazarenos de Cuenca y que Marco Pérez consideró siempre su imagen predilecta.

Imagen de San Juan Evangelista, obra de Marco Pérez, desfilando en el amanecer del Viernes Santo por las calles de Cuenca. / msscuenca.org

La escultura del Pastor de las Huesas del Vasallo la realizó Marco Pérez en 1929 y se colocó, dos años después, en un lugar cercano al actual. Más tarde la imagen sería trasladada al centro de la ciudad, para volver después a su actual ubicación. La figura representa a un pastor de la sierra, con los atuendos característicos de estos hombres que pasaban largas jornadas soportando el frío del invierno. Aparece el pastor con garrote y ovejas que le acompañan en un conjunto escultórico que le mereció al autor la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes en la Exposición Nacional de 1930. Se cuenta que Luis Marco Pérez tomó como modelo a un hombre de Valdecabras.

“Luis Marco Pérez es el prototipo de conquense”, dice su biógrafo, José Benedicto. “Fue un hombre laborioso, trabajador, perfeccionista y muy bondadoso. Pasó penalidades como la mayoría que hemos tenido que emigrar fuera de Cuenca por cuestiones económicas, sabía muy bien lo que era ganarse el pan, y a todos sus trabajadores y aprendices siempre les pagaba más de lo que se merecían. De ahí que trabajando tanto como trabajó, llegara a su muerte sin dinero siquiera para pagar su propio entierro que tuvo que sufragar su discípulo José Rincón”.

“Por la vocación innata que tenía, Luis Marco Pérez buscaba la perfección en todo lo que hacía. Sus ratos de ocio los dedicaba a dibujar y a modelar la belleza que le rodeaba. Él quería trasmitir a los demás y dejarnos a nosotros la belleza de la vida, algo que en cualquiera de sus obras se puede admirar”, explica Benedicto.

Escultura de Marco Pérez en la placeta de San Andrés, en Cuenca. / msscuenca.org

Los conquenses, sobre todo los nazarenos, saben muy bien quién fue Marco Pérez y admiran su obra, “pero otra cosa es el reconocimiento en el ámbito nacional o internacional”, apunta su biógrafo. “Él se dedicaba a trabajar mucho, pero al ser tan desprendido descuidó la promoción de su obra. Se puede dar el caso de que otros artistas de menos valía que al moverse en otros círculos, tal vez hayan alcanzado un mayor reconocimiento. Luis Marco Pérez era muy enemigo de los círculos y de esos ambientes”.

En Fuentelespino de Moya, su pueblo, se abrió en 2003 una sala de la Casa de la Cultura dedicada a Luis Marco Pérez. “Se incluyen más de 20 paneles en los que se recoge su obra, y una serie de documentos y libros sobre su trabajo, algunos de ellos recopilados por mí y donados al pueblo”, explica José Benedicto. “Para mí su creación favorita es el Hachero del parque de San Julián. Hay que poner tu mano sobre sus manos y sentir cómo se mueve la sangre por sus venas”.

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