Jueves, 04 de Marzo de 2021

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La Columna de Carlos Arcaya

La tecnología ha matado a la sucursal bancaria del barrio

La tendencia es imparable. Los bancos son mucho más que aquella ventanilla de la oficina a la vuelta de la esquina a la que acudíamos con la anticuada cartilla de ahorros. La tecnología ha matado a la sucursal del barrio o a la del pequeño pueblo.

Son como Dios. Con perdón...

Ahora, los bancos ya casi no se ven, pero son más imprescindibles que nunca. No podríamos vivir sin ellos en esta sociedad hipertecnologizada. Por eso son omnipotentes.

Nuestra fe en ellos -entendida como la seguridad o confianza- es cada vez menos física y más virtual. Nos piden que creamos en su omnipresencia digital.

Y la pandemia ha acelerado este proceso. El incremento de la rentabilidad pasa por aumentar el tamaño y reducir los costes (sobre todo de personal). También por aumentar las cuotas o comisiones.

Apelar a la vinculación de alguna de las entidades fusionadas con esta tierra o pedir el mantenimiento del empleo es un brindis al sol. Lamentablemente.

Y son omniscientes. Solo quedarán esas oficinas-tienda con la que los bancos quieren fidelizarnos, anticipándose a nuestras necesidades.

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