Viernes, 17 de Septiembre de 2021

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Carlos Caballé Lancry, un hombre bueno

El doctor Caballé Lancry perteneció al Cuerpo de Médicos de Prisiones durante la posguerra. Su generosidad, humanidad y altruismo para con los presos en aquellas terribles circunstancias le valió el agradecimiento eterno de centenares de represaliados.

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Los nombres de las calles de una ciudad tejen un complejo tapiz de memoria que va entrelazando el relato histórico de la comunidad que lo ha hilvanado en el espacio conmemorativo. Se trata por tanto de un conjunto de denominaciones, de signos, que sirven para orientarnos, pero también para transmitir contenidos simbólicos concretos que nos van contando nuestra propia historia, sobre todo aquella que nos han querido contar, la versión imperante, y por tanto también la que se ha querido ocultar. Pero en muchas ocasiones esta comunicación resulta ineficaz, normalmente porque el mensaje no es claro, y se limita a un nombre propio, común, desconocido para el gran público, evitando que siquiera se puedan evocar episodios como el que hay detrás de la vieja placa metálica que rotula la calle del doctor Carlos Caballé Lancry, en el borde occidental del barrio de Malilla, en contacto directo con la frontera ferroviaria.

Si atendemos a la vida profesional y a los méritos del doctor Carlos Caballé Lancry (Tetuan, 1916 – Valencia, 1981) encontramos que es considerado el padre de la rehabilitación en Valencia y uno de los grandes impulsores de la rehabilitación a nivel nacional. Se licenció en Medicina por la Universidad de Valencia en 1940. Obtuvo el grado de Doctor con un sobresaliente cum laude en 1966 y premio extraordinario de doctorado en 1967. En 1969 se reconoció oficialmente la rehabilitación como especialidad médica, y el primer catedrático de toda España fue el Dr. Caballé Lancry, aquí en Valencia. Fue Presidente de la Sociedad Española de Rehabilitación, académico de número de la Real academia de Medicina de Valencia y Catedrático de Rehabilitación de la Facultad de Valencia, entre muchos más méritos y condecoraciones. Pero la placa rotuladora no está ahí para conmemorar sus éxitos profesionales, que los tuvo, y muchos. Está ahí por su humanidad, su filantropía y su altruismo en las prisiones franquistas durante la posguerra.

El profesor Caballé Lancry pertenecía al Cuerpo de Médicos de Prisiones durante los años más duros después de la Guerra Civil, ejerciendo en los penales de Santa María del Puig y San Miguel de los Reyes, donde se hacinaban centenares de presos y represaliados tras la contienda. Durante el ejercicio de su profesión, guiado por sus sentimientos humanitarios hacia los detenidos, sin hacer distinciones de carácter político, fue el amparo y el consuelo de cuantos sufrieron prisión en aquellos amargos días. Convirtió la enfermería en un asilo para aquellos detenidos que sufrían desnutrición, creando un turno para priorizar aquellos a los que no tenían familia y por tanto no recibían paquetes alimenticios.

El testigo directo de muchas de las personas que vivieron en sus carnes las cárceles franquistas cuentan como el toque de reconocimiento médico generaba alegría y alivio. “Ja està ací el metge” era la voz que recorría las galerías, e indicaba que el doctor Caballé se encontraba en la prisión para amparar a los reclusos, para los que siempre tenía una palabra de consuelo, y coon generosidad y altruismo, y corriendo muchos riesgos, contactaba con sus familias, informándoles del estado en el que se encontraban, suministrándoles también medicinas, en una época de gran carestía, y asistencia facultativa gratuita.

Don Carlos, como así le llamaban cariñosamente, fue el amparo y la protección, la única persona en aquel infierno a la que los presos podían acudir con la seguridad de encontrar siempre la mano tendida y una palabra de consuelo, un hombre bueno que derrochaba caridad y filantropía, al que nadie de los que vivieron en aquellas terribles circunstancias podrá jamás olvidar. Por todo ello, la Asociación de Expresos y Represaliados Políticos pidió al primer Ayuntamiento democrático de Valencia tras la dictadura que en perpetua memoria del doctor Carlos Caballé Lancry se le rotulase una calle en su nombre, eligiéndose para ello una del barrio de Malilla, perpendicular a Amparo Iturbi.

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