Lunes, 10 de Mayo de 2021

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Clase de Historia desde casa: 79 años de la muerte de Miguel Hernández

Juan Manuel Guardia, "Miguel Hernández fue un hombre íntegro, y un poeta profundo"

José Manuel Guardia: "Muchos años después de su muerte, siguen existiendo personas a quienes la figura y la obra de Miguel Hernández les resultan incómodas"

José Manuel Guardia: "Muchos años después de su muerte, siguen existiendo personas a quienes la figura y la obra de Miguel Hernández les resultan incómodas" / J. M. Guardia

El profesor de historia, en el espacio “Clase de Historia desde casa”, en el programa Hoy por Hoy Elda Vinalopó, con el profesor José Manuel Guardia Villar, ha querido recordar a Miguel Hernández en su 79º Aniversario de su muerte.

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Texto de José Manuel Guardia

Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré.

En la madrugada del 28 de marzo del año 1942 fallecía, en el Reformatorio de Adultos de Alicante, el poeta Miguel Hernández, el autor de “El rayo que no cesa” o “Viento del pueblo”, tras un un largo peregrinar por diferentes penales de España a causa de una tuberculosis no tratad. Tenía, tan solo, 31 años. Dejaba una esposa, Josefina Manresa, y un hijo de tan solo tres añitos, Manuel Miguel. Un consejo de guerra lo había condenado a muerte en 1940. Y aunque el régimen franquista le conmutó la pena a cambio de 30 años de cárcel, las condiciones de su prisión fueron más implacables que cualquier paredón de fusilamiento. Su vida fue demasiado breve, fugaz, pero suficiente para convertirse en una de las voces más importantes de la literatura española.

Comprometido con la causa republicana, una vez estallada la Guerra Civil en 1936 se alistó en el 5º Regimiento y se alistó al Partido Comunista. En el frente de guerra escribe algunas de sus obras más conocidas “Viento del pueblo” y “El hombre acecha”. En la primavera de 1939, ante la derrota republicana y la desbandada general del Ejército Republicano, Miguel Hernández cruzó la frontera portuguesa, pero fue detenido y entregado a las autoridades españolas. Comenzaba así un largo calvario penitenciario por las cárceles de la posguerra: Sevilla, Madrid, Palencia, Alicante... Su condena de muerte se hizo firme en 1940, pero la intervención de figuras como Pablo Neruda o José María de Cossío, y otras personas cercanas al poeta consiguieron evitar su muerte aunque, en su lugar, debía cumplir una condena de 30 años de cárcel.

Sin embargo, las cosas empeoraron cuando Miguel Hernández fue trasladado a la prisión de Alicante. Primero sufrió bronquitis y luego tifus que desembocó en tuberculosis. Murió castigado por las condiciones de su cautiverio. Su familia intentó, por todos los medios, trasladarlo al Sanatorio Porta-Coeli, en Valencia. La autorización llegó con retraso y sirvió de poco, pues el deterioro de Miguel era manifiesto y temían que el viaje empeorara su estado. Pocos días después el poeta fallecía en la enfermería del presidio alicantino. Al día siguiente su cuerpo era enterrado en el nicho 1.009 del cementerio municipal de Alicante.

Por otro lado, durante la dictadura, Miguel Hernández fue uno de los poetas con mayor número de textos prohibidos y no será, hasta finales de la década de los sesenta, cuando comienzan a sonar algunos de los versos del poeta gracias a cantantes como Enrique Morente o Paco Ibáñez que, esquivando la censura, interpretó en TVE la canción "Andaluces de Jaén", una adaptación del poema "Aceituneros". Y, por supuesto, el empujón definitivo será en 1972 cuando Joan Manuel Serrat musicaliza muchos de los poemas del poeta: Para la libertad, Menos tu vientre, El niño Yuntero, Elegía a Ramón Sijé, en un disco imprescindible.

Sin embargo, parece que en estos tiempos de democracia, y muchos años después de su muerte, siguen existiendo personas a quienes la figura y la obra de Miguel Hernández les resultan incómodas. En este sentido cabe señalar que la pasada primavera el Ayuntamiento de Madrid borró del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en el cementerio de La Almudena los versos del poeta considerando que “más vale no remover” (ni leer) o, más bien, intuyendo efectos desestabilizadores en un puñado de versos. Pero… por muchos versos que se borren es “Imposible borrar lo que está escrito en las almas de tanta gente”.

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