Miércoles, 14 de Abril de 2021

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Mascletá

Las mascletás podrían perjudicar el patrimonio histórico

La Universidad de Alicante evalúa si las mascletás podrían dañar los edificios históricos.

Los resultados aconsejan sacar las mascletás de lugares donde hay construcciones protegidas o redefinir la estructura de la mascletá reduciendo los terremotos.

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El Grupo de Simulación, Modernización y ensayo de estructuras de la Universidad de Alicante dirigido por el catedrático de Ingeniería civil, Salvador Ivorra, ha desarrollado una metodología para evaluar el daño en edificios históricos, basada en numerosos trabajos de investigadores de todo el mundo. Los expertos han validado los resultados con los datos obtenidos de la exposición del Palacio de Altamira de Elche, edificio histórico catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), y el resto de construcciones patrimoniales de su entorno a las mascletás que se lanzan durante las fiestas patronales de agosto, constatando que sí se producen daños.

A vivir que son dos días CV, ha consultado con el profesor de Arquitectura de la UPV, Adolfo Alonso, para conocer si las mascletás en la Plaza del Ayuntamiento de València podría repercutir en el estado de conservación de los edificios históricos que allí se encuentran. Adolfo Alonso asegura que "la estructura de los edificios no está en peligro, no se podría producir un derrumbe. Sí sería factible en algún momento el desprendimiento de ciertos elementos de fachada o cornisas. Si se optara por mascletás con mas presencia de aéreos y menos terremoto, se eliminarían los posibles riesgos".

La  publicación hace tres años (2018) de las conclusiones al estudio dinámico de estructura, realizado dos años antes (2016) por GRESMES sobre el alicantino monumento histórico de la fuente de Los Luceros, obra del artista Daniel Bañuls (1930), estudio en el que demostraron que la fuente y la estructura de la estación del TRAM, ubicada justo debajo, sufren daños debido al exceso en los niveles de vibración (aceleración) generados por las mascletás que se lanzan en ese lugar, y donde comprobaron – asimismo - que éstas exceden los límites recomendados en diferentes estándares internacionales y español, llevó al Ayuntamiento de Elche a encargar un estudio similar .

En esta ocasión los miembros del Departamento de Ingeniería Civil de la UA han desarrollado una metodología para evaluar el daño en edificios históricos, basada en numerosos trabajos de investigadores de todo el mundo. Los expertos han validado los resultados con los datos obtenidos de la exposición del Palacio de Altamira de Elche, edificio histórico catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), y el resto de construcciones patrimoniales de su entorno a las mascletás que se lanzan durante las fiestas patronales de agosto, constatando que sí se producen daños.

Fases y metodología diseñada

Para la obtención de estos resultados y conclusiones, los investigadores colocaron sensores, denominados acelerómetros sísmicos, en varios puntos del Palacio de Altamira, el Museo Arqueológico y en un paño de la muralla que hay en esa misma plaza. Los edificios históricos se encuentran en el centro de la ciudad, cerca de las plazas donde tienen lugar las celebraciones. Además, hay que tener en cuenta que la Basílica de Santa María está muy cerca de la zona. Las mediciones se realizaron durante las mascletás de dos días consecutivos en la festividad del 15 de agosto de 2019. Durante los seis o siete minutos que suele durar la mascletá los acelerómetros sísmicos recogieron los valores. Además, para obtener resultados más precisos, los expertos de la UA cambiaron de lugar los sensores, instalándolos un día en la zona de las almenas y el segundo día en la zona de suelo.

Previo al análisis de los valores detectados, los investigadores realizaron un trabajo de recopilación de bibliografía existente, normativa internacional, tanto europea como española, que hace referencia a los efectos sobre las construcciones de vibraciones en su entorno; bibliografía relacionada con los efectos del tráfico en el Coliseo romano; y sobre el efecto de las voladuras en canteras en Estados Unidos, para conocer cómo se transmiten las vibraciones por el suelo.

Los resultados concluyen que se observa la existencia de cuatro fases a lo largo de la duración de la mascletá: una fase inicial caracterizada por la voladura de fuegos aéreos; el cuerpo o fase principal de la mascletá, donde se sucede una mayoría de detonaciones a baja frecuencia a nivel de suelo y combinadas con algunos fuegos aéreos; una tercera fase, con gran concentración de fuegos a media altura  que provoca un impacto fuerte en muy poco tiempo. Este es el llamado “terremoto”. Y la fase final, que combina fuegos aéreos con algunas explosiones de suelo de fuerte impacto.

Con estos resultados obtenidos los investigadores han diseñado una metodología de estudio del efecto de las mascletás en los edificios históricos. Los científicos han elaborado una tabla que determina los tres umbrales límite, producidos por las vibraciones, que no hay que sobrepasar para el caso de los edificios industriales, los residenciales y las construcciones patrimoniales. Esta tabla de umbrales límite está basada en la bibliografía y normativas recopiladas y estudiadas, tanto nacional como internacional. De entre todas las normativas estudiadas sobre los niveles de límites de vibración los investigadores se han quedado con la alemana “por ser un poco más restrictiva que la española”, asegura Ivorra.

Explica el catedrático que son las “frecuencias más bajas las que están generando que se sobrepasen los umbrales. Esto sucede en el terremoto. Tenemos una zona de pequeña duración pero con niveles de aceleración muy superiores a cualquier otro”.

A la vista del análisis y los resultados obtenidos los investigadores hacen dos recomendaciones: en primer lugar, “no hacer mascletás tradicionales en los entornos de los edificios históricos y de zonas protegidas. Y, en segundo lugar, si se van a llevar a cabo, redefinir la mascletá reduciendo la zona del ‘terremoto’”, indica Salvador Ivorra Chorro, catedrático de Ingeniería civil.

El experto añade que “esto mismo es también extrapolable a los edificios residenciales”.

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