Lunes, 19 de Abril de 2021

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Así eran las Ventas de La Caña y del Cuerno de Abetxuko

En nuestras historias antiguas de Álava, nos acercamos a las posadas que hubo en la aldea de Abetxuko

Venta de La Caña

Venta de La Caña / S. Arina / Archivo Municipal

Las ventas o posadas se encontraban junto al borde de los caminos y vías terrestres mas importantes, en las cuales se proporcionaba cobijo a los viajeros que transitaban por ellas. Disponían de de una taberna donde se facilitaba comida, bebida, habitaciones para dormir, y espacios para los carruajes y caballerías.

En el pueblo de Abetxuko, cercano a Vitoria-Gasteiz, existieron dos de estos establecimientos, la Venta de la Caña y la Venta del Cuerno, que estuvieron situados junto a la antigua carretera de Vitoria a Bilbao por Murguía.

En 1845, Abetxuko tenia 9 casas abiertas y un molino harinero, con un total de 63 habitantes, contando en el aspecto religioso con un beneficiario (cura). Los vecinos concurrían a los mercados de Vitoria para vender la leña extraída de sus montes y los productos sobrantes de la cosecha. En 1886 hasta contaba con un veterinario, Francisco Isaiz Ortiz, y el antiguo molino ya era una fabrica de harinas, de la empresa Molinuevo y Compañía, que con el tiempo pasaría a denominarse “El Áncora de Abetxuko”.

Venta de La Caña

A pocos metros al norte del puente sobre el río Zadorra se encontraba la Venta de la Caña. Su emplazamiento estratégico bajo el punto de vista militar, hace que aparezca en documentos castrenses.

Venta de la Caña ayer y hoy / Archivo municipal e Iñaki Armentia

La Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa conserva un plano de fecha 21 de octubre de 1845 en el que se plasman las maniobras militares que se llevaron a cabo en esa fecha en “el puente de Arriaga y el monte de Araca”. Tanto en este documento como en otros de aquella época se cita al puente como “de Arriaga”, mientras que hoy día se conoce como “de Abetxuko”.

En el mapa citado, aparece el edifico de la Venta de la Caña, y el de la Venta del Cuerno, a la que nos referiremos mas adelante.

Plano con las ventas / Biblioteca del Ministerio de Defensa

Ricardo Becerro de Bengoa, al escribir sobre la Batalla de Vitoria en 1884 en la Revista Contemporánea, relata que el 21 de junio de 1813 la Venta de la Caña tuvo su protagonismo en aquella contienda: “El General Longa, con los españoles, y la quinta división inglesa de Oswald, se dirigió a Gamarra Menor y Durana; el brigadier inglés Robinson, después de hacer subir en hombros los cañones a Araca, que estaba cubierto de bosque y por donde no había camino alguno, tomó a Gamarra Mayor cogiendo tres cañones, y Graham, con la primera división inglesa y la brigada portuguesa de Pak, tomó a Abechuco y se dirigió contra el puente de Arriaga, artillando las casas de la que es hoy Venta de la Caña. Una brigada de dragones mandada por el inglés Anson concurrió a estos movimientos.”

El ajetreo de contingentes militares era habitual en los alrededores de la Venta, por la cantidad de maniobras que se efectuaban en el cercano monte Araka.

En 1890 el periódico madrileño La Época da cuenta de las desarrolladas en noviembre: “También en Vitoria, con motivo de haber cesado las lluvias y despejándose el cielo, las tropas de la guarnición han vuelto a practicar ejercicios en el campo. El lunes último, a las doce menos cuarto, salió el batallón Cazadores de las Navas a ocupar las alturas de Araca, que habían da ser objeto de defensa.

Los tres batallones restantes de cazadores salieron media hora después a las órdenes del señor general Santiago, y, ya en el Portal de Arriaga, dispuso avanzase una compañía para explorar el terreno. Al llegar a la Venta de la Caña, dejó en ella un destacamento para defender el puente sobre el Zadorra, y ordenó desplegarse en orden de combate un batallón, siguiendo la marcha con los dos batallones que restaban hasta Aranguiz, desde donde amenazaron los movimientos del núcleo de la fuerza”.

El 16 febrero de 1918 el comandante de infantería José Cobo Gómez, perteneciente al regimiento Guipúzcoa, sufrió un percance cuando se dirigía montado a caballo al campo de tiro del monte citado, acompañado de otros oficiales, a inspeccionar los ejercicios de la tropa. Así contaba la prensa lo ocurrido: “Cerca ya de la Venta de la Caña, sin que el caballo hiciese nada que pudiera prevenir al jinete ni a los que le acompañaban, el señor Cobo cayó pesadamente al suelo, dando con la cabeza en una piedra y produciéndose una lesión no muy importante al parecer en la frente, de la que empezó a salir sangre en abundancia.

Los acompañantes, vieron que este no se movía ni respondía a su llamamiento, por lo que con la natural ansiedad echaron pie a tierra y se precipitaron sobre él para levantarle, mientras el caballo asustado salió al galope hacia el campo de tiro, siendo detenido por oficiales y soldados del cuerpo.

Como el comandante señor Cobo permanecía inerte y arrojaba sangre de la herida, de las narices y la boca sus compañeros dieron aviso a la Venta de donde acudieron dos o tres personas que recogieron al caído conduciéndolo a la casa, mientras el señor Cifuentes se dirigió al campo de Araca, en busca del médico del regimiento, viniendo este apresuradamente a la Venta de la Caña y haciendo la primera cura a dicho jefe, al que acompañó después en el coche hasta Vitoria.”

Hemos encontrado dos referencias en la prensa, relativas a otros tantos accidentes ocurridos en esta venta.

El 25 de marzo de 1897, el operario de la fábrica de harinas de Abetxuko Patricio Espada Valencia, se dispuso a limpiar una tinaja colocándola sobre una de las ventanas de la Venta, venciéndole el peso de la vasija. Al tratar de sujetarla, barreño y obrero cayeron sobre la carretera, infiriéndose este varias contusiones.

El médico José María Unda -que tenía su despacho en la calle San Francisco número 21 de Vitoria-, asistió al lesionado en el lugar del accidente, tras lo cual se intentó trasladarlo en un carro al Hospital Civil de Vitoria, pero los dolores aumentaban con el movimiento del carruaje. Finalmente fue requerida la camilla-coche municipal, en la que fue enviado al establecimiento mencionado.

Olegaria Mendiguren Mendiguren, natural de Crispijana, contrajo matrimonio con Pedro Fernández de Biteri Bolinaga en Etxabarri Ibiña el 8 de mayo de 1878, pueblo este último donde establecieron su residencia. Su profesión era la de labradores, y habitualmente se trasladaban a Vitoria al mercado de los jueves, en un carro tirado por bueyes, cargado de productos agrícolas para su venta.

El 13 de octubre de 1910, al regresar de la ciudad camino del pueblo, hicieron una parada en la Venta de la Caña. Justo al descender Olegaria del carro, inesperadamente los bueyes se pusieron en marcha, siendo atrapada la señora entre las ruedas del carruaje. Sufrió la fractura de la pierna izquierda y el brazo del mismo lado, siendo trasladada al hospital en el mismo carro que conducía. El hospital se encontraba a una distancia de 4 km., así que pasó una hora aguantando unos dolores notables.

El edificio de la Venta de La Caña desapareció en abril de 1960 al construirse el nuevo poblado de Abetxuko. En el momento de su derribo, el edificio principal albergaba cuatro viviendas en dos plantas, disponiendo de otro edificio adosado dedicado a cuadra y pajar.

En sesión celebrada por el ayuntamiento vitoriano el 8 de junio de 1960, se adjudicó el nombre de Venta de la Caña a la plaza que quedó formada tras el derribo. Recientemente al instalarse en ese lugar una parada del tranvía, se denominó a esta como Kañabenta.

La Venta del Cuerno

La Venta del Cuerno estuvo situada junto a la misma carretera, enfrente de la 'Fabrica de Harinas de Samaniego', que posteriormente como hemos dicho pasó a denominarse 'El Ancora de Abetxuko', de cuyas antiguas instalaciones aun sigue en pie un edificio.

Emplazamiento de la Venta del Cuerno / Fundación Sancho El Sabio

Ladislado Velasco, en sus “Memorias de Vitoria de Antaño”, se refiere a un acontecimiento acaecido durante la tercera guerra carlista (1872-1876). Relata que en diciembre de 1874 actuó discretamente de intermediario para lograr el intercambio de prisioneros entre los dos bandos contendientes. Logró el acuerdo entre la Diputación 'carlista', cuya sede se encontraba en Ibarra de Aramaio y el Gobierno oficial de Madrid.

Se efectuó el intercambio de presos en la “Venta del Cordero”, que se encontraba en el paraje de Lendia, junto a la carretera, enfrente de la aldea de Apodaka.

Velasco dice donde fueron esperados los reclusos liberados por los carlistas, a los que acompañó: “Al tiempo de salir de Vitoria previne a los señores Tenientes Alcaldes, Castañares y Galindez, convendría que algunos carruajes nos esperaran a las cuatro o cinco de la tarde en la llamada Venta del Cuerno, pues suponía que aquellos hombres y con aquel día llegarían en mal estado, evitando así cualquier manifestación. Y todo se cumplió al pie dé la letra: A pesar del temporal aguardaban en la venta no solo los carruajes, sino un gran concurso de gentes que aprovechaban el armisticio para salir.”

Emplazamiento de las ventas / Biblioteca Nacional de España

Ricardo Becerro de Bengoa, por su parte, escribió en 1880 para su libro “Descripciones de Álava”, publicado en 1918, lo siguiente: “Y diciendo «Adiós” a los solitarios Araca y Abechuco, y a la concurrida Venta del Cuerno, centro predilecto de las meriendas de los vitorianos, al histórico puente de Arriaga y a los campos y aldea de este nombre, entramos en la ciudad cuando el sol trasponía la ondulada línea de la sierra de Badaya.”

La taberna de esta venta debió ser muy concurrida y animada. En las fiestas patronales de San Miguel de Abetxuko, del 29 de septiembre de 1879, hubo un día  de verano que propició una gran concurrencia. Así destacaba el Anunciador Vitoriano, el ambiente: “La afluencia de personas de todas clases, que acudieron a pie, a caballo y en coches, las meriendas, al aire libre en la acreditada Venta del Cuerno, el alegre son del tamboril y de las guitarras, todo contribuyó a mantener el buen humor y la armonía, sin que hasta la última hora haya habido, que nosotros sepamos, disgusto alguno”.

Pedro Ríos, vecino de la población navarra de Villaba / Atarrabia, tenia un buen recuerdo de las fiesta de San Juan de Arriaga y de la jaranas que con tal motivo se celebraron en la Venta del Cuerno, y en junio de 1926 publicó una poesía, recordando el buen ambiente de años atrás. La tituló “TIEMPOS MOZOS”:

De San Juan ya pronto el día ,

muchos han de recordar

los couplets de una zarzuela (1)

que se hizo muy popular

y que siempre terminaban

con una estrofa final

que, tratando del pasado,

decía esta gran verdad:

“Qué inocente vida,

qué felicidad,

tiempos como aquellos...

ya no volverán”

La alborada de San Juan

nos recuerda aquellos tiempos

en que se iba de jolgorio

a la que fue “Venta el Cuerno”.

Era ya de luengos años

aquel sitio el predilecto

para tomar chocolate

o algún otro refrigerio.

Y solía suceder

que alguno, además de eso,

en el Zadorra cercano

tomaba un baño ¡qué fresco!.

Iban muchas modistillas

y criadas de alto vuelo,

y te vendían rosquillas,

almendras y caramelos,

y siempre alguna rondalla

de tres o mas instrumentos

amenizaba los bailes,

armándose el gran jaleo.

Y cuando luego la gente

se hallaba ya de regreso,

los ecos de mil cantares

se oían en el trayecto,

esparciéndose sus notas

de alegría y de contento

por heredades y campas,

ya como últimos destellos

de las horas transcurridas

de buen humor y bureo.

(1) El siglo que viene

En 1909 la venta estaba ocupada por el matrimonio compuesto por Pedro Martínez Martínez y María Candelas Pedruzo Baró, que tenían allí su vivienda, cuadras y almacén. Compartían el edificio con Aniceto Amurrio, quien había tomado el traspaso de la tienda de ultramarinos y taberna.

Pedro destacó como defensor de los intereses de su pueblo, acudiendo acompañado de Rufino Cortazar, como representante del Concejo de Abetxuko a una asamblea celebrada en Elorriaga en diciembre de 1907. En ella los 44 pueblos del municipio de Vitoria manifestaron su protesta por el acuerdo tomado por el Ayuntamiento, en el sentido de elevar los impuestos a satisfacer por los pueblos en cuanto a “derechos de consumo”. En Abetxuko ello suponía una elevación de la tasa de 27.000 a 36.000 pesetas.

Incendio de la Venta

A las doce de la noche del día 5 de abril de 1909, María Candelas se levantó de la cama con el objeto de atender a un hijo que se encontraba enfermo. Seguidamente bajó al establo con objeto de echar de comer a las vacas, observando que de distintas partes de la casa salía humo. Un fuego se había iniciado en el pajar, donde se almacenaba abundante paja y cereales. Rápidamente las llamas se propagaron por toda la casa y en poco tiempo el edificio ardía por los cuatro costados.

Enseguida, María comenzó a dar voces de auxilio, no tardando en presentarse todos los vecinos de Abetxuko, que trataron de ayudar en la extinción del fuego. Se logró rescatar al niño enfermo, y apenas fue sacado de la cama, se desplomó el techo de la alcoba.

Uno de los vecinos, apenas iniciado el siniestro, se trasladó a la cercana aldea de Arriaga con objeto de que desde el campanario de la iglesia se tocase a fuego, y de esa forma el vecindario de la localidad se enterase y acudiera a Abetxuko a prestar auxilio.

Los toques de campanas de la iglesia eran el único medio para convocar a los vecinos a vereda, a junta del concejo, a misa, informar de la existencia de un incendio, la muerte de una persona, etc., siendo distintos los sonidos, según la causa del llamamiento.

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Todos los vecinos de Arriaga, tan pronto como tuvieron noticia del suceso se trasladaron a Abetxuko ayudando en las labores de extinción, e incluso trabajando en el salvamento de enseres.

A la una de la madrugada se supo en Vitoria la noticia de la catástrofe. El señor Usabel, jefe de la guardia municipal, se apresuró a comunicar lo sucedido al alcalde Pedro Ordoño, quien avisó por teléfono al retén de bomberos para que sin pérdida de tiempo saliera con dirección al lugar del incendio.

A las dos menos cuarto estaba el material de salvamento en Abetxuko, pero había transcurrido demasiado tiempo, y fue innecesario su auxilio pues ya la casa incendiada había quedado reducida a escombros.

Las pérdidas fueron importantes: se quemaron las cosechas de los graneros, muchos de los enseres de la casa y la ropa. Se pudo salvar del furor de las llamas el ganado vacuno y algunos aperos de labranza. Por su parte, el tabernero Amurrio perdió todas las pertenencias de la tienda de comidas y bebidas.

El matrimonio hubo de trasladarse con su hijo enfermo, a una casa que les fue cedida y que se encontraba vacante en Abetxuko, y Aniceto Amurrio se instaló en una pequeña habitación de la Venta de la Caña, donde vivían los peones de la fábrica de harinas de Molinuevo, los cuales también colaboraron en el rescate de algunos enseres.

En la mañana del día 6, se trasladó al lugar el alcalde Pedro Ordoño acompañado del Sr. Usabel con objeto de enterarse de la magnitud de la desgracia.

Por la tarde, aprovechando el buen tiempo, fueron muchos los curiosos que se trasladaron a Abetxuko para observar los efectos del incendio.

En Mayo de 1909, Pedro Martínez solicitó al ayuntamiento la concesión de materiales para reponer los aperos de labranza, siendo aprobada su petición. Sin embargo en el mismo mes, a causa del incendio de la Venta del Cuerno, la comisión de arbitrios no accedió a la petición de la Junta Administrativa del pueblo de Abetxuko, sobre la rebaja de la cuota que dicho pueblo tenía señalada por concepto de cupo de consumos en ese año.

María Candelas Pedruzo vivió hasta la edad de 78 años, falleciendo el 15 de julio de 1940, celebrándose su funeral en la parroquia de San Miguel Arcángel de Abetxuko, siendo enterrada en el cementerio de la localidad.

Esquela de María Pedruzo / Pensamiento Alavés

Nos interesamos por ver si era posible ver alguna lapida o cruz que la recordara en el camposanto, pero no encontramos nada; el cementerio ya no existe. Nos dijo una vecina que en el lugar que hoy es un jardín junto a la iglesia se habían conservado algunas cruces de metal y lapidas, pero que las primeras habían desaparecido al robarse para ser vendidas como chatarra.

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