Lunes, 30 de Noviembre de 2020

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Alcalá de Henares

1 de noviembre de 1755: El día que se temió por el derrumbe de la Magistral

El 1 de noviembre de 1755 un fuerte terremoto asoló la ciudad de Lisboa, cuyos efectos se notaron en prácticamente toda la península Ibérica.

En Alcalá de Henares, según los documentos de la época, preocuparon, especialmente, los posibles daños en la torre de la Catedral Magistral.

Catedral Magistral de Alcalá de Henares.

Catedral Magistral de Alcalá de Henares. / Ser Henares

1 de noviembre de 1755. Pasaban unos pocos minutos de las 10.15 cuando, de repente, “se sintió en toda la ciudad un extraordinario ruido subterráneo, grandísimo, como de coches o galeras disparadas violentamente por sus empedrados, a que siguió una conmoción general en los suelos, templos, casas y demás edificios”, explican los documentos de la época. Los efectos del terremoto de Lisboa habían llegado a la ciudad complutense. 

Teléfono de los oyentes de SER Henares. / Ser Henares

A pesar de tener su epicentro en el océano Atlántico, a cientos de kilómetros de Lisboa, el sismo provocó un gran incendio que dejó la ciudad desvastada. Todo ello lo explica en un extenso informe el Jefe del Área de Geofísica del Instituto Geográfico Nacional, José Manuel Martínez Solares.

El rey, al conocer la gravedad de los hechos, solicitó un informe sobre el terremoto para conocer cómo había afectado a los municipios españoles. El gobernador del Supremo Consejo de Castilla fue recabando información de las principales ciudades, entre las que se encontraba Alcalá de Henares.

La persona que firma el balance de daños en la ciudad es el Licenciado Román de Silva, ilustrísimo Obispo de Cartagena, Gobernador del Consejo. Por fortuna, daños humanos no se produjeron en Alcalá. “No sucedió desgracia alguna en las personas, ganados, ni en otra cosa, sino el pavor y susto con que todos han quedado y estamos”, relata Román de Silva.

A nivel arquitectónico, los edificios sí sufrieron algún que otro desprendimiento y, de hecho, se temió por el derrumbe de la torre de la Magistral. “Las torres, generalmente, y especial la de esta Magistral, y la de el Palacio Arzobispal, se bambolearon notabilísimamente, tanto que se temió su ruina. En el convento de religiosas Recoletas Bernardas, una bola cayó sobre el tejado, sin daño notable. Dos fuentes que corren de dos pilares de piedra, junto a la Plaza que llaman del Mercado, suspendieron su curso por breve tiempo. Casa de Domingo Camins, cayó a tierra una cabeza de piedra, un peso como de cuatro o cinco arrobas, que estaba encima de una pared que divide un jardín de una huerta y estaba asegurada entre su fábrica, tomada con cal”. Otra de las iglesias afectadas fue la de los “clérigos Menores” después de que se precipitase “una poca de cornisa vieja de la media naranja, que hizo el daño en el tejado y gasto de andamios para componerla”.

Precisamente, en la Catedral Magistral, el Cabildo del templo una vez aliviado el susto inicial “hizo procesión por su iglesia cantando el Te Deum en el altar de los Santos Mártires Justo y Pastor”. La ciudad se acostó la última noche de octubre sin saber lo que ocurriría la mañana siguiente, pero hubo una persona que intuyó tras escuchar el sonido de las campanas que algo podía suceder. Román de Silva lo apuntaba de la siguiente manera: “En punto de predicción, solo sé: que el Doctor Don Miguel Jurado de los Reyes, opositor a las Cátedras de Leyes, habiendo oído el día antecedente tocar una campana con golpe muy seco, y dar otros o más golpes, no vibraciones, en el aire; por acordarse haberlo así leído, dijo: “este eco indica cosa notable, como huracán o semejante”, no previniendo terremoto, por no ser aquí frecuentes”.

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