Sábado, 06 de Junio de 2020

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Diario de una periodista confinada: primera semana

Así es mi día a día desde que convertí el salón de mi casa en un improvisado estudio de radio

Elena López en el estudio improvisado en su salón

Elena López en el estudio improvisado en su salón / Radio Coruña Cadena SER

Día 1 (16/03/2020)

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El primer día laborable de un confinamiento es la toma de contacto de una nueva vida. La mía comenzó a las seis y cuarto de la mañana, a las seis y dieciseis ya estaba en mi puesto de trabajo. Hoy algo de tensión para que nada fallara, ni por medios materiales, ni por medios personales. Primera prueba de fuego superada. El informativo más casero de la Historia "completado con éxito". A la luz del flexo y cerrada en el salón.

Poco a poco llega la luz natural y el estudio radiofónico se amplía y se convierte en una escuela unitaria. Sí, de las de pueblo. Por aquí hemos hecho tareas de segundo y cuarto de Primaria, lo mismo un dictado que unas fracciones, que llamamos al departamento de prensa de María Pita para conocer las últimas medidas tomadas por el Concello en torno a la crisis del coronavirus.

De momento, ha transcurrido todo "de buen grado" y hasta el mayor le ha hecho el desayuno al pequeño. Una forma más, pues sí, de "voluntariado en tiempos de pandemia", para esas madres y padres trabajadores que confinados se convierten en mujeres y hombres "orquesta". La jornada laboral ha pasado de la calma de la madrugada al grito de "niños, callaos, que entro en directo". Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 2 (17/03/2020)

El segundo día laborable en confinamiento que te levantas de madrugada para acudir al estudio de radio que te has montado en el salón comienza a parecer hasta normal. Silla, flexo, ordenador y quantum, que ya se ha convertido en uno más en este hogar en pandemia. Y es que el ser humano se acostumbra a todo... o a casi todo.. vaya capacidad!

La radio en la intimidad tiene un pase pero ayer ya hemos visto y escuchado a la Policía Nacional con megáfonos requiriendo a los coruñeses que de manera inmediata se recluyan en sus domicilios y no salgan ante la alerta sanitaria. Hemos pedido permisos para salir y hay guardia en los supermercados... y ya han llegado los militares... desde aquí dentro parece una película, pero es real, y nos hemos ido a dormir tan panchos.

Por cierto, hoy las tareas se han hecho con algo más de reticencia, claro la novedad de ayer era un aliciente, ves, la costumbre. Me ha faltado el dictado que siempre me han gustado mucho, como compensación me han dictado ellos a mi los colegios en donde hoy se reparten los menus de las becas comedor para elaborar la noticia.

También he recordado que existe la medida de "kilolitros", madre mía! El voluntariado casero ha consistido en que el mayor ha fregado los cacharros del desayuno, primera vez, primera sensación de "hijo adulto". Ufff, esto sí debe de ser grave. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 3 (18/03/2020)

El tercer día laborable en confinamiento y el quinto encerrados se va notando. Mi estudio de radio se va adaptando. Lo he movido de sitio, cada vez tengo más espacio, más cables también, y la soledad del flexo ya es mi amiga. Una estancia como la de aquellos antiguos estudios de radio. Yo no tengo piano de cola, pero sí un organillo a pilas. Hoy las tareas escolares han costado más, pero el recreo ha sido en la ventana, cacerolas en mano, con mucha sonoridad, justo a las doce en punto del mediodía. Hoy estuvimos con la tabla del tres y con las metáforas. Se me ha ocurrido poner de ejemplo la metáfora de nuestra realidad que ha puesto en evidencia "el virus de la corona". Estamos solos dentro de las casas pero, sin embargo, cada vez más conectados por las redes. La soledad del bloguer hoy es en positivo.

en la mañana de hoy mi grito de "callaos que entro" ya se ha reducido a un simple "entro" y aquí se hace el silencio total. Cada vez que escuchan un profundo "Cadena Ser" me gritan un "mami, entras". En fin, no sé cómo acabaremos... el pequeño ya me ha dicho dos días seguidos "mami! son y cuarto", pendiente de entrar en el informativo. ¿Retos virales? aquí es un no parar. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 5 (20/03/2020)

El quinto día laborable en confinamiento y el séptimo encerrados va implantando nuevas costumbres. Y digo quinto laborable porque la radio en día festivo no para. El día del Padre y "de los Josés y Josefas" ha sido atípico para todos. Lo mejor: cuando a las siete de la tarde salimos todos a cantar el "Hola don Pepito, Hola don José" a pleno pulmón. Primero parecía que no había nadie. Nos cambiamos de ventana. Y con las esperanzas puestas en el mejor momento del día, de repente, al fondo de la calle, salió una voz salvadora, más bien un vozarrón, y todos le seguimos. Los impares empezaban. Los pares le respondíamos. Fue como una liberación. Raro sí, "un himno", da igual la letra, la cuestion es co-mu-ni-car-se. Lo hicimos varias veces y cuando cerramos la ventana nos sentimos un poquito mejor. Aquí saltamos en la cama de la emoción y nos reímos a carcajadas.

Otra de las claves del día, menos explosiva, fue escuchar una rueda de prensa vía Facebook, mientras oía el pitido de la lavadora y a la vez que mis dos hijos menores hacían de equilibristas por el cantil del sofá. Ahora vale todo... Con seguridad, eso sí, "que no se puede ir al médico". Hoy uno de ellos se despertó a las seis y media de la mañana, y medio sonámbulo, llegó al salón. Yo ya estaba al ordenador, con mi flexo, quantum encendido. "Mami, ¿pero aún sigues trabajando?". Le dije que intentara dormirse un poco en el sofá, que era muy temprano. Le tapé con una manta y comencé a informar como si todo esto ya fuera normal. Y es que lo es. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 7 (22/03/2020)

Dicen que para que el cerebro humano se "acostumbre" a una acción, y ésta se convierta en un "hábito" debe reptirse durante tres semanas. Llevamos una semana encerrados. Una fórmula que en tiempos de pandemia no existe. En un estado de alarma sanitaria el cerebro también se acoge a eso que llaman "el espíritu de supervivencia" y se adapta en menos tiempo de lo que nunca hubiéramos pensado a "the new age". Se amolda como un chicle a la realidad.

Puedo afirmar que esta semana ha sido de "primeras veces" para todos. Hasta para nuestros mayores de los que tanto hemos aprendido. Hoy ninguna de esas personas que antes llamábamos "abuelos", "padres" para nuestra generación, "ancianos" algunos, gente de avanzada edad que ahora son "grupo de riesgo" nos puede dar un consejo... un simil... "en mis tiempos duró...." Y es que ninguno conoció una pandemia. La primera semana entera en estado de alerta, ya se cumplen nueve días, ha sido un terremoto, un ciclón, un abrir los ojos a que no somos independientes los unos de los otros y a que el "todos" es necesario y es más importante que nunca.

Nuestro confinamiento es duro, en el sentido más blando de la palabra, pero hemos sacado de ahí dentro sentimientos que desconocíamos. Todos los días que he encendido el flexo de mi "radio-casa" me he sentido afortunada de poder hacerlo y quedarme dentro. Han aparecido rincones nuevos, hemos hecho espacios que antes parecían imposibles y estamos aprendiendo a valorar la libertad.

A mitad de semana salió la palabra "cárcel". Mi hijo mayor comparó el encierro con la imagen que él tiene de una prisión. "Nos lo estamos pasando genial, pero no podemos salir. Es una cárcel". Qué triste, o no, que un niño de nueve años compare su vida con la de un centro penitenciario. Acto seguido siguen riendo y jugando porque ahora mami deja saltar en los sofás, jugar al tenis en el salón y hasta dar balonazos contra una pared. Sí, llámenme loca. Pero ya pintaremos y restauraremos a la vuelta. Se llaman prioridades. Como prioridad se ha convertido salir a la ventana.

Ayer mismo me emocionaba viendo el aplauso de las ocho de la tarde, en homenaje a nuestros sanitarios, cuando la responsable del supermercado de enfrente salía a la calle, se colocaba en el medio y medio de la calzada, y daba las gracias por el apoyo. Emocionante. "Mami, grábalo para meterlo en el matinal". Qué locura. Los niños se están dando cuenta de su importancia, de su trabajo, y del valor de esas cajeras que hoy se cubren la cara con una mascarilla. Y la importancia de CON-TAR-LO. Como darse cuenta de que el padre de un amiguito ahora da conciertos desde su terraza.

Entrar en la radio para intervenir desde aquí se ha hecho "normal". Ya prácticamente no tengo que pedir silencio. Con un "entro" esta casa se queda muda. A los balances de infectados sumamos estos días cuadernos de multiplicaciones y pequeñas lecturas, las partes del aparato digestivo y los demostrativos. En esta escuela unitaria las tildes cuentan... o acaso en lo que yo escribo no cuentan. Pues aquí todos iguales. Hay veces que los veo mirándome fijamente cuando llamo para saber si el Servicio de Ayuda a domicilio tiene mascarillas o me escuchan que Riazor va a ser un albergue para los sin techo. Otras veces nos reímos con alguna rueda de prensa online. "¿Pero aún sigue hablando?, me dicen, y yo me río a carcajadas porque es exactamente lo que yo estoy pensando. Son los niños de lo inmediato que hoy aprenden a valorar sin pedir plazos. Hacen cuentas para saber si podrán celebrar su cumple, mientras yo hago cuentas para saber cuándo llegará el pico de infectados. Lo dicho, una escuela unitaria con una radio pirata. Unitaria por que a mi también me toca aprender. Pirata porque a veces a las seis de la mañana solo se me abre un ojo. De bandera no hay dos tibias. Hay un árbol verde pegado a la ventana que corona una ladera y toca el cielo azul. Algún día saldremos, viajaremos hasta allí sin que nadie nos multe y lo tocaremos. Tocarlo sí. Porque en tiempos de pandemia podemos ver y contarlo, pero no tocar, un lujo que, de momento, hemos perdido. Ha sido una semana, la primera de una cuenta atrás, y lo seguiremos contando. Que la radio no pare.

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