Jueves, 06 de Agosto de 2020

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Una vida de anécdotas detrás de la barra del bar La Manchega de El Provencio

Indalencio Gracia Osma y su hermano Ignacio han recibido el Premio a la Trayectoria Empresarial de la Asociación Comarcal de Empresario y Comerciantes de El Provencio

Indalencio tras la barra del bar La Manchega de El Provencio (Cuenca).

Indalencio tras la barra del bar La Manchega de El Provencio (Cuenca). / Archivo familiar

Indalencio e Ignacio Gracia Osma han regentado, junto a sus familias, el bar La Manchega de El Provencio (Cuenca) entre 1970 y 2014. Ahora reciben el reconocimiento de la Asociación Comarcal de Empresario y Comerciantes (UNICO) de este municipio manchego que les ha entregado el Premio a la Trayectoria Empresarial. En Hoy por Hoy Cuenca hemos charlado con Indalencio sobre su vida como profesional de la hostelería.

Entrevista con Indalencio Gracia Osma en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Indalencio Gracia Osma tenía 14 años cuando, en 1964, llegó a Madrid para trabajar de camarero. Su primera misión fue picar hielo. “Entonces no existían los serpentines con motor para enfriar la cerveza de los barriles y había que echar hielo sobre las tuberías metálicas para que saliera fría”, recuerda.

El joven Indalencio llegó a Madrid con 14 años. / Archivo familiar

“Prácticamente se necesitaba una persona para esas labores”. Pero su don de gentes le tenía reservado un lugar al otro lado de la barra. “Enseguida me dijeron que como hablaba mucho servía para despachar y me pusieron de camarero”.

En Madrid estuvo seis años hasta que su madre se lo trajo de nuevo a El Provencio. “Entonces los padres tenía mucho mando sobre nosotros y dijeron que ya había aprendido a poner cañas y que era el momento de volver al pueblo. Mi madre pensaba que en Madrid había mucha golfería, aunque no era para tanto”, recuerda Indalencio. La familia puso en marcha el bar La Manchega “entre los dos cines que había en El Provencio y enfrente de la cooperativa del vino”, y ahí ha despachado cafés, botellines, licores, cervezas y vinos durante 44 años hasta que en 2014 cerraron el bar.

“El camarero tiene que ser psicólogo, relaciones públicas… tiene que ser de todo. Hay que hablar con la gente, tenerla entretenida y gastar bromas para que estén contentos”, recomienda Gracia Osma que reconoce también que la barra del bar es como un confesionario. “Cuando hay conversaciones un poco serias, el camarero tiene que ser una tumba. Escuchas de todo. Lo que dice uno del uno o del otro. Y en el momento que se va este pone verde al de más allá. Y el camarero tiene que guardar muchos secretos”.

Homenaje a la familia Gracia Osma a cargo de la Asociación Comarcal de Empresario y Comerciantes de El Provencio (UNICO) celebrado en enero de 2020. / CEOE Cepyme Cuenca

De su juventud recuerda como “a los 20 años nos quedábamos con la gestión de los bailes de los pueblos de la zona y entonces se consumía el medio cubalibre, pero no había cubitos de hielo, había que picarlo de una barra y era una faena”.

Indalencio se ha jubilado en el tiempo de los cubatas sofisticados. “Yo siempre he sido del vino, vino y del agua, agua. Ahora está eso de ponerle con una cuchara la naranja o le echo encima el limón o que si tiene que salir humo. Al final no sabe a lo que tiene que saber. Un gin-tonic tiene que saber a gin-tonic”.

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