Martes, 13 de Abril de 2021

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Coronavirus Covid-19

La familia asturiana de 11 miembros que ha pasado el COVID-19 unida: "Con el primer positivo empecé a llorar"

La matriarca, Paloma Blanc, ha explicado que "ha sido más difícil de lo que pensaba emocionalmente y más fácil en la parte física"

Paloma Blanc y su marido, Guillermo Hilla, son la cabeza visible de una familia que cuenta con nueve hijos. Asturianos ambos, viven en Madrid. Hasta aquí no hay nada de novedoso. Sin embargo, ¿qué pasaría si todos ellos fueran los protagonistas de un contagio múltiple que les han mantenido confinados durante doce días bajo el mismo techo? Seguramente este argumento sea suficiente como para pensar la locura que han supuesto las dos primeras semanas de febrero. 

"Ha sido intenso, pero leve con lo cual estamos muy contentos", ha apuntado Paloma en declaraciones a SER Gijón. ¿Cómo se gestiona un brote de COVID-19 con 11 personas? "Con mucha paciencia, tranquilidad, sin agobios e intentando poner cada uno de su parte. En esta casa ha habido mucho desorden, falta de horarios porque nos encontrábamos mal y no podíamos levantarnos a cocinar -Paloma confiesa que ha habido días de comer a las cinco de la tarde- pero no se nos ha dado mal y hemos salido adelante", ha asegurado sonriente.

Test de antígenos de toda la familia. / SER Gijón

Todo comenzó el viernes 5 de febrero, cuando el marido de Paloma empezó a sentir dolor muscular. En ese momento, Paloma sintió que algo no iba bien "porque él nunca se queja". Al día siguiente varios miembros de la familia amanecieron enfermos, entre ellos, Paloma. "Notaba algo distinto, no sé definirlo pero era como un peso en el pecho al que no estaba acostumbrada", ha recordado. A partir de ahí, decidieron hacerse un test y la sorpresa fue que salieron siete contagios de golpe. "Cuando vimos el primer positivo, empecé a llorar porque no podía calmarme. Tanto tiempo oyendo hablar del coronavirus y de repente se cuela en tu casa y ves un hijo tuyo positivo y le miras a la cara y ves que también está asustado. Al de siete años lo tuve que sacar de detrás de una puerta porque no quería hacerlo y me veía llorar. Fue un momento un poco dramático, pero encajamos rápido la noticia y nos pusimos a trabajar", ha explicado.

Paloma es de ese tipo de personas que siempre ve el vaso medio lleno, a pesar de las dificultades. Conocidos los resultados, la conclusión era que había bajo el mismo techo un matrimonio y nueve hijos que van desde un año y cuatro meses de la pequeña, hasta los 18 del mayor con COVID. Una horquilla que alcanzaba "adolescentes, preadolescentes, pequeños que no parar de jugar, gritar y hacer ruido y la bebé que intenta abrirse camino entre toda esa jauría de gente".

Día a día emocional

Si algo bueno tiene la casa de los Hilla-Blanc es que es "muy alegre", aunque Paloma reconoce que la parte más costosa estuvo en lo emocional. "El padre y la madre preocupados cada uno por ellos por otras 10 personas. No solo es como te encuentras tú, sino como se encuentra cada uno de tus hijos: sus toses, su fiebre, la saturación... Ver venir el día seis porque todos los médicos te dicen que entre el sexto y el octavo día vigiles ya que puede haber un empeoramiento. En ese momento sientes como cuando estás en la montaña rusa acercándote al looping y esperas que no se suelte el cinturón de ninguno de ellos. Emocionalmente es duro multiplicado por tanta gente. Ha sido más difícil de lo que pensaba, pero en la parte física ha sido más fácil", ha defendido.

Además del cuidado físico, ha habido algunos electrodomésticos que también han sido protagonistas en estos doce días. "He estado poniendo, al menos, cinco lavadora diarias: mantas, sábanas, colchas, edredones e incluso fundas de sofá. La lavadora y la secadora no se como siguen respondiendo porque han estado a tope", cuenta entre risas. A eso se suma una limpieza diaria de baño "con mucha lejía". Pese a que se había planteado hacer una desinfección profesional cuando pasara todo, ha acabado descartando la idea. "Pensaba en desinfectar mi casa porque la idea de que el bicho siga por ahí... pero ya nos han dicho que no era necesario porque no hay ningún bicho vivo", ha añadido.

Unión y miedos

¿Tiene este confinamiento exprés algo positivo? Paloma contesta afirmativamente. "Notas el cariño de la gente, su empatía. En nuestra casa ha aparecido comida, juguetes; personas que se iban acercando para ayudarnos, algunas que no conozco me daban consejos a través de Instagram. Ha habido una solidaridad espectacular" y a eso se suma también las conclusiones familiares porque "ha sido una manera de aprender a ser más equipo que nunca, estamos más unidos".

Entre las asignaturas pendientes, Paloma ha reconocido que pensaba que, una vez pasado el virus, iba a perder el miedo. "Sigo queriendo llevar a todos (mis hijos) en coche para que no cojan transporte público. No tengo la sensación de haberlo pasado y permanece algo de miedo de que se nos vuelva a meter en casa teniendo en cuenta que no sabemos por donde llegó el contagio. Estoy un poco más relajada, pero creo que la gente que lo ha pasado e incluso está vacunada debe seguir siendo responsable, manteniendo la distancia, la mascarilla y la higiene. Eso nos va a durar mucho tiempo", ha concluido. Su siguiente deseo, una vez recuperada la normalidad, poder volver a Asturias "en cuanto se pueda".

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