La calle es democrática, la casa no
La igualación democrática no consiste en encerrar a los ciudadanos en sus domicilios respectivos y muy diferentes, sino en permitirles salir a la calle común

La línea roja Matías Vallés (24/05/2021)
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Palma
Buenos días. La mayor falacia del año largo de confinamiento total o parcial consiste en señalar que el enclaustramiento a todos iguala.
Los más favorecidos también se han sometido al confinamiento, se exclama, como si los privilegiados cumplieran con la ley por vez primera.
Daban ganas de compadecerles al ver limitado su tren de vida, hasta que se reparaba en las dimensiones del domicilio donde se veían recluidos.
La igualación democrática no consiste en encerrar a los ciudadanos en sus domicilios respectivos y muy diferentes, sino en permitirles salir a la calle común.
Porque la calle es democrática, pero la casa no.
Por eso un Govern de izquierdas ha de ser muy cuidadoso al limitar el acceso a la vía pública, porque castiga a sus presuntos votantes en beneficio de quienes nunca le votarán.
Los más desfavorecidos son también los más perjudicados por el toque de queda, una evidencia que ha quedado arrinconada por la obsesión con abrir bares y restaurantes.
De ahí el valor suplementario del sometimiento voluntario de la población al encierro en casas no siempre habilitadas para soportar a sus residentes, durante 24 horas al día.
Y de ahí el riesgo de mantenerlos encerrados más allá de lo razonable.
Abrir las calles es abrir la democracia, un régimen que solo funciona con puertas abiertas.




