Jueves, 06 de Mayo de 2021

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Oda a la ciudad de dos cantes

Anabel Rivera estrena "La risa que se desangra", homenaje al flamenco y el carnaval de Cádiz

Anabel Rivera recibe el aplauso del público al final del estreno de "La risa que se desangra"

Anabel Rivera recibe el aplauso del público al final del estreno de "La risa que se desangra" / Cadena SER

Hay una ciudad al sur de Europa donde nacieron dos cantes hermanos, que han crecido a la vera, aunque no siempre igualmente mimados. Hay un pequeño lugar al norte de África, al otro lado de América, en el confín de las rutas de Asia, que creó sus ritmos propios alimentados por las influencias que le venían de todas partes del mundo gracias a su puerto. Y esa capital musical, que es Cádiz, tiene su propia banda sonora, que es flamenca y es carnavalera. Y esa Cádiz mecida a dos manos es a la que canta y homenajea la artista Anabel Rivera en su espectáculo La risa que se desangra, que este viernes 9 de abril se ha estrenado en la Sala Central Lechera.

El personaje que encarna Rivera acaba de terminar un suculento puchero en la Peña La Estrella en una de las noches más especiales del año en Cádiz: la noche de la final del Falla del concurso de agrupaciones de carnaval. Está la olla y también tiene a su lado un IPAD porque está de guardia para atender, en caso necesario, las videollamadas de los residentes en un centro de mayores. Y, mientras una comparsa se prepara en la peña antes de actuar en el teatro, recibe la llamada de Rosario, una gaditana a la que el carnaval y el flamenco envuelven en recuerdos.

La obra tiene su germen en el libro de Javier Osuna, Cádiz, cuna de dos cantes, y ahonda en esa bipolaridad musical de una ciudad que, en muchos momentos, parece que ha tenido que decidirse por uno de ellos como si de bandos se tratase. La risa que se desangra reivindica por igual el flamenco y el carnaval, defiende su mutua relevancia y los eleva con un elenco de artistas invitados de enorme categoría.

En la parte flamenca, está un magistral Juan José Alba, que borda el arranque de unas malagueñas; un contundente Javier Katumba, cuya presencia da empaque y seguridad; y dos acompañantes de lujo a las palmas y jaleos como David Gavira o Diego Montoya, quien también se arranca al baile. Rivera se mueve cómoda en los cantes festeros más gaditanos por alegrías, chuflillas y unas hermosas bulerías con la letra del pasodoble a la rosa de Capricho andaluz, de Antonio Martín. Y vence también en la serenidad de esas malagueñas o en unas seguiriyas compuestas por David Palomar, de letra reflexiva sobre el gaditano. Se marca a capela un pasodoble de Los beduinos, de Paco Alba, y conmueve en la interpretación final de La risa que se desangra, la composición que Riki Rivera ha hecho para esta obra. Otra nueva muestra de su gran momento como creador musical. 

En la parte carnavalera, sobresalen voces solventes de la fiesta: Vicente Lázaro 'Lali', Manolín Santander, Germán García Rendón, Rafael Figuier, Rafael Piñero, Paco Trujillo, Juan Gamaza o Chúa. De sus gargantas salen coplas de Los Quijotes del Sur, Los mafiosos, La banda del capitán veneno, La maldición de la lapa negra o un vibrante broche de oro con la presentación de Noches de falla, de Quiñones y Pepito Martínez, a la que se incorpora la protagonista. Contagian su emoción, sus ganas de carnaval retenidas por la pandemia.

El estreno de la obra contó con la divertida colaboración de Carlos Pérez y con la presencia del gran autor de carnaval Antonio Martín como invitado de honor. Compartió diálogo con la protagonista, cantó el emocionante pasodoble dedicado a Paco Alba de Los principiantes, se marchó al ritmo del Gaditano soy de Juan Villar, y volvió para interpretar al final su particular homenaje a Manuel Santander. A quien atesora 60 años de coplas se le puede permitir todo, pero quizá adquirió un protagonismo que no le tocaba.

La obra contó también con la voz de Chari Helmo, en la representación de ese Cádiz que añora momentos pasados y anhela tiempos mejores. Una ciudad consciente de su talento, pero atrapada en esa risa siempre buscada que acaba desangrada, en esas penas que se ahogan en coplas. Destacó también la eficacia técnica del sonido de Chipi Cacheda, los hallazgos del vestuario de Maura Revuelta y Lorena García, que pasa del pantalón de volantes y la chaqueta de flecos a una transformación en vestido de arlequín. 

La risa que se desangra es también un espectáculo teatral, con diálogos bien construidos y bien ejecutados por Anabel Rivera, que tratan de hilar los vínculos entre el flamenco y el carnaval. Pero que, sobre todo, inciden, en la capacidad del arte y de la música de hacer frente a las penurias de una ciudad marcada también por las dificultades. Por eso, suenan reivindicaciones laborales, sueños de una recuperación. En estos tiempos, donde los oles se ahogan en las mascarillas y en los huecos que obligan los aforos limitados, cada copla cantada resuena en la Sala Central Lechera como un enorme triunfo del arte frente al virus, como una victoria frente al desaliento. Solo por eso habría merecido la pena este estreno. 

Pero La risa que se desangra es más. Es una reivindicación exportable de una ciudad única. Porque Cádiz tiene una banda sonora que es propia, carnavalera y flamenca. Una ciudad por la que henchirse de orgullo por duplicado. Porque aquí el talento se ofrece a pares. 

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