Moliner, pionero de la Salud Pública
El doctor Francisco Moliner siempre reivindicó la necesidad de que el Estado velase por la salud de los más necesitados y reclamó la creación de un Ministerio de Sanidad, pero murió sin poder ver sus anhelos hechos realidad.

Luis Fernández callejeando por Dr. Moliner
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Valencia
En estos tiempos tan aciagos que nos está tocando vivir siempre reconforta recuperar la memoria de aquellos que nos precedieron y nos legaron su ejemplo en la lucha contra las enfermedades y pandemias que han azotado nuestra sociedad y en pro de una sanidad universal. Y dentro de esta serie de referentes de la ciencia y la medicina valenciana hoy toca el turno de uno de los hijos más queridos y reconocidos de la medicina patria. Y es que, cuando el pueblo erige un monumento tan emotivo y de tan bella factura como el que Valencia dedicó en 1920 a su hijo pródigo Francisco Moliner y Nicolás (Valencia, 1851 – Madrid, 1915) no hay duda del amor y el respeto que los ciudadanos sentían por este insigne médico valenciano, sublime defensor de la salud pública y de la armonía social, tal y como reza el pedestal de su escultura en el Paseo de la Alameda.
Los que conocieron al Doctor Moliner no hablan más que de su bonhomía y sabiduría, su altruismo, generosidad, amor y su sacrificio por el prójimo, lo que le llevó a ser un médico muy querido y respetado por el pueblo y por sus propios compañeros. Moliner estudió medicina en la Universidad de Valencia y después de pasar por Madrid, Zaragoza y Granada, volvió a su ciudad natal a ocupar la Cátedra de Patología Médica. Desde aquí fue comisionado por el Ayuntamiento para viajar a Alemania a estudiar el tratamiento curativo para la tuberculosis descubierto por el médico Robert Koch y posteriormente fue nombrado rector de la Universidad. Moliner fue el médico de los pobres, y luchó fervientemente contra la falta de atención sanitaria de las clases más necesitadas y por tanto más propicias al contagio de enfermedades como la tuberculosis. Su popularidad lo catapultó a la política, desde donde impulsó un programa sanitario benéfico a través del cual inició campañas sanitarias por toda España, defendiendo enérgicamente la creación de un Ministerio de Sanidad.
La huella que dejó el doctor Moliner en Valencia fue profunda, y uno de sus hitos más celebrados fue la construcción del Sanatorio para tuberculosos de Portaceli. Por ello fue el propio pueblo valenciano, por suscripción popular, el que mandó levantar en 1920 un monumento en su honor, uno de los más esplendidos jamás realizados en nuestra ciudad, obra del escultor José Capuz. A su vez, en 1924, el Ayuntamiento de Valencia le dedicó al Doctor Moliner una calle en el barrio de Ruzafa, que hasta entonces se conocía como Unión Ferroviaria, por qué en ella existía el domicilio social de aquella asociación de ferroviarios. Pero en 1931 se le devolvió el nombre de Unión Ferroviaria a dicha calle y en 1936 se rotuló la calle contigua a la Facultad de Medicina, perpendicular al Paseo de Valencia al mar, con el nombre del médico valenciano. Vía esta que posteriormente compartiría con otro insigne científico, el doctor Gómez Ferrer. La calle de la Unión Ferroviaria pasó a llamarse a partir de 1940 calle de Sueca, tal y como está rotulada actualmente.

Luis Fernández Gimeno
Ingeniero Técnico en Topografía y Máster en Teledetección por la Universidad Politécnica de Valencia....




