Domingo, 17 de Enero de 2021

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Personas que estuvieron en exclusión social preparan comida diaria para familias sin recursos

Personas que estuvieron en exclusión social preparan comida diaria para familias sin recursos

Personas que estuvieron en exclusión social preparan comida diaria para familias sin recursos / Naim

La crisis económica derivada del coronavirus genera nuevos perfiles de pobreza en familias que vivían en la economía sumergida o con empleos muy precarios

Treinta y seis trabajadores que un día estuvieron en riesgo de exclusión se encargan ahora de atender a un millar de personas del colectivo más frágil frente al coronavirus: hombres y mujeres sin hogar, familias que se han quedado sin ingresos para comida y niños que de otra manera no tendrían garantizada la alimentación en su domicilio. Son los trabajadores de Inservic y Servicios de Cocina para la Integración.

Ambas entidades, creadas por la ONG Naim para ofrecer una oportunidad laboral a personas que corrían el peligro de quedarse en los márgenes de la sociedad y del mercado de trabajo, se ocupan de elaborar la comida y atender el servicio de limpieza para las 82 de personas sin hogar de la capital que han sido confinadas durante la crisis en el albergue de Inturjoven en Torremolinos. También entregan los menús a los 32 de ellos que han dado positivo en coronavirus y que, a falta de domicilio, han sido acogidos en la Casa Betania, propiedad del Obispado de Málaga.

La empresa de cocina se encarga de preparar el centenar menús que distribuye la asociación Misioneros de la Esperanza (Mies) en la barriada de Los Asperones, y otra cantidad similar que a través del colegio Las Misioneras se hacen llegar a niños de La Palmilla. Finalmente, decenas de familias reciben la comida que sale de los fogones de la empresa de Naim a través de programas propios de esta entidad. En conjunto, de media, son más de un millar de menús diarios. “Hemos tenido que duplicar la cifra de menús que preparamos a diario para personas sin recursos porque cada día más familias nos llaman a las entidades sociales. No demanden ayuda económica. Demandan comida “, dice Enrique Porras, presidente Naim.

Apunta que el crecimiento exponencial de las necesidades ha obligado a trabajar en red, en colaboración con el Ayuntamiento de Málaga, para que la ayuda llegue lo antes posible al mayor número de personas.

Son menús completos y variados, incluyen pasta, pero también carne, pescado, frutas y verduras, junto a los lácteos. Se siguen las normas de la dieta mediterránea y se adaptan a la casuística de los usuarios que por cultura o por salud no toman determinados alimentos.

Esta asociación suma más de una década de actividad en La Palmilla y los barrios más vulnerables de Málaga. También en algunos puntos de la provincia. A la luz de esa trayectoria, Enrique Porras, explica que la demanda de ayuda ha crecido de manera notable porque la crisis económica ha sido paralela a la sanitaria para las capas sociales más frágiles. No se trata solo de personas sin hogar y en exclusión, sino también de familias que vivían al día, que trampeaban el fin de mes, hacían malabarismos para pagar las facturas y poner la mesa. De un día para otro se han quedado sin ingresos, porque no hay venta ambulante, no hay chatarra y tampoco economía sumergida.

“Encontramos perfiles nuevos, de familias que nunca habían tenido que acudir a los servicios sociales. Vivían con mucha modestia en la economía sumergida o con contratos precarios y ahora se han quedado sin nada. No tienen ahorros y no pueden aguantar ni siquiera un par de semanas”, apunta el director de Naim. “Tienen la dificultad añadida de que ni siquiera saben cómo contactar con los servicios sociales, más aún ahora, que el acceso es telefónico y todo es mucho más complicado. No saben ni cómo identificar los recursos que existen”.

Luego hay otras familias que sí tuvieron que acudir a los servicios puntualmente durante la crisis, pero que hacen años que no aparecían y ahora han tenido que volver porque necesitan ayuda para comida.

Inservic y Servicios de Cocina para la Integración se creó para brindar una oportunidad laboral a personas que habían llegado a la fina línea que delimita la exclusión, una frontera complicada que no siempre responde a los tópicos. Hay jóvenes con estudios universitarios que no conseguían engancharse al mercado laboral, otros que sí llegaron a tener un empleo acorde con su titulación pero que una vez perdido no han conseguido recuperar, mujeres que repentinamente han tenido que hacerse cargo solas de sus hijos sin tener formación ni experiencia profesional previa, personas sin red familiar y, claro está, currículos de tropiezos, decisiones equivocadas y mala suerte que han podido encauzarse gracias al empleo.

Mientras los expedientes de regulación temporal de empleo se suman por miles, estas dos empresas han tenido que doblar la plantilla hasta llegar a los 36 trabajadores desde que se declaró el Estado de Alarma. 16 trabajan en las cocinas, instaladas en una nave industrial de Carlinda, y en la distribución de menús, y 20 en las tareas de limpieza. Además, en estas últimas semanas Naim ha promovido la inserción laboral de otras 15 personas que también se encontraban en situación de vulnerabilidad. Son empleos en este caso vinculados a servicios esenciales como mozos de almacén o limpieza.

Para atender el pago de las nóminas y los proveedores las empresas disponen de cuatro fuentes de financiación principales: el programa de garantía alimentaria de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Málaga que asume la gestión del albergue juvenil de Torremolinos donde están confinadas las personas sin hogar y el colegio Las Misioneras, que tiene contratada la empresa de cocina para su servicio de comedor, aunque ahora la comida se entrega para llevar a domicilio.

La cuarta vía de ingresos son las aportaciones de asociados y campañas de recaudación que organiza la ONG. La última, hace solo unos días, contó con el apoyo de la cantante Pasión Vega y del actor Salva Reina, y logró recaudar más de 8.000 euros. Puntualmente, además, reciben donaciones de productos como varios palés de comida de un crucero de Pullmantur que atracó en el Puerto de Málaga sin pasajeros a finales de marzo. En los buenos tiempos, cuando nadie sabía qué era un coronavirus, la empresa de cocina también ofrecía servicios de catering y even

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