Lunes, 02 de Agosto de 2021

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Pedro Santiago, historia de un vitoriano en la guerra de Filipinas

En nuestras historias antiguas de Álava, contamos la historia de un vitoriano de adopción que participó en la guerra de Filipinas a finales del siglo XIX

Pedro Santiago

Pedro Santiago / Archivo de Juan Ignacio Arce

Pedro Santiago Amador nació en 1860 en Villacañas (Toledo) y, por motivo de su profesión militar, fue destinado a Vitoria donde conoció a María Andresa García de la Yedra Ortiz de Mártioda. Se casaron el 19 de mayo de 1886 en una ceremonia celebrada en la parroquia de San Pedro de nuestra ciudad. La novia había sido bautizada en la iglesia de San Miguel el 1 de diciembre de 1863.

Pedro fue una persona que desde muy joven encauzó su vida en el ejército, iniciando su carrera en el área administrativa.

En la primera reseña que hemos encontrado sobre él en disposiciones oficiales, figura que en marzo de 1890, cuando contaba con 30 años de edad, llevaba 9 años de empleo y 13 de servicio. Este último dato nos permite deducir que comenzó su vida castrense a los 17 años de edad.

Destinos

La junta calificadora de aspirantes a destinos civiles publicó el 3 de marzo de 1890, en la Gaceta de Madrid -el Boletín Oficial de entonces-, la relación nominal “de los sargentos en activo y licenciados de todas clases que han sido significados en el mes de la fecha para los destinos que se expresan , por haber resultado con más años de servicios y mejores condiciones que los demás aspirantes que los solicitaban.” En esa lista aparece Pedro Santiago, al que se adscribe al Ministerio de la Guerra, dentro del Cuerpo Auxiliar de Oficinas Militares como “Escribiente Tercero” y grado de “Sargento Segundo”.

El oficio de escribiente era algo parecido al de un administrativo actual; la RAE lo describe como “persona que tiene por oficio copiar o poner en limpio escritos ajenos o escribir lo que se le dicta.”

El 23 de marzo el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra (en adelante DOMG), publicaba la aprobación de la propuesta para cubrir tres vacantes de escribientes de tercera clase que existían en la plantilla del Cuerpo Auxiliar de Oficinas Militares, en la que se destinaba a Pedro Santiago Amador al “Depósito de bandera para Ultramar de esta corte”. El puesto era poco apetecible, ya que significaba que sería enviado a una de las posesiones españolas fuera de la península.

Debió de moverse con diligencia y tocar las teclas adecuadas, ya que seis días después el DOMG, publicaba la disposición en la que se le asignaba nuevo destino, “pasando del Depósito de Embarque para Ultramar en esta corte, a la Capitanía General de Castilla la Nueva.”

Pedro quería por todos los medios un destino en Vitoria, lo que consiguió en septiembre de 1890 cuando se le asignó un puesto en la Capitanía general de las Provincias Vascongadas, cuya sede se encontraba en Vitoria. Tuvo otros puestos en nuestra ciudad: Gobierno Militar de Vitoria (septiembre de 1893), Subinspección del sexto Cuerpo del ejército (julio de 1895), Cuartel General del sexto cuerpo (abril de 1896).

Pedro Santiago / Archivo de Juan Ignacio Arce

Destinado a Filipinas

En 1896, la población tagala de Filipinas inició un levantamiento contra la ocupación española que fue respondida mediante la intervención militar contra los rebeldes liderados por Emilio Aguinaldo. Vencida la revuelta independentista en 1897, Aguinaldo dejó las armas y fue deportado a Hong Kong. En 1898 España perdería el archipiélago filipino en una nueva guerra con Estados Unidos.

Las cifras oficiales facilitadas entonces señalaban que, desde primeros de septiembre a fin de diciembre de 1896, fue enviado a Filipinas un contingente de refuerzo de 24.540 soldados y oficiales para sofocar el levantamiento local.

La distancia que debían recorrer los barcos hasta Manila era de aproximadamente 25.000 kilómetros, singladura que se realizaba entonces en aproximadamente un mes, variando el tiempo según las escalas que se realizaran y el estado de la mar. En 1869 se había inaugurado el Canal de Suez y el trayecto se había aminorado considerablemente.

El 20 de septiembre de 1896, el DOMG publicó una lista de los militares destinados a los batallones de Cazadores expedicionarios números 2 y 3, cuya misión era intervenir en la guerra en Filipinas. En esa relación aparece Pedro Santiago que ya ostentaba entonces el grado de teniente segundo.

La disposición señalaba que el puesto nuevo que se le asignaba tenía efecto desde el 1 de octubre de aquel año. Es muy posible ,por tanto, que poco tiempo después embarcara con el resto de expedicionarios en Barcelona, ciudad desde la que normalmente se hacía el traslado de tropas a Filipinas.

En el archipiélago, Pedro ya no se dedicó a tareas burocráticas, interviniendo en choques y escaramuzas con los guerrilleros nativos.

Los días 22, 23 y 24 de marzo de 1897 tomó parte en los combates sostenidos contra los insurrectos en la marcha de “Zapote” a “Anabo” y la toma de la ciudad de Imus, controlada por los independentistas.

El puente de Zapote / Biblioteca Virtual de Defensa

Meses después, el 22 de septiembre de 1897, el DOMG publicó una relación de los militares recompensados por el “comportamiento que observaron en en el combate sostenido contra los insurrectos” en aquella refriega, en la que figura el ascenso de Pedro Santiago de segundo teniente a primer teniente.

Pedro había dejado en Vitoria a sus cuatro hijos y a su esposa Andresa. Ésta acudió al estudio del fotógrafo vitoriano Eduardo Moreno, cuya tienda se encontraba en la calle Postas número 8, con fachada a la Plaza Vieja (hoy Virgen Blanca). Allí obtuvo una fotografía junto a sus hijos, aquí reproducida, que envió a su esposo el 21 de marzo de 1897, un día antes del inicio de las hostilidades que hemos mencionado.

Familia de Pedro Santiago / Archivo de Juan Ignacio Arce

Al dorso de la misma, Andresa escribió una dedicatoria y anotó su edad y la de los hijos: “Dedico este recuerdo a mi querido esposo, para el día de su santo. Pablo a la edad de 9 años, Domiciliano a la de 7 años, Primitiva a la de 3 años, Ramón a la de 1 año. A la edad de 36 años, Andresa García de la Yedra.”

Podemos ver en la imagen que uno de los retoños, Domiciliano, sostiene en sus manos una foto en la que aparece su padre, percibiéndose un gesto de tristeza en el rostro de Andresa.

Tras recibir el retrato Pedro anotó, también al dorso de la foto, la fecha de recepción de la misiva: “La recibí el día 13 de mayo de 1897 en Manila.” Las fechas indicadas nos sirven para saber, que la carta había tardado en llegar 53 días.

La toma de Indang

La ciudad de Indang era una capital de cierta importancia de las islas Filipinas. Situada al sur de Manila, tenía entonces 1500 habitantes y era cabeza de partido a 38 kilómetros de la capital de la provincia de Cavite, a la que pertenecía. En ese territorio se producía café, cacao, palay, maíz, abaca y manga en abundancia.

La población estaba controlada por los filipinos y los días 3 y 4 de mayo de 1897 se llevaron a cabo las operaciones militares que concluyeron con la conquista de la ciudad.

Pedro estuvo presente en aquella confrontación, y aparece mencionado en la crónica publicada por el Heraldo de Navarra, enviada por su corresponsal Cano Mora: “Los rebeldes se hallaban fuertemente atrincherados a la orilla del rio, favoreciéndoles también el acantilado que hacía imposibles el avance de las tropas por el lado izquierdo de las posiciones.

El general Primo de Rivera que dirigía personalmente la operación ordenó al general Castilla un movimiento envolvente que dio brillantes resultados, siendo desalojados los rebeldes de sus posiciones. Todas las fuerzas rivalizaron con valor y arrojo temerarios, distinguiendose en mucho, además del general Castilla, el teniente coronel de infantería señor Jiménez, capitán de estado mayor señor Quintero, teniente coronel de caballería señor Milans del Boch y teniente de infantería señor Cendera.

Las fuerzas que mandaba el general Ruiz Sarralde no pudieron llegar a tiempo, al sitio designado, pero sostuvieron fuerte tiroteo con un grupo de insurrectos que se habían hecho fuertes en un convento situado a las afueras del pueblo.

Nuestras bajas han sido cuatro muertos y cincuenta y tres heridos, no pudiéndose precisar todavía las del enemigo.

Al entrar en Indang, el general en jefe fue aclamado con entusiasmo, como lo fue también en los momentos de la acción, en la que permaneció siempre en la vanguardia.

Dentro ya del poblado un grupo de siete insurrectos trató de hacer resistencia, pero fueron muertos por nuestras tropas. Allí mismo se encontró herido de gravedad en una pierna el teniente del batallón número 3, señor Santiago a quien se había dado por muerto, y que fue recogido y asistido convenientemente.

Un grupo de chinos, indígenas, niños y mujeres solicitó el perdón del general Primo de Rivera a las puertas del pueblo, afirmando que no habían querido seguir a los rebeldes, obteniendo el perdón del general inmediatamente”.

Tropas en Filipinas / Biblioteca Virtual de Defensa

Por su parte, el general Primo de Rivera envió un telegrama al Ministro de la Guerra, en la que relataba su versión sobre lo acontecido en el campo de batalla esos dos días, siendo aquí también nombrado Pedro Santiago.

Extraemos lo mas interesante de aquel cablegrama: “El camino seguido por las fuerzas, conocido con el nombre de Doce Apóstoles, es una serie de barrancos cortados a pico, con inmensos precipicios y pasos estrechos, cortados los puentes.

Construidos otros y salvado todo con grandes fatigas, más que rudos combates ha habido grandes penalidades.

Nuestras bajas 11 muertos y 14 heridos de tropa; segundo teniente D. Pedro Santiago, del 3, herido; mi ayudante de campo Espinosa contuso de bala.

Las del enemigo 36 muertos vistos en trincheras, que no han podido retirar.

Se dirige en su fuga hacia Alfonso y le perseguiré.

Vencida la resistencia del enemigo por el valor y buena dirección de las fuerzas de vanguardia y la inteligencia y trabajos penosos de artillería e ingenieros”.

En la crónica del periodista del Heraldo de Navarra, como se ha dicho, se hace mención a que Pedro resultó herido en una pierna. Sin embargo la herida mas importante que sufrió en aquella guerra fue un balazo que le impactó el pecho, quedando alojado el proyectil en uno de sus pulmones. No sabemos si esto ocurrió en la toma de la ciudad citada o lo fue en otra acción posterior.

Lo que si sabemos con certeza, porque así nos lo ha contado su biznieto Juan Ignacio Arce Santiago, es que la bala no se le pudo extraer en las instalaciones hospitalarias de Filipinas, teniendo que ser trasladado hasta Vitoria tras mas de un mes de viaje por mar y tierra. Aquí con mas medios y especialistas médicos, le fue extraído el proyectil, el cual conserva su biznieto como recuerdo.

La bala tiene un diámetro de 10 milímetros, una longitud de 2,50 cm. y pesa 25 gramos.

La bala que se alojó en el pulmón / Juan Ignacio arce

Solicitud denegada y fallecimiento

En marzo de 1898, Pedro solicitó que la cruz de primera clase de María Cristina, que por real orden de 5 de octubre de 1897 (DOMG. núm. 224), le fue concedida por su comportamiento en los combates sostenidos contra los insurrectos en el barranco de Limbong y asalto y toma de Indang, ocurridos los días 3 y 4 de mayó de dicho año, le fuera permutada por su ascenso al grado de capitán.

Provincia de Cavite en Filipinas / Biblioteca Virtual de Defensa

Se contestó a su petición que: “el Rey (que Dios guarde), y en su nombre la Reina Regente del Reino, se ha servido desestimar la petición del recurrente, por estar suficientemente recompensado.”

Pedro Santiago, a consecuencia de las secuelas padecidas por la herida de bala, falleció en Vitoria a las once de la noche del día 26 de junio de 1898, a la edad de 39 años. La conducción del cadáver se efectuó desde su domicilio en la calle Correría 139-1º, hasta el cementerio de Santa Isabel, celebrándose los funerales el día 31 en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

Su viuda Andresa García de la Yedra recibió en diciembre de 1898 una ayuda de 2.000 pesetas entregada por la Sociedad de Socorros Mutuos, y en marzo de 1900 se le concedió una pensión anual de 821,25 pesetas, con efectos retroactivos desde la fecha de fallecimiento de su esposo.

En abril de 1959, tras el fallecimiento de Andresa, su hija Primitiva Santiago García de la Yedra, recibió una asignación anual de 1500 pesetas, como pensión en calidad de huérfana. Primitiva fue muy conocida en Vitoria, ya que trabajó en el salón del mueble de Bonilla de la calle San Prudencio que estaba emplazado en el edificio del Teatro Guridi.

Uno de los hijos de Pedro y Andresa, Domiciliano, ingresaría en el ejercito siendo destinado a la guerra del Rif, escribiendo un diario en el que se relatan los acontecimientos por el presenciados en aquella contienda. Esto se lo contaremos con detalle en un próximo artículo.

La Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa posee una interesante colección de fotografías, enmarcadas en la época de la guerra de Filipinas, en las que aparecen destacamentos de tropas, desfiles, personajes indígenas, etc. En un vídeo mostramos una selección de las mismas.

'Ricopelo'

Nos ha parecido interesante, incluir algunos retazos de la vida del suegro de Pedro Santiago, que fue un singular personaje y un avispado en los negocios.

Jorge Domingo García de la Yedra Fernández de Estarrona, natural de Vitoria, fue bautizado en la parroquia de San Miguel el 23 de abril de 1827, y María Cruz Ortiz de Mártioda Ruiz de Olano, lo fue en la parroquia de la aldea de Zuazo de Vitoria, el 15 de septiembre de 1827. Ambos contrajeron matrimonio el 1 de marzo de 1852, en la iglesia de San Miguel, y fueron los padres de Andresa, la esposa de Pedro Santiago.

Jorge tuvo un empleo en la Audiencia de Vitoria, siendo muy conocido y popular por su intervención en ventas de terrenos y edificios, cuyos propietarios delegaban en él para llevar a buen puerto las transacciones. Era lo que hoy llamamos una agente inmobiliario.

Utilizaba el diario local El Anunciador Vitoriano para poner los anuncios, como lo hacen hoy las agencias. Dado que el coste de los reclamos se facturaba por el número de líneas insertadas, conseguía disminuir una pequeña parte del coste, no incluyendo en muchas ocasiones, ni su nombre y apellido ni tampoco su dirección. Ponía como referencia simplemente “Ricopelo”, ya que era conocido con ese apodo y todo el mundo sabía donde localizarlo.

Por no alargarnos en exceso, transcribimos tres de aquellos reclamos: “En Miranda de Ebro se halla de venta una casa con solar, señalada con el número 76 en la carretera de la Estación a Miranda, produce 2.400 reales. Para mas pormenores dirigirse al encargado Ricopelo. (1878); Venta de dos casas, una en Orenin y otra en Ullíbarri Gamboa (Álava) con sus heredades que producen a 22 fanegas de trigo cada una. Para informes a Jorge García de la Yedra (a) Ricopelo. (1883); Venta. A voluntad de su dueño se venden 27 heredades y casa con sus pertenecidos en el pueblo de Aranguiz. El título y condiciones lo tiene su dueño D. Pedro Ullíbarri, calle de Francia número 8. El Comisionado en este asunto RICOPELO. (1883)-

En noviembre de 1879 Jorge intervino en un asunto de importancia. Se celebró en Miranda de Ebro la venta en pública subasta de un terreno con un manantial en el termino de Rinconada, conocido con el nombre de Fuente Caliente. Asistieron al remate, que estuvo muy reñido, Cayo Albeniz, el Sr. Santera y Jorge García de la Yedra, que representaba a una compañía, siéndole adjudicada la subasta a la entidad representada por Ricopelo, en la cantidad de 99.020 pesetas. Decía el Anunciador Vitoriano que “un precio tan excesivo hace creer sea efectivamente cierto que las propiedades de dichas aguas sean iguales o superiores a las de Vichy.”

El mismo diario daba cuenta de algunos detalles de la operación: “La gran compañía inglesa 0 ‘Conell, Bishop et C°, de Birminghan, que ha adquirido, por medio del acreditado agente de negocios en esta ciudad, D. Jorge García de la Yedra (a) Ricopelo, las aguas minero medicinales de Miranda de Ebro, trata de activar el expediente de compra de dichas aguas, pagando al contado el importe de la subasta, o sea 99.260 pesetas, a cuyo efecto, dicho señor debe en breve trasladarse a Madrid”.

Jorge también incluía en sus negocios la venta de utensilios y otros productos: “Máquinas de coser. Se venden dos, en comisión, sistema Howe y Singer. Dirigirse a Ricopelo; Cencerros para ganado mayor y menor. Se venden a precios equitativos. Dirigirse a Ricopelo; ¡A los hortelanos!. Simiente superior de berza de repollo de Navarra. La vende en comisión RICOPELO.”

Jorge falleció el 8 de agosto de 1890, y el diario local La Concordia publicó un pequeño comentario al respecto que decía: “Esta mañana ha fallecido el empleado de la Audiencia D. Jorge García de la Yedra (a) Ricopelo, tan conocido en esta ciudad. Acompañamos a su familia en el sentimiento.”

Esquela de Jorge García de la Yedra / El Anunciador Vitoriano

Víctima de una pulmonía, falleció en Bilbao el día 13 de marzo de 1892, su viuda María Cruz Ortiz de Mártioda Ruiz de Olano.

FOTOGRAFIAS Y DATOS FAMILIA: Juan Ignacio Arce Santiago

PUBLICACIONES CONSULTADAS : Gaceta de Madrid, Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, Heraldo de Navarra, La Libertad, El Anunciador Vitoriano, El Alavés, La Concordia, La Correspondencia Militar , El Año Político y Registros Sacramentales del Obispado de Vitoria.

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