El segundo hospital en Móstoles, de atención a los pobres en 1765
Hoy conocemos algo más de la Historia de Móstoles de la mano de David Martín del Hoyo, un joven historiador y estudioso de todo lo que ha acontecido en esta ciudad

Edificio actual de Móstoles. En ese lugar se ubicó en Hospital para pobres en 1765 / Facebook “Móstoles, su Historia e imágenes para el recuerdo”

Móstoles
Hoy vamos a conocer algo más de la Historia de Móstoles de la mano de David Martín del Hoyo, un joven historiador y estudioso de todo lo que ha acontecido en esta ciudad. En la actualidad además gestiona un grupo de Facebook e Instagram en los que cuenta muchas curiosidades de ese municipio, “Móstoles, su Historia e imágenes para el recuerdo”.
Los hospitales mostoleños son los protagonistas diarios de la mayoría de las noticias de actualidad. Pues en esta publicación de hoy vamos a conocer el segundo hospital que tuvo Móstoles (cuya ubicación y emplazamiento se corresponde con el actual n.º 13 de la Avenida de la Constitución), como explica David. Se trata del hospital de pobres enfermos fundado por el mostoleño Romualdo Marcos.
Según cuenta el historiador mostoleño, su origen se remonta al testamento otorgado el 17 de marzo de 1765 por el canónigo Manuel Marcos Delgado, en el que fundaba un hospital para tratar a los enfermos pobres de la villa, cediendo para ello una de las dos casas que poseía en la entonces calle de Madrid, que albergaría a los enfermos imposibilitados.
Aunque al sobrevenirle la muerte no pudo dotarlo, tarea que continuó su hermano Romualdo, el que donaría una serie de bienes muebles y raíces que constituyeron su patrimonio.
La publicación detalla que las condiciones del hospital las dispuso en 1765; las ratificó y reformó en sucesivos testamentos otorgados en 1768, 1769 y 1774 (pueden ver la fotografía de este documento facilitado por David en Facebook).

Documento fotografiado por David Martín del Hoyo / FAcebook “Móstoles, su Historia e imágenes para el recuerdo”

Documento fotografiado por David Martín del Hoyo / FAcebook “Móstoles, su Historia e imágenes para el recuerdo”
Sin embargo, no entraría en funcionamiento hasta que él muriera, disfrutando él hasta entonces la casa cedida por su difunto hermano Manuel. Dichas condiciones fueron, definitivamente, las siguientes:
• Instituía como patronos al cura párroco y al alcalde ordinario por el Estado General –o alcalde mayor si lo hubiera-; éstos debían encargarse de nombrar a un administrador que llevase la contabilidad de la fundación, al que se le pagaría con el 10 % de los ingresos anuales de la misma.
• Que hubiera siempre disponibles dos o tres camas, dependiendo de la dotación del hospital.
• Todos los enfermos que se alojasen en el hospital debían ser personas sin medios para pagarse la atención sanitaria y previamente autorizados por los patronos. No se admitirían en él a enfermos crónicos (con males como la tisis, cáncer, tumores o necesitados de cirugía), pues podían acudir al Hospital General de Madrid a curarse de sus largos padecimientos. Sí se admitirían a vecinos que sufriesen de tabardillo, dolores de costado, tercianas y otras enfermedades que pudiesen curarse en veinte o treinta días; la aceptación de los enfermos según sus dolencias, sería según criterio del médico de la villa.
• No se permitiría la estancia a aquellos que no estuviesen avecindados en Móstoles, pues el hospital era para sus residentes; y se preferiría a los hijos de naturales del lugar antes que a forasteros avecindados. En caso de que hubiere más enfermos que camas disponibles, serían los patronos los que decidirían la preferencia en la atención a los enfermos, siguiendo estas condiciones fijadas y dando preferencia que se hallase más necesitado de cuidados médicos.
• A los enfermos que fuesen parientes del fundador, dentro del quinto grado de consanguinidad, se les daría mejor servicio, destinando tres reales diarios para cada uno para ofrecerles bizcochos, chocolate, puchero y vino.
• El médico y el cirujano de la villa debían visitar a los enfermos del hospital, sin que el mismo tuviera que pagarles nada; ambos debían “... asistir a sangrar, echar ventosas, apocar cantarias y curarlas...”.
• A los enfermos comunes se les asignaba una dotación diaria de un real y medio hasta que el médico les diese de alta; con ese dinero se les daría puchero, pero no chocolate o bizcochos.
• El hospital no debía pagar nada al boticario por el suministro de medicinas, ya que esto se lo pagaba la cofradía de los pobres; solo se haría cargo en caso de que dicha memoria se agregase al mismo.
• Los patronos debían responsabilizarse de que en el hospital hubiese siempre una mujer “curiosa, piadosa y cuidadosa”, que asistiese “... con toda curiosidad y limpieza de los pobres enfermos que en él entren a curarse...”; a dicha mujer se le proporcionaría gratuitamente una vivienda, sin más cargo que el cuidado y asistencia de los enfermos, y se le pagarían cuatro ducados anuales. En caso de que no cumpliese con su cometido, se le echaría y se buscaría a otra que ejerciese la tarea con dedicación.
• Cada año, en enero, los patronos debían revisar o tomar la contabilidad del administrador, de manera que el visitador pastoral no tuviera más que aprobarlas o corregirlas.
El hospital fue ampliado en dotación económica en las décadas siguientes y funcionó hasta la Guerra Civil. Tras la contienda, el edificio, ruinoso, fue subastado y comprado por un particular. Acabó en manos del que fuera alcalde en los años cincuenta, Anastasio Pontes Cazorla. Allí tuvieron una vaquería que luego trasladaron al paraje de Los Combos. Fue su hijo, Juan Francisco, quien edificó en su lugar el actual bloque de viviendas con galería comercial.




