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Sábado, 30 de Mayo de 2020

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El banco de los alimentos

Cada día, en la calle Jesús Nazareno de Huelva capital, dos vecinas, Ángela y Rocío, preparan comida para las personas sin techo que sobreviven a este confinamiento a la intemperie y sin alimentos

Banco lleno de alimentos en la calle Jesús Nazareno (Huelva)

Banco lleno de alimentos en la calle Jesús Nazareno (Huelva) / cadena ser

Cuando se vaciaron las calles de personas, cerraron las Iglesias, los comercios y los espacios públicos, hubo quién se quedó en el más profundo de los abandonos. Son las personas sin techo. Esas a las que, como dice la canción, el destino le jugó una broma macabra. Nadie piensa que algún día pueda estar mendigando para conseguir qué llevarse al estómago. Pero, a veces, ocurre. Sólo en Huelva capital, hay alrededor de 300 personas sin hogar, según Cáritas. Es una realidad no resuelta que se agudiza, aún más, con esta crisis sanitaria del coronavirus que afecta a todos sin distinción, pero que tumba a los más débiles a un olvido sólo roto por la generosidad de personas anónimas como Ángela y Rocío.

La historia de estas vecinas de la céntrica calle Jesús Nazareno de Huelva capital es un ejemplo para todos. Es la respuesta rápida a una situación que no podía esperar. Antes del estado de alarma y del confinamiento obligado, ellas, veían cada día a las personas sin techo que mendigaban a las puertas de bancos, de bares y de comercios en su calle. Cuando empezó el encierro necesario de los ciudadanos, vieron que en las calles no quedaba nadie a quién pedir. Así que, muy difícil lo tenían para comer. De ahí que la reacción fuera inmediata. Primero, empezó Ángela y enseguida se sumó su vecina Rocío. Hoy, son las dos quiénes cada día cocinan para estas personas. Hacen guiso, los preparan en platos individuales con sus cubiertos y, después de los aplausos de las 20:00 horas, bajan a un banco frente a su bloque de vivienda y tras limpiarlo, dejan la comida caliente.

Nos cuenta Ángela que "enseguida empiezan a venir, que cogen sólo lo que se comen y que el resto lo dejan para que otros también puedan comer caliente". Dice que "suelen ser unas ocho personas las que se acercan al banco que ellas llenan cada día de comida recién hecha". Este gesto solidario nace de la buena voluntad de dos vecinas que se conmueven y remueven ante una realidad que en estos tiempos de dificultad, ahora sí, gana visibilidad.

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