Jueves, 25 de Febrero de 2021

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Los sepulcros flotantes de la bahía de Cádiz

La historiadora Lourdes Márquez publica la segunda edición del libro sobre los pontones de la Guerra de la Independencia

Concierto a bordo del pontón Castilla con Cádiz al fondo. Montaje fotográfico de Juan Jurado. Dibujo de Adolfo Valderas

Concierto a bordo del pontón Castilla con Cádiz al fondo. Montaje fotográfico de Juan Jurado. Dibujo de Adolfo Valderas / Cadena SER

Hubo una vez en la que las luminosas aguas de la bahía de Cádiz acogieron la peor de las oscuridades. Era la primera década del siglo XIX y la capital gaditana y San Fernando resistieron a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. Años en los que las tropas imperiales napoleónicas fueron siendo llevadas a cárceles flotantes, barcos conocidos como pontones. En 2012 la historiadora Lourdes Márquez escribió Recordando un olvido: pontones prisiones en la bahía de Cádiz, 1808-1810, en el que repasó este tremendo y singular episodio de nuestra historia. Ahora acaba de publicar la segunda edición, donde ha podido introducir nuevos detalles, nuevos descubrimientos sobre estos barcos, que más que prisiones, fueron sepulcros flotantes.  

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En una entrevista en Radio Cádiz, Márquez ha recordado que los episodios narrados en esta investigación realmente comienzan unos años antes de 1808. "Están relacionados directamente con la batalla de Trafalgar, ocurrida en 1805. Los prisioneros de la escuadra naval francesa, rota la coalición entre España y Francia en el marco de la Guerra de la Independencia, y rendida la pequeña flota imperial napoleónica al mando del vicealmirante Rosily, comenzaron un largo período de reclusión". Ante la gran cantidad de reos, 3.676 hombres, hubo que hacinarlos en pontones, viejos navíos habilitados como cárceles.

Lourdes Márquez, en el castillo de Puntales / Cadena SER

A ellos terminarían uniéndoseles más de 17.000 hombres del general Dupont, capturados en la batalla de Bailén. Así que aquellos barcos se tornaron a tumbas para muchos, debido a la alta concentración de personas, la insalubridad, la falta de agua y comida, y la indignas condiciones en las que fueron encerrados. Tal era la gran cantidad de muertos que se producía a bordo que las autoridades gaditanas tuvieron que prohibir arrojar los cadáveres por la borda. Debían permanecer a bordo hasta que los recogía la que llamaban la barca de Caronte.

"En un pontón se metieron entre 800 o 1.000 personas. Los barcos eran grandes, de 60 metros de eslora, pero el espacio no era suficiente para tal número de prisioneros", explica Márquez. Pero, como muchas veces ocurre, los ricos y altos cargos vivieron muy bien. "En el pontón Castilla había mucha salubridad, e incluso se organizaron conciertos a bordo, a los que acudía público desde las localidades vecinas".

Recreación de la cubierta de un pontón con prisioneros a bordo / Adolfo Valderas

Precisamente, la relación entre la música y los pontones es una de las cuestiones que amplía esta segunda edición del libro. "Los supervivientes, al volver a su país, dejaron sus testimonios de muerte y tragedia, pero también algunos de estos episodios lúdicos. Estos hechos se materializaron en una, hasta ahora, desconocida ópera cómica, Les Pontons de Cadix, en la que participó como solista una niña de apenas nueve años, la violinista Teresa Milanollo. "En la primera edición se publicó el libreto. Ahora he conseguido mejorar las imágenes. La partitura sigue perdida, de momento. Técnicos de Francia me han dicho que seguramente se sobreescribiese. Si apareciese, se podría hasta volver a interpretar", añade.

Ópera cómica Les Pontons de Cadix. Biblioteca Nacional de Francia. Teresa Milanollo, según Marie-Alexandre Alophe, 1841 / Adolfo Valderas

Otra de las novedades de la segunda edición es la localización más precisa de cada uno de los pontones, gracias a cartografía histórica francesa.

Dibujo de un pontón fondeado / Adolfo Valderas

Lourdes Márquez, licenciada en Geografía e Historia con la especialidad de Antigua, Prehistoria y Arqueología, se dispone ahora a avanzar en su investigación sobre la memoria de los irlandeses, gracias a su vinculación con la familia Butler, ahora que ha accedido a correspondencia entre los Butler y los Langton.

Márquez terminó su segunda edición de la investigación sobre los pontones en el confinamiento forzoso de marzo, lo que le ha permitido mejorar su empatía con los prisioneros que sufrieron el encierro de los pontones. "Lo he querido dedicar a los sanitarios que siguen en primera línea". Un libro que vuelve a evidenciar el importante papel de Cádiz en la historia del mundo y la capacidad infinita de las guerras para causar sufrimiento.

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