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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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Diario de una periodista confinada: segunda semana

Así es mi día a día desde que convertí el salón de mi casa en un improvisado estudio de radio

Elena López en el estudio improvisado en su salón

Elena López en el estudio improvisado en su salón / Radio Coruña Cadena SER

Día 8 (23/03/2020)

El octavo día laborable en confinamiento y el décimo encerrados empieza a dar algo de vértigo. Vuelvo a levantarme a las seis de la madrugada con poca sensación de lunes, mal cuerpo y con la cabeza puesta en la nueva fórmula del teletrabajo. Los expedientes de regulación temporal de empleo, específicos para esta crisis sanitaria empiezan a contagiar a los medios de comunicación, justo cuando más información demanda la sociedad, y es que mientras no haya vacuna para el Covid-19 tampoco saldremos nosotros de ésta. La actualidad manda, el número de fallecidos sigue aumentando, hay una señora desaparecida. Tiene Alzheimer y como otras tantas enfermedades no son compatibles con esta situación. Hay un operativo de búsqueda, mientras la sociedad se encierra en casa y tenemos que seguir remando. Comienza a amanecer, han salido adelante los dos informativos y la luz entra en mi salón. Como ya es habitual mi hijo mayor se despierta de primero y acaba de desperezarse en el sofá, mientras yo sigo al ordenador con el pinganillo en un oído. Una estancia que está cambiando cada día porque la mente empieza a necesitar despejarse. También el cuerpo. Ahora al lado de mi "estudio de radio" hay una pista de pádel, he despejado una parte de la sala para poder pelotear y es que por aquí hay mucha leña que quemar... Entre los múltiples whatsapps me ha llegado uno que dice que Clan comienza a dar clases de matemáticas para niños entre 6 y 8 años. Me va perfecto. A ellos les ha parecido que, ahora sí, llega el fin del mundo. Los horarios son difíciles de mantener y las fuerzas van flaqueando. Ayer en otro grupo de contactos llegó un mensaje de ánimo ante esta nueva etapa... "ahora, los que estamos dentro tenemos que mantener la nave a flote para que cuando volvamos a estar juntos ponerla a navegar". Lo suscribo, si no respondí es porque ando aún redecorando mi cabeza y ahí no hay hueco para una pista de nada. Y todo esto mientras en mi casa escucho alguna que otra frase menos concienzuda del tipo "yo no pienso estar 15 días más sin salir de casa, me da igual que lo diga Pedro Sánchez" o "el gobierno tiene que poner hospitales para golpes, ¿no se dan cuenta de que encerrados nos hacemos más daño? Están concienciados de que ahora no podemos colapsar más a los médicos. Otras realidades. Y seguimos aprendiendo. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 9 (24/03/2020)

El noveno día laborable en confinamiento y el undécimo encerrados se camina cuesta arriba. La vida dentro de mi casa estos días viene inevitablemente determinada por las cifras y el confinamiento se hace en ascensión mientras no llegue el pico de esta pandemia. "¿Cómo se sabe cuando estamos en el pico?" Me preguntaba ayer el mayor. Pues lo sabremos justo cuando veamos la primera bajada. Justo después. Cuando subes una montaña sabes que llegas arriba justo cuando "por el otro lado" vislumbras una ladera. No antes, nunca antes por mucho que desees llegar. Piensa en continuar y cuando crees que las fuerzas no dan para más... ahí estás en el pico. Los símiles está copando espacio en nuestras conversaciones porque los niños también necesitan saber. Nunca les he ocultado las realidades y ahora menos. Hay quien prefiere contarles que una manifestación es "un montón de gente que va a una fiesta", cuando realmente están reclamando derechos perdidos o nunca disfrutados. Así siempre habrá esquiroles. ¿Les dije que la normativa doméstica va aflojando?... bien, pues ayer, décimo día del encierro, fue la primera vez que el vecino del piso de abajo se quejó. Lo hizo a la vieja usanza, con unos toques en el techo, y enseguida nos dimos cuenta. El pequeño estaba con el balón. Acto seguido paró y no volvió a utilizarlo tras recibir una pequeña reprimenda. Los niños, sí, la población invisible de esta crisis global.

Nadie se acuerda de sus necesidades, de que sus mentes, más que las nuestras, están en continuo aprendizaje, y sus cuerpecitos en contínua expansión. Llenos de tareas y confinados en casa, ¿quién se acuerda de ellos? Siete millones de niños menores de 15 años en España han sido castigados sin salir. El enfoque adultocéntrico de la crisis nos deja clases on line, Google classroom, seguimientos... Los deberes son la peor parte de esta crisis para muchas madres trabajadoras. No hay tiempo, ni ordenadores para todos. Pedro Sánchez en su discurso habló de las necesidades de las mascotas. Ni una sóla palabra sobre los niños. Ahora han desaparecido. Son los "supercontagiadores asintomáticos". No deben verse. No deben molestar que estamos trabajando en salir de ésta. Que no hagan ruido. Por cierto, hoy el mayor no se ha despertado de madrugada. Cuando lo hizo ya estaban los dos informativos matinales liquidados. Los días son intensos, a estas alturas no voy a obligarles, también, a madrugar. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 10 (25/03/2020)

El décimo día laborable en confinamiento y el dúodécimo encerrados amanece, como siempre, arrojando luz natural sobre mi estudio de radio en el salón. Lo que pasa ahí fuera lo vemos desde la ventana, lo percibimos por los escasos movimientos de gente que atisbamos desde aquí y, por supuesto, por la avalancha de información que nos llega por diversos medios. Una de mis principales preocupaciones al inicio del confinamiento era el desabastecimiento... Ver desde casa cómo la cristalera del súper quedaba completamente tapada por cajas de pedidos, con gente dentro literalmente arrasando las estanterías, me generaba, cuanto menos, algo de tensión. Yo en ese momento fui contagiada... contagiada de miedo y, por primera vez en mi vida, me traje hasta casa el carro del super para ir subiendo poco a poco la montaña de aprovisionamiento. Hoy nos damos cuenta de que los mercados siguen abriendo y hoy la imagen es muy distinta. A la aglomeración le han sustitudo las colas, pero hoy de personas muy separadas, varias con mascarillas, y que llegan a la calle. Saben que tienen que entrar por turnos y después de que la gerente supervise su lavado de manos y la puesta de guantes. Ver esas colas de gente antes de las nueve de la mañana, antes incluso de que abra el establecimiento, justo al acabar el segundo matinal de las ocho y veinte, es... inquietante.

Cuando era libre leí "El niño con el pijama de rayas". Nada equiparable con la Segunda Guerra Mundial que dibuja de forma espectacular John Boyne, pero esta crisis nos instala en un escalofrío diario. También desde dentro de casa. Las nuevas formas de compra se van instalando y entrar en el super, las pocas veces que tenemos que ir, comienza a ser desagradable. Casi escoltados. Con los niños es un continuo no toques ahí, no te apoyes en ese cristal... no te sientes en el suelo. Es im-po-si-ble. Ahora, sin darnos casi cuenta, la pescadera, el carnicero o la frutera del comercio cercano, con menos gente y con miradas reconocibles detrás de la mascarilla, resultan tranquilizadores. Para mi sí. No estamos en un campo de concentración pero puede ser "La Guerra Mundial del Coronavirus", como lo definieron dos amiguitas, hermanas, de la clase del mayor. Quién nos iba a decir que íbamos a renegar de lo macro para preferir el calor humano del que te pregunta qué tal lo llevas, del que se fía de tus datos oficiales sobre la pandemia más incluso de lo que pueda ver en Internet. Y es que soy la clienta "periodista". Me di cuenta cuando en un ticket le dejé mi número y apuntó "Elena periodista". Bien es cierto que él en mis contacto es "Miguel carnicero". Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 11 (26/03/2020)

El undécimo día laborable en confinamiento y el 13º encerrados comienza a ser una montaña rusa. A los momentos de risas, suelen coincidir con la cita en la ventana, les siguen los enfados, suelen coincidir con la cita con las tareas. Las peleas entre dos cachorros encerrados van aumentando en intensidad y creo que a día de hoy todos tenemos alguna secuela. Las cuentas, los problemas y los ejercicios de lengua se han tornado en espesos y pegajosos. Ayer decidimos dejarlos, a ellos también, en cuarentena.

Por suerte vivimos en una casa muy soleada y abrimos las ventanas de par en par para que nos entre de ahí fuera ese aire que nos falta. Hay compañeros que tienen la suerte de tener terraza y otros azotea común... familiares con jardín... Recuerdo cuando decíamos... "¿Aquí en Coruña para qué una terraza... para qué un terreno si sólo lo disfrutas unos días al año"... Cuántas frases hechas están haciéndose añicos con esta necesidad. "Mami, ¿me dejas tomar vitamina C?" comienza a ser la mejor escusa para tumbarse y no hacer nada. Hoy al mirar por la ventana, tras acabar el primer informativo del día, advertí que ahí fuera comienza amanecer un poquito antes. La sensación de notar que llega el verano solía ser de cosquilleo en el estómago, de alegría, de planes, hoy el estómago está confinado y no entiende de estaciones. El mayor ya preguntó si vamos a pasar la primavera aquí dentro. No creo, pero los planes futuros empiezan a tambalearse. Una de las nuevas ventanas que se abren estos días está en los móviles. Nunca antes tantas videollamadas soportaron. Amigos y familiares ávidos de ver más allá. Ayer vimos a "las primas". Su confinamiento también es de tareas pero ellas lo aliñan con decenas de trenzas en el pelo y nuevos piercings... La vida dentro de las casas que, como dice esa frase televisiva tan popular, "dentro todo se magnifica". Uno de los objetivos de este verano, que deja enseñar una patita, es juntarnos todos y "hacer unos kayacs". Uno de los objetivos de este verano es la libertad. ¿Lo lograremos? Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 12 (27/03/2020)

Hoy se cumplen 12 días de trabajo desde casa y 14 encerrados. Es viernes y mañana se cumplen 15 días en confinamiento. Cuánta celebración y qué pocas posibilidades de celebrarlo. Pero, ¿son realmente pocas?.

Estos días comenzamos a pensar en si el cumple del pequeño tendrá que celebrarse en "petit comité" y miren que les digo... pues igual es más especial. A los aplausos de las ocho ayer se sumaron las sirenas... las de los barcos amarrados a Puerto muy cerca de la Lonja. Las de las grandes embarcaciones del Gran Sol que han tenido que echar ancla en la orilla ante una crisis que también afecta a la venta de pescado. Hoy desde casa veo dibujos en las ventanas. Hoy desde casa veo voluntarios. Sí, de los que no cobran... de los de verdad... aparcando sus coches en la esquina para llevar comida o medicamentos a mayores que están solos o personas que no se valen por si mismas. Timbran con sus mascarillas en el portal y después de unos largos minutos... la puerta abre con un sonido grave y sin que nadie les haya preguntado quién es. Y es que ya llevan varios días haciéndolo. El miedo se nota incluso desde la ventana. Las caras de la poca gente que circula por la calle es grave y seria.

Ayer, sin ir más lejos, noté un ruido extraño en mis escaleras. Raro porque suele estar en silencio templario estos días. Venía del descansillo. Abrí la puerta sin pensarlo demasiado, soy de esas que aún cree que vivimos en un estado de paz, y allí mismo me encontré a la persona encargada de limpiar las zonas comunes. Con mascarilla instalada, se sobresaltó y rapidamente se alejó de mi asustada. Luego me ofrecí a separarle el felpudo y, aunque distante, me lo agradeció. Y es que hay miedo al contagio... aunque aunque haya algunos que prefieran celebrar los datos de infectados bailando y comiendo churrasco juntos en una nave industrial.

Quitando estos casos, que son excepciones, quien más y quien menos se ha parado a pensar cómo va a celebrar el fin de esta crisis... eso sí después de que pase. Frente a mi ventana he descubierto que hay una familia con muchos niños de corta edad. El otro día salieron a aplaudir y el mayor dijo: "mira, un cumple"... Y es que esa imagen es lo que para ellos es una fiesta. No hay más. El cumple del pequeño se hará y si tiene que ser dentro de casa, se celebrará con más ganas... porque estamos vivos.

Acaba la semana y a las libretas escolares parece que les han salido pinchos. Cosas de este virus. Como es que en momentos de crisis los seres humanos, "creo", sacamos lo mejor de nosotros. Por cierto ayer en una residencia de A Coruña una mujer cumplió años. Sí en uno de esos centros en los que hoy se cierne la tragedia. Ana Liñeira Vázquez ha cumplido 100 años. Y es que en mitad de la oscuridad, siempre hay alguna luz. Felicidades. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 14 (29/03/2020)

Dos semanas metidos en casa. ¿Quién nos los iba a decir? Creo que no estuve tanto tiempo sin salir de estas cuatro paredes ni aquel febrero en el que el mayor y yo compartimos varicela. Asomarse a la ventana de la tercera semana en confinamiento me hace respirar hondo. Hasta ahora podemos decir que lo hemos llevado bien y más que eso. Como ya he contado en otras ocasiones mi salón se ha amoldado perfectamente a un estudio de radio... y lo que es más dificil es pista de pádel, de futbito, ring de boxeo y hasta simulador de surf sobre cogín. Cambia de estancia según la luz. De madrugada, con mi flexo y en la intimidad de los informativos es... acogedora. Algún día contaré mis conversaciones con los técnicos, maravillosos técnicos, cuando muchos de ustedes aún están enfase REM. Cuando va a amaneciendo es... renovadora y empieza a sonar. A media mañana es... bullicio y por la tarde... área de juegos. Trabajar mientras haces un puzzle o te piden elegir qué puerta abrirías: en la que hay un asiento, en la que hay un león que ha pasado hambre durante un año o en la que hay un fuego... es ya parte del teletrabajo. Es difícil no llegar a la noche con sueño. Y es que las nuevas formas de vida también agotan.

La semana que nos viene se inicia además con un endurecimiento de las medidas del estado de alarma. Ayer lo anunciaba Pedro Sánchez que, por cierto, es uno más del salón, y hoy se aprobará en Consejo extraordinario de Ministros. El mayor le increpó diciendo que "con una semana nos llegaba" con esa rotundidad de niño difícil de contradecir. Luego se reconcilió con el presi cuando habló, por fin, de la infancia. "Mami! Pedro Sánchez leyó tu diario! Ha nombrado a los niños!" Yo decido disfrutar del momento porque soy consciente de que la admiración de estos años se acaba y se torna... pues en otra cosa... Hemos aprendido a valorar "el ahora" porque mañana no sabes si un presidente decidirá que está prphibido abrir la puerta de tu casa. Por cierto en el acertijo yo elegí la del león porque de sillones voy servida y nunca supe apagar fuegos. Acerté... pero no por mi gusto por los felinos... sino porque el león ya habría muerto y me lo podía comer. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

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