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Antonio Fillol, el genio tapado

El pintor, documentalista de su tiempo, fue eclipsado por los autores más famosos de la escena pictórica valenciana de finales del siglo XIX

La València olvidada. Antonio Fillol

La València olvidada. Antonio Fillol

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Valencia

Esta semana, "La València olvidada" se desplaza hasta la casa de Antonio Fillol, un pintor nacido en la València de 1870, que se formó con Ignacio Pinazo en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Visito a menudo el Museu de Belles Arts de València y me suele llamar la atención la enorme calidad artística de su obra, que se combina con dos ingredientes clave: la temática de sus cuadros (realismo social y cultura popular valenciana) y el desconocimiento que todavía existe en numerosos ámbitos de su gran aportación. Se trata de una fuente excelente para acercarnos a la historia valenciana desde abajo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Antonio Fillol Granell fue un documentalista de su tiempo, uno de los grandes del realismo social. Plasmó la subordinación femenina y la violencia patriarcal, la resistencia del mundo rural, la miseria de las clases trabajadoras, la represión que sufrió el movimiento obrero. Legó una obra especial porque retrató la cultura popular valenciana pero sin caer en la idealización: es difícil encontrar en sus primeros cuadros una pintura costumbrista que muestra paisajes marítimos, campos de naranjos, vestimentas tradicionales o barracas bajo la luz mediterránea.

Fillol pintó lo que veía desde el naturalismo radical: la miseria, la dignidad y la resistencia del pueblo. El artista puso la técnica pictórica al servicio de la idea que quería transmitir, ya que él mismo señalaba: “Yo entiendo que es preferible, en arte, un chispazo de vida, a una tela bien pintada”.

Se trata de un pintor catalogado como realista social. Os pongo un ejemplo. Su obra “El sátiro” retrata a un campesino que acompaña a su nieta a las Torres de Serranos para identificar al hombre que la violó. Fillol presentó el cuadro en la Exposición Nacional, pero se rechazó por ofender a “la decencia y el decoro”, ya que tratar el problema social de las violaciones se consideró inmoral. El lienzo solo se expuso una vez y estuvo desaparecido durante más de un siglo.

Se ha definido a Fillol como “el genio tapado” y es cierto, pues fue un artista comprometido que denunció, a través de su arte, la situación de las clases populares valencianas. Y probablemente por ello no ha recibido el reconocimiento que merece su obra.

En general, la historia política valenciana es poco conocida, especialmente aquella relacionada con las ideas emancipadoras y de movimientos populares. De hecho, Antonio Fillol retrató a su amigo Blasco Ibáñez, quien encabezaba el republicanismo valenciano de la época. Probablemente nuestro pintor se movió en los círculos republicanos y librepensadores de la València blasquista. Por toda esta implicación política, el naturalismo radical de Fillol ha resultado más incómodo, y por lo tanto, desconocido y desprestigiado si lo ponemos en relación con otros artistas de gran renombre como Pinazo y, sobre todo, Sorolla.

La primera exposición antológica de Fillol no llegó hasta el año 2015. Y actualmente, la sala del Museu de Belles Arts de València en la que se exponen sus obras recibe el título de “El entorno de Sorolla: sus amigos, colegas y su tiempo”. Es evidente que nos encontramos frente a un artista eclipsado por los autores más famosos de la escena pictórica valenciana de finales del siglo XIX. Pero Fillol fue un pintor que no se limitaba a transmitir belleza, sino que proponía un arte crítico y crudo que ennoblecía y dignificaba a las clases populares valencianas.

Me llama especialmente la atención un cuadro titulado "Después de la refriega". Es un lienzo de gran tamaño que expresa la tragedia de la muerte de un obrero por la represión de la protesta social. Lo que más me impacta, o yo interpreto, es que la verdadera protagonista de esta obra es la soledad. La ausencia, que ocupa todo el cuadro, en un cruce tan concurrido como el de la calle Russafa con la calle Colón.

*Texto de Carme Bernat, Doctoranda en el Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat de València. Bernat pertenece al Institut d'Estudis de la Dona de la Univeristat.

 
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